Domingo, 27 de noviembre de 2011

Acto 1. Escena 1.

(En las calles de Verona). Sampson y Gregory son dos sirvientes de la familia de los Capuleto que se encuentran en una calle de Verona con sus homónimos, Abraham y Baltazar, de la casa de los Montesco. Después de insultarse, sacan las espadas y pelean hasta que aparece Benvolio, amigo de Romeo y de los Montesco, quien trata de parar la pelea pero, el joven pendenciero como es Tybalt, el primo de Julieta y representante de la familia de los Capuleto, entra en acción para provocar una mayor pelea y duelo entre ellos. Algunos de los ciudadanos tratan de separarlos hasta que, finalmente llegan los patrones Capuleto y Montesco.

Alarmado por este desaguisado, llega el Príncipe que, con su autoridad, le pone fin a la pelea, antes de regañar a las dos familias, declarando que si vuelve a ver una pelea más, los culpables serán castigados con la pena de muerte.

 

El Príncipe y los Capuleto se van y sólo quedan los padres de Romeo Montesco que están felices por que su hijo no estuvo en esa pelea, están también preocupados, de lo que le pasa a Romeo, que lo ven triste o melancólico que «se encierra en su cuarto, atraca las ventanas, cierra la puerta al día, y en torno suyo hace una noche artificial. Este humor —dicen los padres de Romeo— ha de tener consecuencias fatales si con buenas palabras no se extirpa la causa.» (1.1. 135-139)

No terminan de decir cuando ven que aparece a la distancia su hijo Romeo. Los padres se alejan para dejarlo solo con Benvolio para que investigue qué le pasa y les diga qué es lo que lo aflige.

 

Por lo que le dice Romeo, Benvolio se da cuenta que está, como buen idealista petrarquiano, enamorado de Rosalinda, una niña que jura ser virgen y casta y que por defender su inocencia, ignora a Romeo. Benvolio le aconseja que mejor se olvide de ella, pues en Verona hay otras mujeres bellas. Pero Romeo insiste que la belleza de esa joven eclipsa al resto de las mujeres de Verona y como es todo lo que habla en esta etapa de su vida, lo dice como un Soneto, en catorce líneas, divididas en tres partes de cuatro versos cada una y un pareado o volta al final:
 


ROMEO.
¡Ay de mí! ¿Por qué el amor si es ciego
puede encontrar a oscuras la senda de su antojo?
¿Dónde comeremos ahora? ¿Qué era esa algarabía?
Pero no, no hables que todo lo escuché.
 Mucho tuvo que ver el odio; pero más el amor.
Así pues, ¡oh, amor de discordia! ¡Oh, tú, odio enamorado!
¡Oh, esencia nacida de la nada!
¡Oh, gravedad liviana! ¡Oh, grave vanidad!

¡Oh, informe caos de bella apariencia!
¡Oh, carga ligera, humo brillante, gélido
fuego, robusta enfermedad, sueño
de ojos abiertos cuya esencia ignoro!

Este es el amor que siento sin amor.
¡Cómo! ¿No te hace reír? (1.1. 168-181)

El amor es niebla de suspiros hecho humo.
Cuando avivado, chispas en los ojos del amante;
si se extingue, océano de llanto enamorado. (1.1. 188-190)

BENVOLIO.— Si es la bella Diana, antes llegará el tiro.
ROMEO.— Mal resultó ese tiro, pues nadie podrá herirla
con las flechas de Amor: tomó el ingenio de Diana,
y, protegida por la coraza es un fuerte de la castidad,
vive a salvo del pueril y débil dardo del amor. (1.1. 204-208)

La pose petrarquista de Romeo está presente. Es el idealismo del amor el que se encuentra presente en este diálogo y dentro de la sucesión de pareados, mientras le cuenta a Benvolio, como si fuese un lunático o un romántico, como se les dice ahora, como esos que en la juventud están totalmente enamorados del amor.

Septiembre 3, 2007 Página elaborada por: rodrigo

http://cazadeshakespeare.unam.mx/?page_id=30


Tags: Romeo y Julieta, W. Shakespeare, Acto 1. Escena 1.

Publicado por carmenlobo @ 23:38  | Literatura
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