Domingo, 20 de marzo de 2005
Educaci?n sexual
Juan Jos? Mill?s



Entre las noticias que a modo de virutas incendiarias contin?an alimentando las especulaciones flam?geras sobre el edificio Windsor, he le?do que un vigilante de seguridad tuvo que bajar y volver a subir m?s de 20 pisos para recoger una llave antes de intentar apagar el fuego. La llave. A saber d?nde estar?a, seguramente en el caj?n de un jefe de negociado. Trabaj? durante a?os en una oficina cuyos aseos ten?an una zona para empleados de a pie y otra para jefes. El acceso a la de los jefes estaba clausurado por una puerta de la que s?lo ellos ten?an la llave. Cuando el director quer?a evacuar, abr?a el caj?n, tomaba la llave y avanzaba por el pasillo con ese signo de poder en la mano. No parec?a que llevara una llave, sino un cetro, un b?culo, una adarga, un bast?n de mando, una pistola. La llave, la llave. Cuando era peque?o, fui a un colegio de curas en el que hab?a un hermano lego cuya ?nica funci?n en la vida consist?a en arrastrar un aro de hierro en el que estaban engarzadas las llaves de todas las dependencias del edificio. Era uno de los hombres con m?s influencia en aquella congregaci?n, pues lo mismo pod?a franquearte el paso a la despensa que al sagrario.

Nunca, de peque?o, me interesaron las llaves, sino su vaciado, es decir, el ojo de la cerradura. Por el ojo de las cerraduras vimos cosas que no te creer?as. Lo curioso es que no era absolutamente necesario que hubiera alguien al otro lado de la puerta. T? asomabas el ojo y el cerebro se pon?a a proyectar im?genes de mujeres que se vest?an o se desnudaban (a m? me gustaba m?s verlas vestirse) con la indolencia del que hace una rutina solitaria. El ojo de la cerradura fue nuestro porn?grafo generacional. Estamos hablando de una ?poca en la que las llaves med?an un palmo y ten?an el grosor de un manojo de nervios ?pticos. Entonces era muy frecuente una enfermedad llamada orzuelo, que consist?a en una inflamaci?n del p?rpado del ojo pecador. Lo curioso es que, seg?n la leyenda, el orzuelo se curaba con un masaje de la misma llave por cuyo agujero te hab?as asomado para darte un gusto ven?reo.

Los hombres de mi generaci?n se pueden clasificar en dos grandes grupos: los que prefer?an la llave al agujero, y los que prefer?amos el agujero a la llave. No voy a decir que los del segundo grupo fu?ramos mejores que los del primero, pero s? menos agresivos. No quer?amos el poder, quer?amos el goce. Prefer?amos el gusto al mando. En aquel universo de machos, si te comportabas, tarde o temprano te daban una llave, para que practicaras. A veces, esa llave no abr?a ninguna puerta, del mismo modo que los trenes de juguete no transportaban ning?n pasajero, pero con el tiempo, si persist?as, pod?as llegar a tener la del aseo de jefes o la de la sala de espera de la estaci?n.

El mundo actual es el resultado de aquella divisi?n. F?jense en Condoleezza Rice. ?Verdad que tiene todo el aspecto del ama de llaves de una pel?cula de terror? Tambi?n el cine de la ?poca nos ense?? lo importante que era la posesi?n de la llave. No hab?a personaje m?s odioso, pero tampoco con m?s poder, que el ama de llaves. Mandaba m?s que el due?o del castillo, m?s que el mayordomo, m?s que toda la servidumbre junta. ?Por qu?? Porque ten?a acceso a todas las habitaciones, incluso a las prohibidas. Por eso mismo era tambi?n un personaje malvado, porque no se puede tener tanto poder impunemente. Bush es como es, adem?s de porque ha le?do poco, porque tiene la llave de la paz mundial. Y donde no alcanza con la llave, alcanza con el juego de ganz?as que Condoleezza lleva atado a la cintura, en plan madama. Por algo el mundo se parece a un burdel.

Las llaves de ahora no son como las de mi ?poca. Los jefecillos de negociado se han encargado de que las hicieran m?s peque?as, menos pesadas, aun a costa de sacrificar el ojo de la cerradura. ?Qu? educaci?n sexual podemos dar a unos ni?os que no tienen adonde asomarse para ver c?mo se quitan o se ponen las bragas las mujeres producidas por su propia imaginaci?n? Ninguna. Por eso las perversiones est?n al cabo de la calle. Cada d?a es m?s dif?cil encontrar gente con pr?cticas ven?reas saludables. Los psic?patas florecen por doquier. Al desaparecer el ojo de la cerradura, todo el mundo quiere la llave, que nunca simboliz? un grado de poder tan grande como el que representa ahora. Por eso el vigilante del Windsor tuvo que subir y bajar 20 pisos. El que quiera peces que se moje el culo, dir? el jefe de negociado que la guardaba en su caj?n. La llave. Observen la iconograf?a cristiana y vean la importancia de san Pedro. ?De d?nde le viene? De que era el due?o de las llaves del cielo, quiz? de su aseo. Como lo oyen.

Publicado por carmenlobo @ 19:20
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