Martes, 16 de agosto de 2011

La doble trampa mortal

Roberto Arlt

( Texto completo)

?

He aqu? el asunto, teniente Ferrain: usted tendr? que matar a una mujer bonita.

El rostro del otro permaneci? impasible. Sus ojos deste?idos, a trav?s de las vidrieras, miraban el tr?fico que sub?a por el bulevar Grenelle hacia el bulevar Garibaldi. Eran las cinco de la tarde, y ya las luces comenzaban a encenderse en los escaparates. El jefe del Servicio de Contraespionaje observ? el ceniciento perfil de Ferrain, y prosigui?:?


-Consu?lese, teniente. Usted no tendr? que matar a la se?orita Estela con sus propias manos. Ser? ella quien se matar?. Usted ser? el testigo, nada m?s.?


Ferrain comenz? a cargar su pipa y fij? la mirada en el se?or Demetriades. Se preguntaba c?mo aquel hombre hab?a llegado hasta tal cargo. El jefe del servicio, cr?neo amarillo a lo bola de manteca, nariz en caballete, se enfundaba en un traje rabiosamente nuevo. Visto en la calle, pod?a pasar por un funcionario rutinario y est?pido. Sin embargo, estaba all?, de pie, frente al mapa de ?frica, colgado a sus espaldas, y perorando como un catedr?tico:?


-Posiblemente, usted Ferrain, experimente piedad por el destino cruel a que est? condenada la se?orita Estela; pero cr?ame, ella no le importar?a de usted si se encontrara en la obligaci?n de suprimirlo. Estela le matar?a a usted sin el m?s m?nimo escr?pulo de conciencia. No tenga l?stima jam?s de ninguna mujer. Cuando alguna se le cruce en el camino, apl?stele la cabeza sin misericordia, como a una serpiente. Ver? usted: el coraz?n se le quedar? contento y la sangre dulce.?


El teniente Ferrain termin? de cargar su pipa. Interrog?:?
-?Qu? es lo que ha hecho la se?orita Estela??


-?Qu? es lo que ha hecho? ?Por Cosme y Dami?n! Lo menos que hace es traicionarnos. Nos est? vendiendo a los italianos. O a los alemanes. O a los ingleses. O al diablo. ?Qu? s? yo a qui?n? Vea: la historia es lamentable. En Polonia, la se?orita Estela se desempe?? correctamente y con eficiencia. Esto lo hizo suponer al servicio que pod?a destacarla en Ceuta. Los espa?oles estaban modernizando el fuerte de Santa Catalina, el de Prim, el del Serrallo y el del Renegado, cambiando los emplazamientos de las bater?as; un mont?n de diabluras. Ella no s?lo ten?a que recibir las informaciones, sino trabajar en compa??a del ingeniero Desgteit. El ingeniero Desgteit es perro viejo en semejantes tareas. Con ese prop?sito, el ingeniero compr? en Ceuta la llave de un acreditado caf?. Estela hac?a el papel de sobrina del ingeniero. El bar, concurrido por casi toda la oficialidad espa?ola, fue modernizado. Se le agregaron s?lidos reservados. Un consejo, mi teniente: no hable nunca de asuntos graves en un reservado. Cada reservado estaba provisto de un micr?fono. Consecuencia: los oficiales iban, charlaban, beb?an. Estela, en el otro piso, a trav?s de los micr?fonos, anotaba cuanta palabra interesante dec?an. Este procedimiento nos permiti? saber muchas cosas. Pero he aqu? que el mecanismo informativo se descompone. El ingeniero Desgteit encuentra con su cabeza una bala perdida que se escapa de un grupo de borrachos. Supongamos que fueron borrachos aut?nticos. Mahomet "el Cojo", respetable comerciante ligado estrechamente a la cabila de Anghera, cuyos hombres trabajaban en las fortificaciones, es asaltado por unos desconocidos. Estos lo apalean tan cruelmente, que el hombre muere sin recobrar el sentido. Y, finalmente, como ep?logo de la fiesta, nos llega un mensaje de la se?orita Estela... ?Y con qu? novedad! Un incendio ha destruido al bar. Por supuesto, toda la documentaci?n que ten?a que entregarnos ha quedado reducida a cenizas.?
El teniente Ferrain movi? la cabeza.?


-Evidentemente, hay motivos para fusilarla cuatro veces por la espalda.?
El se?or Demetriades se quit? una v?rgula de tabaco de la lengua, y prosigui?:?
-Yo no tengo car?cter para acusar sin pruebas; pero tampoco me gusta que me la jueguen de esa manera. Estela es una mujer habil?sima. Naturalmente, orden? que la vigilaran, y ella lo supone.?
-?Por qu? presume usted que ella se supone vigilada??
-Son los indicios invisibles. Se sabe condenada a muerte, y est? buscando la forma de escaparse de nuestras manos. Por supuesto, llev?ndose la documentaci?n. Ahora bien; ella tambi?n sabe que no puede escaparse. Por tierra, por aire o por agua, la seguir?amos y atrapar?amos. Ella lo sabe. Pero he aqu? de pronto una novedad: la se?orita Estela descubre una forma sencill?sima para evadirse. He aqu? el procedimiento: me escribe dici?ndome que siente amenazada su vida, y de paso solicita que un avi?n la busque para conducirla inmediatamente a Francia; pero nos avisa (aqu? est? la trampa) que en Xauen la espera un agente de Mahomet "el Cojo" para entregarle una important?sima informaci?n. ?Qu? deduce usted, teniente, de ello??
-?Intentar? escaparse en Xauen??
El jefe del servicio se ech? a re?r.?
-Usted es un ingenuo y ella una mentirosa. La informaci?n que ella tiene que recibir en Xauen es un cuento chino. Vea, teniente.-El se?or Demetriades se volvi? hacia el mapa y se?al? a Ceuta.-Aqu? est? Ceuta.-Su dedo regordete baj? hacia el Sur.-Aqu?, Xauen. Observe este detalle, teniente. A partir de Beni Hassan, usted se encuentra con un sistema monta?oso de m?s de mil quinientos metros de altura. Nidos de ?guilas y despe?aperros, como dicen nuestros amigos los espa?oles. Despu?s de Beni Hassan, el ?nico lugar donde puede aterrizar un avi?n es Xauen. Ahora bien: el proyecto de esta mujer es tirarse del avi?n cuando el aparato cruce por la zona de las grandes monta?as. Como ella llevar? paraca?das, tocar? tierra c?modamente, y el avi?n se ver? obligado a seguir viaje hasta Xauen. Y la se?orita Estela, a quien sus compinches esperar?n en Dar Acobba, Timila o Meharsa, nos dejar? plantados con una cuarta de narices. Y nosotros habremos costeado la informaci?n para que otros la aprovechen. Muy bonito, ?no?. . .?
-El plan es audaz.?
El se?or Demetriades replic?:?
-?Qu? va a ser audaz! Es simple, claro y l?gico, como dos y dos son cuatro. M?s l?gico le resultar? cuando se entere de que la se?orita Estela es paracaidista. Lo he sabido de una forma sumamente casual.?
El teniente Ferrain volvi? a encender su pipa.?
-?Qu? es lo que tengo que hacer??
-Poco y nada. Usted ir? a Ceuta en un avi?n de dos asientos. El aparato llevar? los paraca?das reglamentarios; pero el suyo estar? oculto, y el destinado al asiento de ella, tendr? las cuerdas quemadas con ?cido; de manera que aunque ella lo revise no descubrir? nada particular. Cuando se arroje del avi?n, las cuerdas quemadas no soportar?n el peso de su cuerpo, y ella se romper? la cabeza en las rocas. Entonces usted bajar? donde esa mujer haya ca?do, y si no se ha muerto, le descarga las balas de su pistola en la cabeza. Y despu?s le saca todo lo que lleve encima.?
-?Con qu? queman las cuerdas del paraca?das??
Con ?cido n?trico diluido en agua. ?Por qu???
-Nada. El avi?n se har? pedazos.?
-Naturalmente. Ahora, v?alo al coronel Desmoulin. ?l le dar? algunas instrucciones y la orden para retirar el aparato. Tendr? que estar a las ocho de la ma?ana en Ceuta. Le deseo buena suerte.?
El teniente Ferrain se levant? y estrech? la mano del jefe de servicio. Luego tom? su sombrero y sali?. Ambos ignoraban que no se ver?an nunca m?s.?
El teniente Ferrain lleg? a las ocho de la ma?ana al aer?dromo de la Aeropostale, piloteando un avi?n de dos asientos. Mir? en derredor, y por el prado herboso vio venir a su encuentro una joven enlutada. La acompa?aba el director del aer?dromo. Ferrain detuvo los ojos en la se?orita Estela. La muchacha avanzaba ?gilmente, y su continente era digno y reservado. Algunos ricitos de oro escapaban por debajo de su toca. Ten?a el aspecto de una doncella prudente que va a emprender un viaje de vacaciones a la casa de su t?a.?
El director del aer?dromo hizo las presentaciones. Ferrain estrech? fr?amente la mano enguantada de la muchacha. Ella le mir? a los ojos, y pens?: "Un hombre sin reacciones. Debe ser jugador".?
Quiz? la muchacha no se equivocaba; pero no era aquel el momento de pensar semejantes cosas de Ferrain. El aviador estaba profundamente disgustado al verse mezclado en aquel horrible negocio. El mec?nico se acerc? al director, y ?ste se alej?. Estela, que miraba las plateadas alas del avi?n reposando como un pez en la pradera verde, volvi? sus ojos a Ferrain.?
-?Ha estado usted con el se?or Demetriades??
-S?.?
-Supongo que estar? enterado de todo.?
-Me ha dicho que me ponga por completo a sus ?rdenes.?
-Entonces iremos primero a Xauen, y luego tomaremos rumbo a Melilla.?
-?Sus documentos est?n en orden??
-Por completo... ?Conoce usted Xauen??
-He estado dos veces.?
-De Xauen podemos salir despu?s de almorzar. Esta noche cenaremos juntos en Par?s. ?Conforme??
-?Encantado!?
-?Cu?ndo salimos??
-Cuando usted diga.?
-Me pondr? el overol, entonces.-Ya ella se marchaba para la toilette del aer?dromo con su bolso de mano; pero bruscamente se volvi?. Sonre?a, un poco ruborizada, como si se avergonzara de una posible actitud pueril. Dijo: -Teniente Ferrain, no se vaya a re?r de m? ?Tiene usted paraca?das??
Ferrain permaneci? serio.?
-Puede usar el m?o, si quiere. Yo jam?s he necesitado de ese chisme.
-Es que soy supersticiosa. Hoy he visto un funeral. Y la primera inicial del pa?o f?nebre era la letra "E".?
Ferrain la mir? sorprendido:?
-?Es curioso! Yo me llamo Esteban. ?Por qui?n ser?a el augurio?...
La esp?a no sonri?. Un poco desconcertada, observ? a Ferrain, y luego balbuce?:?
-?Es curioso!?
Ferrain mir? el cielo azul de la ma?ana recort?ndose sobre las monta?as verdosas, y replic?:?
-Tendremos un viaje seren?simo. No se preocupe.?
Ella, con ?giles pasos, march? a enfundarse en su overol.?
Ferrain se dirigi? a su aparato. A medida que transcurrir?an los minutos, el disgusto por su misi?n aumentaba su volumen sombr?o. ?C?mo se hab?a dejado atrapar por aquel Demetriades? Algunos m?stiles se alejaban del dique hacia Gibraltar. Ferrain pens? con envidia que en los puentes ir?an pasajeros dichosos. Cierto es que esa noche cenar?a en Par?s. ?Cu?ntos sacrificios costaba un ascenso! De modo que esa hip?crita, con su aspecto de mosquita muerta, hab?a hecho asesinar a Desgteit y a Mahomet "el Cojo"? ?Qu? aventuras la habr?an conducido al Servicio de Contraespionaje? De haber estado en sus manos, borrar?a a Ceuta del mapa. Mir? con rabia al mec?nico, que terminaba de llenar el tanque de nafta. Algunos p?jaros saltaban en la hierba; m?s all?, los portones de cine de un hangar se abr?an lentamente. Y ?l, por esa mala p?cora...
Sonriendo, con su bolso de mano, apareci? la se?orita Estela. Evidentemente, era elegante. Ella lo envolvi? en su aterciopelada mirada azul, que escapaba de sus pupilas abiertas como abanicos. Ferrain apart? los ojos de ella. Acaba de represent?rsela destrozada en un roquedal, las entra?as derram?ndose entre los dientes rotos. La se?orita Estela, cruz?ndose de brazos frente a ?l, dijo:?
-?Lista!?
Ferrain se acerc? penosamente al aparato. Ella caminaba a su lado alargando el paso y charloteando como una colegiala maliciosa.?
-?C?mo est? el se?or Demetriades? ?Siempre paternal y c?nico? Supongo que le habr? contado...?
Ferrain la mir? desafiante:?
-?Contado qu???
-Nuestras dificultades.?
Ferrain cort? en seco:?
-Usted perdone. El se?or Demetriades me orden? que la buscara a usted, y que eludiera toda conversaci?n confidencial respecto al servicio.?
La respuesta de Ferrain fue oportuna y adecuada. Estela pens?: "Este imb?cil teme que le estropee la foja con alg?n chisme", y acto seguido cambi? de conversaci?n y de tono:?
-?Cree usted que habr? elecciones en Espa?a??
Ferrain la soslay?:?
-Posiblemente. . . Se habla de la chance del bloque popular. ?Cree usted en esa ensalada??
Ferrain sonri? eficiente:?
-El bloque es un disparate. Gil Robles gobernar? a Espa?a. La CEDA es el ?nico partido serio. Electoralmente, el bloque popular est? condenado al fracaso. Aza?a es un literato.?
Hab?an llegado al avi?n. Subi? Ferrain, y el mec?nico la ayud? a Estela. Ella recogi? el paraca?das y se cruz? el correaje bajo las axilas.?
Ferrain la mir?, y aunque estaba muy lejos de tener deseos de sonre?r, no pudo evitar que una sonrisa extra?a, dubitativa, le encrespara los labios. E insisti? en su pregunta:?
-Pero, ?usted cree en ese chisme? -Luego, sin esperar que ella le contestara, apret? el bot?n del encendido. La h?lice oscil? como un ?litro de cristal, y el motor tablete? semejante a una ametralladora. La m?quina se desliz? por la pradera y brinc? ligeramente dos veces. Luego qued? suspendida en la atm?sfera, cuando Estela baj? la cabeza, las torres de la catedral estaban abajo. En los patios con palmeras se ve?an algunos monjes que levantaban la cabeza.?
Aparecieron los caminos asfaltados, el mar; a lo lejos, entre neblinas sonrosadas, el ceniciento pe??n de Gibraltar; la costa de Espa?a se recortaba adusta en el azul del Mediterr?neo. Durante pocos minutos el avi?n pareci? seguir a lo largo de la mar; pero la costa desapareci? y avanzaron sobre crecientes bultos de monta?as verdes. Por los caminos zigzagueantes avanzaban lentos camiones. Grupos de campesinos moros eran ostensibles por sus vestiduras blancas. El avi?n gan? altura, y la costra terrestre, m?s profunda y sombr?a, apareci? desierta como en los primeros d?as de la creaci?n.?
A pesar de que luc?a el sol, el paisaje era siniestro y hostil, con la encrespadura de sus montes y la oquedad verde botella de los valles.?
Una congoja infinita entr? en el coraz?n de Ferrain. Vio que Estela meti? la mano en el bolso y estuvo all? buscando algo. Finalmente, extrajo una petaca morisca, y le ofreci? un cigarrillo. Ferrain no acept?. Ella fumaba y miraba las profundidades. Ferrain sent?a que un infortunio inmenso se aplastaba sobre su vida, descorazon?ndole para toda acci?n. Hubiera querido decirle algo a esa mujer, escrib?rselo en la pizarra; pero una fuerza fatal dominaba su voluntad; tras ?l estaba el servicio, el destino as? aceptado de servir en la absoluta disciplina, y el tiempo, como una brizna cargada de hielo de muerte, corr?a a trav?s de sus pulmones ansiosos.?
M?s bultos de monta?as se renovaban en el conf?n. Abajo, la tierra, como en los primeros d?as de la creaci?n, mostraba riachos salvajes, entre verticales y resquebrajaduras de bosques tit?nicos y cordones de una primitiva geolog?a.?
Parec?an estar situados en el centro de un inmenso globo de cristal, cuya costra verde se levantaba por momentos hacia sus rostros, como removida por un aliento monstruoso.?
Estela mir? su reloj pulsera. El coraz?n de Ferrain comenz? a golpear como el hacha de un le?ador en un pesado tronco. Avanzaban ahora hacia un valle que dilataba su pradera entre dos cordones de cerros amarillentos. All? abajo, casi al conf?n, se ve?a arder una hoguera. Estela toc? el hombro de Ferrain, y le se?al? la direcci?n opuesta a la hoguera. Muy lejos, a ras de tierra, se distingu?an los cubos blancos de un caser?o. Era el poblado de Beni Hassan.?
Ferrain volvi? la cabeza, resignado. Adivin? el movimiento de Estela. Cuando quiso lanzar un grito, ella saltaba al vac?o. Tan apresuradamente, que sobre el asiento se le olvid? el bolso.?
La mujer ca?a en el vac?o semejante a una piedra. Verticalmente. El paraca?das no se abri?. Ferrain hizo girar maquinalmente el aparato para ver caer a la mujer. Ella era un punto negro en el vac?o. El paraca?das no se abri?. Luego ya no la vio caer m?s. Estela se hab?a aplastado en la tierra.?
Ferrain, temblando, apag? el encendido del motor. Aterrizar?a en aquella pradera. Involuntariamente, su mirada se volvi? hacia el bolso que Estela hab?a olvidado sobre el asiento. Iba a extender la mano hacia ?l, cuando de all? escap? una llamarada. La explosi?n de la bomba, oculta en el bolso, y que Estela hab?a dejado para asegurarse la retirada, desgarr? el fuselaje del avi?n, y el cuerpo de Ferrain vol? despedazado por los aires.


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Publicado por carmenlobo @ 16:44  | Literatura
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