Lunes, 28 de mayo de 2012

¿No tenían otra cosa qué decirse? Sus ojos, sin embargo, es­taban llenos de una conversación más seria; y, mientras se es­forzaban en encontrar frases banales, se sentían invadidos por una misma languidez; era como un murmullo del alma, pro­fundo, continuo, que dominaba el de las voces. Sorprendidos por aquella dulzura nueva, no pensaban en contarse esa sensa­ción o en descubrir su causa. Las dichas futuras, como las playas de los trópicos, proyectan sobre la inmensidad que les precede sus suavidades natales, una brisa perfumada, y uno se adormece en aquella embriaguez sin ni siquiera preocuparse del horizonte que no se vislumbra. En algunos sitios la tierra estaba hundida por el paso de los animales; tuvieron que cami­nar sobre grandes piedras verdes, espaciadas en el barro. Fre­cuentemente ella se paraba un minuto para mirar dónde poner su botina, y, tambaleándose sobre la piedra que temblaba, con los codos en el aire, el busto inclinado, la mirada indecisa, en­tonces reía, por miedo a caer en los charcos de agua.

«Non avevano nient'altro da dirsi? I loro occhi, però, traboccavano di parole più gravi. Mentre si sforzavano di trovare frasi banali, si sentivano riempire tutti e due da uno stesso languore. Era come un mormorio dell'anima, profondo, continuo, che l'aveva vinta sulla voce. Stupiti da questo nuovo, soave sentimento, non pensavano neppure a spiegarne il senso, a scoprirne la causa. Le felicità future, come le rive dei tropici, proiettavano, sulla immensità che le precede, il loro molle sentore come una brezza profumata: si scivola in quell'estasi e non importa se l'orizzonte non si vede».

Gustave Flaubert, Madame Bovary


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Publicado por carmenlobo @ 20:28  | Literatura
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