Martes, 18 de octubre de 2011

A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena
que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando
evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote
a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de
dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza
macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta
no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta
tormenta, en definitiva, eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo
único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte
con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir
atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni
dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí sólo hay una arena
blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo.
Imagínate una tormenta como ésta.


Me imagino una tormenta como ésa. Un blanco remolino que apunta
al cielo, irguiéndose vertical como una gruesa maroma. Mantengo los ojos
y las orejas fuertemente tapados con ambas manos. Para que la fina
arena no se me meta en el cuerpo. La tormenta se acerca deprisa. Desde
lejos puedo sentir la fuerza del viento en la piel. Va a engullirme de un
momento a otro.


El chico llamado Cuervo posa con suavidad una mano sobre mi
hombro. La tormenta de arena se desvanece. Pero yo continúo aún con
los ojos cerrados.


—Tú, ahora, tendrás que ser el chico de quince años más fuerte del
mundo. Sólo así lograrás sobrevivir. Y, para ello, deberás comprender por
ti mismo lo que significa ser fuerte de verdad. ¿Entiendes?
Me limito a permanecer callado. Me gustaría hundirme poco a poco
en el sueño sintiendo su mano sobre mi hombro. Un tenue aleteo llega a
mis oídos.


—Tú, ahora, pronto te convertirás en el chico de quince años más
fuerte del mundo —me repite al oído en voz baja el joven llamado Cuervo
mientras me dispongo a dormir. Como si tatuara con tinta azul oscuro
estas palabras en mi corazón.

Y tú en verdad la atravesarás, claro está. La violenta tormenta de
arena. La tormenta de arena metafísica y simbólica. Pero por más
metafísica y simbólica que sea, te rasgará cruelmente la carne como si de
mil cuchillas se tratase. Muchas personas han derramado allí su sangre y
tú, asimismo, derramarás allí la tuya. Sangre caliente y roja. Y esa sangre
se verterá en tus manos. Tu sangre y, también, la sangre de los demás.
Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás
cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de
que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara.
Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona
que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena.

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Tags: Haruki Murakami, Kafka en la orilla, A veces el destino

Publicado por carmenlobo @ 22:31  | Literatura
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