Lunes, 21 de febrero de 2005
CARTA A UN IMB?CIL
Arturo P?rez-Reverte

Querido imb?cil: No llegar?s a comerte las pr?ximas uvas, porque de aqu? a un a?o estar?s muerto. Y cuando digo muerto quiero decir muerto de verdad, criando malvas para los restos. No palmar?s, te lo comunico, de forma heroica, ni ?til, ni siquiera natural. Habr?s fallecido est?pidamente, a ciento ochenta y en un cambio rasante, o una curva, susto cuando pongas para ti mismo cara de duro de pel?cula y metas gas, intr?pido, jaleado por m?sica imaginaria o real, crey?ndote el rey del mambo. Lo peor del asunto, disc?lpame, no ser? tu pellejo; que al fin y al cabo - salvo para ti mismo y alg?n familiar- no valdr? gran cosa al precio a que lo vas a vender. Lo malo es que te llevar?s por delante, quiz?s, a gente que ning?n inter?s tiene en acompa?arte en el viaje: amigos incautos, la familia que vaya de vacaciones en el coche opuesto, el peat?n, el camionero que trabaja para ganarse la vida.

Ser?a m?s pr?ctico y m?s limpio, ya puestos a eso, que acelerases hasta doscientos y te estamparas en bajorrelieve contra una pared, que es un gesto m?s ?ntimo y considerado. Pero s? que no lo har?s as?, por que en lo tuyo no hay voluntad de hacerte pupita. Cuando llegue ser? de forma imprevista, y a?n tendr?s tiempo de poner ojos de esto no me puede ocurrir a mi antes de romperte los cuernos y quedarte, como dicen los cl?sicos, mirando a Triana para los restos.


Llevo varios a?os vi?ndote pasar a mi lado por carreteras y autov?as, abonado el carril izquierdo, d?ndome las luces para que te deje, en el acto, franco el paso. A
veces te pegas a un palmo del parachoques trasero, confiando siempre, ante mi posible frenada, en la s?lida mec?nica de tu coche y en tus proverbiales reflejos y sangre fr?a. En la intrepidez de tu golpe de vista y en el valor helado, sereno, que tanta admiraci?n despierta a tu alrededor y, en especial, en ti mismo. Guapo.
Machote. Que eres un virtuoso.


Mira, voy a confiarte un secreto. Somos tan fr?giles que te temblar?an las manos si lo supieras. Todo cuanto tenemos, que parece tan s?lido y tan valioso y tan definitivo, se va al carajo en un soplo, en un segundo, al menor descuido nuestro y al menor gui?o del azar, la vida, la condici?n humana. Basta un insecto, un virus, un trocito de metal en forma de metralla o bala, una gota de agua o de aceite sobre el asfalto, un estornudo, una cualquiera de esas bromas pesadas con las que el Universo se complace en pasar el rato, y t? y todo lo que tienes, y todo lo que representas, y todo lo que amas, y todo lo que fuiste, lo que eres y lo que podr?as haber sido, se va al diablo y desaparece para siempre sin que vuelva nunca jam?s. As? nos iremos todos, claro. Pero unos se ir?n antes que otros. Y a ti, querido, te toca en 2005 la papeleta. Claro que a lo mejor me mato yo antes. O a lo mejor me matas t?. Pero yo s? que eso puede ocurrirme cualquier d?a en cualquier sitio, porque mi condici?n es mortal. Mientras que a ti ni siquiera se te ha pasado por la cabeza.


Lamento no poder comunicarte las circunstancias exactas en que efectuar?s
-afortunadamente-tu ?ltimo adelantamiento. Ignoro si tu nombre quedar?
sepultado en las estad?sticas de operaciones retorno, puentes o fines de
semana, o si merecer?s tratamiento individual, tal vez con foto de hierros y retorcidos pies asomando bajo una manta -siempre se pierde un zapato, recuerda, no uses calcetines blancos- en las p?ginas de un diario o, incluso, con suerte, en un informativo de la tele. Pero las circunstancias de tu ?bito me traen al fresco. Como ya sabes que no suelo cortarme en esta p?gina, dir? que ni siquiera me importas t?.
Hay quien afirma que toda la vida humana es sagrada, y puede que sea cierto. Pero no resulta menos cierto que ya he visto desaparecer unas cuantas vidas, y que algunas me parecen menos sagradas que otras.

En cuanto a la tuya, y me refiero a tu vida personal e intransferible -salvo que creas en la reencarnaci?n-, all? cada cual si quiere pagar tan caro el dudoso placer de cabalgar a caballos de hojalata que devoran a su jinete. Y no vengas con eso del amor al riesgo y el vivir peligrosamente. Conozco a mucha gente que sabe perfectamente, de grado o por fuerza, lo que es riesgo y la vida peligrosa. Gente que s? merecen que derramen l?grimas por ella cuando le pican el billete, en lugar de lamentar la desaparici?n de fulanos como t?; de tipos incapaces de valorar la vida que poseen y que por eso la malgastan. Qu? sabes t? del riesgo, capullo. Y de la muerte. Y de la vida. Que tengas buen viaje.





Publicado por carmenlobo @ 23:54  | P?rez-Reverte, Arturo
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