Viernes, 15 de julio de 2011


Karen Christence Blixen-Finecke
,?nacida?Karen Christenze Dinesen, m?s conocida por su?pseud?nimo?literario?Isak Dinesen(Rungsted,?Dinamarca,?17 de abril?de?1885?? ib?dem,?7 de septiembre?de?1962), fue una?escritora?danesa.

Jurij Blixen & Stravinskij.jpg

Igor Stravinsky, el pianista?Yuri Moskvitin?y Karen Blixen en el ayuntamiento de?Copenhague.?1957.

Infancia

Su padre, Whihelm Dinesen, militar, parlamentario, se suicid? cuando ella ten?a diez a?os, atormentado por no resistir la presi?n de padecer?s?filis, enfermedad que en aquella ?poca estaba estigmatizada. Su madre, Ingeborg Westenholz, qued? sola con cinco hijos a su cargo, a los que pudo mantener gracias a la ayuda familiar. Karen, como sus hermanas, se educ? en prestigiosas escuelas suizas y se la educ? para las clases altas.

Viaje a ?frica

Museo Blixen de Nairobi.

Karen se cas? con su primo lejano el?bar?n?Bror Blixen-Finecke, con quien inici? en?Kenia?una plantaci?n de caf? llamada?The Karen Coffee Company.1?El matrimonio fue dif?cil. En el primer a?o de vida en com?n su marido le contagi? de la temida s?filis, sin embargo la enfermedad nunca se manifest? de manera grave. Cansada de las infidelidades de su marido, se separaron tras seis a?os de matrimonio, qued?ndose ella con la plantaci?n.

Aprendi? las lenguas abor?genes, como el?suaheli, y se empap? de las costumbres locales. Los nativos la apodaban "La hermana leona" y se gan? el afecto de ellos por su coraje, su buena punter?a y su habilidad como cazadora.

En?Nairobi, Blixen conoci? a?Denys Finch Hatton, un cazador brit?nico afincado en Kenia. Empezaron una relaci?n amorosa intensa, pero con muchos altibajos.

En?1931, Denys Finch Hatton se mat? en su avi?n?Gipsy Moth. Blixen sigui? a cargo de la plantaci?n hasta que la ca?da de los precios del caf? en 1931 la obligaron a venderla y regresar a Dinamarca. Siempre pens? en volver pero la?Segunda Guerra Mundial?se lo impidi?.

Tumba de Karen Blixen en Rungsted.

Si bien ya hab?a publicado algunos trabajos, es entonces cuando comienza su carrera literaria bajo diversos seud?nimos, el m?s conocido de los cuales es?Isak Dinesen, con el cual public? una serie de apuntes autobiogr?ficos sobre su vida en ?frica. Pero fue su libro?Memorias de ?frica(1937) el que sin duda la catapult? a la fama a nivel mundial; inspirada en el libro se film? la premiada pel?cula?Memorias de ?frica?con?Meryl Streep?en el papel de Karen y?Robert Redford?como Dennys Finch Hatton.

El?asteroide?(3318) Blixen?fue llamado as? en su honor.

LAS BROMAS DIVINAS

Los cuentos de Isak Dinesen constituyen uno de los conjuntos m?s originales de la literatura del siglo xx. En un siglo obsesionado justamente por el af?n de innovaci?n, la suya es, sin embargo, una originalidad no buscada, quiz? ni siquiera deseada, m?s el resultado de los escritos de los dem?s autores de su tiempo que de los suyos propios.

La forma narrativa dominante de este siglo (casi la forma literaria) ha sido sin lugar a dudas la novela, ese g?nero que, por no haber existido "siempre", se ha intentado que dejara de existir repetidamente, "en cualquier momento". Pero, lejos de desaparecer, lo que la novela ha ido haciendo en las ?ltimas ocho o nueve d?cadas ha sido apropiarse de casi todo, invadir y anexionar territorios que en otros siglos le estaban prohibidos y de los que se diferenciaba con claridad. Si se piensa que tan "novela es el?Quijote?como?Alicia en el Pa?s de las Maravillas, En busca del tiempo perdido, Lolita?o?Trastorno?de Bernhard, por poner unos cuantos ejemplos no demasiado contradictorios, se comprueba c?mo el g?nero se caracteriza principalmente por su falta de caracter?sticas propias o, dicho de otro modo, por las debil?simas semejanzas entre las obras que se califican de novela. Lo cierto es que esa indefinici?n, esa condici?n camale?nica, ha resultado ser el ant?doto para cuantas enfermedades se le han diagnosticado.

Uno de los territorios que la novela invadi? con mayor facilidad y rapidez fue el del cuento. La propia Isak Dinesen estableci? de manera sencilla la diferencia existente, en principio, entre un cuento y una novela: "Uno puede CONTAR?Al? Bab? y los cuarenta ladrones,?pero no podr?a CONTAR?Anna Karenina".?Hay que tener en cuenta que cuando Isak Dinesen empleaba ese verbo,?contar (to tell),?se estaba refiriendo de manera exclusiva a la actividad de contar oralmente, de narrar de viva voz. Como quiz? es sabido por muchos desde hace algunos a?os, la Baronesa Blixen se inici? como?conteuse?de ese modo, teniendo como oyentes primero a ni?os de su pa?s natal, Dinamarca, luego a los trabajadores negros de su plantaci?n de caf? en el ?frica Oriental y a sus amigos y amante brit?nicos del mismo lugar. Nunca abandon? del todo esa pr?ctica, y en sus ?ltimos a?os reservaba sus escasas fuerzas y su inventiva para algunas reuniones sociales de Nueva York u otros sitios en las que ella se prestaba, como quien hace un regalo, a relatar alguna historia a?n no publicada. En m?s de una ocasi?n afirm? que su libro favorito era?Las mil y una noches,?y en alguna explic? c?mo su m?todo principal de trabajo era la repetici?n y la reinvenci?n, c?mo se contaba una y otra vez las historias hasta ser capaz de "contarlas bien".

El cuento ha sido invadido por la novela hasta el punto de que la mayor parte de los relatos que hoy escriben los escritores parecen, m?s que nada, embriones o fragmentos de novelas, con t?cnicas contaminadas por el g?nero voraz y sin ninguna necesidad de que el relato, a su t?rmino, imponga el "silencio" que forma parte de la propia historia contada. Raymond Carver, el m?s apreciado cuentista de los ?ltimos tiempos, nunca escribi? novela, pero sus magn?ficos relatos son esencialmente novel?sticos, y justamente la sensaci?n que tiene el lector de que hay un antes y un despu?s de lo relatado le aproxima, por una parte, a la pintura, y, por otra, a los diferentes episodios de que?suele?constar el g?nero novela. O digamos, si se quiere, que sus cuentos no pueden "contarse" m?s que de la manera en que son contados y que, privados del ritmo y el estilo o dicci?n del autor, se quedan en nada, en material "incontable" en la medida en que no es repetible. De ah?, probablemente, que la ingente mayor?a de sus imitadores y seguidores -y, por extensi?n, de los escritores que hoy en d?a escriben cuentos- vayan de fracaso en fracaso y de ridiculez en ridiculez, al faltarles el ritmo y el estilo o dicci?n de Carver y creer, sin embargo, que es "contable" la existencia de un huevo frito o la espera del autob?s, cosas que en cambio s? son "novelables", por seguir con la distinci?n.

Pues bien, en medio de ese relato del siglo XX (del que alguien como Carver no es sino culminaci?n o depuraci?n, en ?l no hay nada de precursor), en medio de ese relato contagiado de novela y convertido en poco menos que prolongaci?n o estrambote o incluso ensayo de ?sta, los cuentos de Isak Dinesen, aparecidos entre 1934?(Seven Gothic Tales)?y 1963 (el ya p?stumo?Ehrengard,?al que luego se a?adieron los vol?menes?Carnival, Daguerreotypes?y?On Modern Marriage,?los dos ?ltimos s?lo de ensayos), resultan de una asombrosa originalidad no s?lo porque son deliberadamente "contables", repetibles, transmisibles, sino porque intentan mantenerse en la tradici?n inmemorial del cuento anterior a esa contaminaci?n, la de?Las mil y una noches,?por continuar con su preferencia.

Isak Dinesen fue acusada por ello numerosas veces de "decadente", y tambi?n porque la mayor?a de sus cuentos transcurr?an en siglos pasados y ten?an como personajes a divas de ?pera, cardenales, muchachas guerreras y virginales, bandoleros, reyes, pintores, gitanas, poetas y nobles g?ticos, toda una galer?a artificial y bien alejada de cualquier realismo. Es interesante ver en qu? consist?a la sobria y firme defensa de la Baronesa, nada dada a teorizaciones pero llena de seguridad: "Los decadentes son quienes confunden los g?neros y recargan sus narraciones de mensajes, reivindicaciones sociales y filosof?a. Yo soy una cuentista y nada m?s que una cuentista. Es la historia misma lo que me interesa, y la manera de contarla". O bien: "Con el pasado... me encuentro ante un mundo terminado, acabado en todos sus elementos, y por tanto puedo recomponerlo m?s f?cilmente de acuerdo con mi fantas?a. Aqu? no hay para m? tentaci?n de caer en el realismo, ni para mi lector de buscarlo". O bien: los relatos daneses "han de considerarse m?s como las fantas?as de una emigrante danesa que como un intento de describir la realidad". Seg?n se?al? el cr?tico Robert Langbaum (?The Gayety of Vision,1964), el tono de disculpa no debe enga?arnos: Isak Dinesen consideraba su Dinamarca imaginada m?s real que la Dinamarca de la observaci?n corriente.

De lo que no cabe duda es de que, si no decadente, Isak Dinesen s? era una escritora anacr?nica respecto a su ?poca, y no creo que ella tuviera nada en contra de este adjetivo en la medida en que se lo podr?a quiz? asimilar a "acr?nico" o intemporal. Pero nada ser?a tan est?pido como relacionarlo en su caso con otros que suelen acompa?arlo, tales como "trasnochado", "arcaico", "irreal" o incluso "fant?stico". Porque lo que a Isak Dinesen le interesaba de veras era, en un sentido, lo m?s invariable y real de cuanto existe, a saber: el destino, entendiendo esa palabra no como "un Dios sin rostro ante el que los hombres deben doblegarse con temor y temblor", sino como "el juego entre el ser de un hombre y su entorno". Dicho de otro modo, el destino en tanto que historia (e historia "contable"), en tanto que elemento configurador de una persona en un entorno determinado, a la manera shakespeariana. "T? mismo te has forjado tu ventura", dijo Cervantes, en realidad tan pr?ximo a Isak Dinesen pese a haber sido el fundador de la tradici?n novelesca en la que la Baronesa jam?s se inscribi?, ni siquiera con su ?nica novela,?The Angelic Avengers,?de 1947. En los cuentos de Isak Dinesen cada personaje se forja tambi?n su ventura, pero dentro de lo que ella llamaba "la l?nea del cuento", es decir, "all? donde el cuentista es leal, eterna e inquebrantablemente leal a la historia". Y a?ad?a: "All?, al final, hablar? el silencio. Donde la historia ha sido traicionada, el silencio es tan s?lo vac?o". Esta idea de la lealtad o traici?n a la historia, expresada en el extraordinario relato de este volumen titulado "La p?gina en blanco", es lo que nos permite ver el desarrollo natural de la historia como destino y entender por qu? a la baronesa le interesaba sobre todo "la historia misma, y la manera de contarla". Una vez que ese destino se ve cumplido, una vez que como ella dijo, se produce el "silencio" de la "p?gina en blanco", esto es, de la p?gina que no se escribe y que sigue siempre a la ?ltima escrita, tanto el lector como a veces los propios personajes de sus cuentos suelen sonre?r o est?n a punto de hacerlo, no porque el destino en cuesti?n sea un destino feliz o amable sino porque tanto uno como otros comprenden que ese destino no es otra cosa que el cumplimiento debido de la historia que se ha contado: ven que la historia ten?a que ser?as?,?y eso los lleva a aceptarla como se aceptan los hechos cuando son innegables o irrefutables. Esto no quiere decir jam?s que las historias de Isak Dinesen est?n concebidas desde el principio para causar un efecto final, que est?n calculadas o "teledirigidas", pese a que ella confes? conocer el desarrollo entero antes de escribir la primera palabra, llevarlas largo tiempo dentro de s? antes de escribirlas, o, como se dijo antes, cont?rselas una y otra vez hasta ser capaz de "contarlas bien". El efecto que produce su lectura es justamente el contrario, a veces parecen casi resultado de la improvisaci?n, con vueltas y meandros, sesgos y bifurcaciones que, m?s que a un designio art?stico, dan la impresi?n de responder a la casualidad, al estado de las cosas, al curso "natural" de los acontecimientos, a la imposibilidad de controlar las situaciones y de encauzar las trayectorias personales, a la imposibilidad de quebrantar la "lealtad" de la historia para consigo misma. Por ello, y a pesar de esa sensaci?n, siempre algo risue?a, de que las cosas ten?an que ser?as?,?pocos cuentos hay menos previsibles y convencionales que los de la Baronesa Blixen, quien adem?s estaba plenamente convencida del car?cter diamantino y la cabalidad de sus historias: "La gente anda siempre pregunt?ndome cu?l es el significado de esto o aquello en los cuentos. "?Qu? simboliza esto? ?Qu? representa aquello?" Y siempre me cuesta hacerles creer que lo que quiero decir es lo que se dice. Ser?a terrible que la explicaci?n de la obra estuviera fuera de la misma obra". O bien: "Mala cosa ser?a que pudiera explicar el cuento mejor que con lo que he dicho ya en el cuento. Como no me canso nunca de se?alar, la historia deber?a serlo?todo".

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Uno de los lemas de Isak Dinesen (junto con?Navigare?en su juventud y?Je responderay)?fue?God Loves a joke (A Dios le gustan las bromas), y muchos de sus relatos se resuelven con una especie de broma aparentemente indeliberada que por eso parece divina, una especie de iron?a inevitable que el propio cuento, la propia historia, parece exigir desde su interior. Este volumen de?Last Tales?o??ltimos cuentos,?de 1957,* se abre con los llamados "Cuentos de "Albondocani"", siete historias que formaban parte de un proyecto inconcluso, un libro de dos mil p?ginas seg?n el modelo de?Las mil y una noches,?que Isak Dinesen pensaba terminar justo antes de morir ("pero s?lo inmediatamente antes", dec?a) y que por supuesto no acab?. Resulta imposible imaginar cu?l habr?a sido el plan general de la obra y los complicados v?nculos entre las diferentes partes, pero es muy significativo que en los relatos existentes aparezcan con rara frecuencia ideas y consideraciones acerca del arte de contar historias, las m?s de las veces puestas en boca de los personajes. As?, en "El primer cuento del Cardenal", ?ste dice en un momento dado a su interlocutora: "Se?ora, os he contado una historia. Historias se vienen contando desde que existe el habla, y sin historias la raza humana habr?a perecido, como habr?a perecido sin agua. Es posible ver a los personajes de una historia verdadera, claros y luminosos y situados en un plano superior, y al propio tiempo que no parezcan humanos, e incluso inspiren un cierto temor. Todo esto est? en el orden de las cosas. Pero hoy d?a, se?ora, veo aparecer en el mundo un nuevo arte de la narraci?n, un nuevo g?nero literario. Es m?s, ya est? entre nosotros, y se ha granjeado el favor de los lectores de nuestro tiempo. Y este nuevo arte literario, por mor de los protagonistas de la historia y para mantenerlos cercanos a los otros y que no nos causen temor, est? dispuesto sacrificar la propia historia". Isak Dinesen, a trav?s de su Cardenal, ve?a la novela como un g?nero en el que la historia propiamente dicha "se adelgaza y pierde entidad", y por tanto como algo de rango inferior o, cuando menos, de muy distinto car?cter que el cuento, como una concesi?n a la debilidad de los hombres que ella, en pleno siglo de la invasora novela, no estaba sin embargo dispuesta a hacer. Un poco m?s adelante el Cardenal a?ade: "No me entend?is mal, la literatura de que hablamos, la literatura del individuo, si as? podemos llamarla, es un arte noble, un producto humano grande, honesto y ambicioso. Pero es un producto humano. El arte divino es la historia. En el principio era la historia. Al final tendremos el privilegio de verla y contemplar el desarrollo; y a esto lo llamamos el D?a del Juicio". A relaci?n existente para Isak Dinesen entre la divinidad y el hacedor de historias no es que sea estrecha, no que ambos llevan a cabo una misma y ?nica tara, tan delicada y trascendental que las vicisitudes de los personajes no pueden dejarse al albur (al capricho o a la indecisi?n propias del novelista), "han de ser tan justas y reales" como si de ellas depende a su vez, en efecto, la justicia de ese Juicio Final.

La prueba de que Isak Dinesen se tomaba muy en serio esta tarea son sus propios relatos, sobre todo algunos en los que vemos c?mo la mayor condena posible es la que reciben aquellos personajes que, dentro del cuento, intentan hacer lo que nunca debe hacer el cuentista, intentan formar, forjar, montar una historia con los elementos de la vida y manipular a sus semejantes, intentan forzar los hechos de la vida y las conductas de los hombres de tal manera que compongan una historia art?stica. O, dicho de otro modo, intentan que la vida se comporte como el arte y se transforme por ello en arte. Uno de estos cuentos, "Ecos", se encuentra en el presente volumen, y en ?l, como en "La historia inmortal" de?Anecdotes of Destiny,?1958, y "El poeta", de?Seven Gothic Tales,?1934, se nos muestra como el mayor "pecado" el intento por parte de alguien de manejar o dirigir a los otros para configurar con ellos un hermosa historia o para lograr que las cosas sean de una manera determinada, preconcebida, por ejemplo una repetici?n de lo ya sucedido o algo deseado, imaginado. Hacer arte de la vida es posible ("toda las penas pueden soportarse si se meten en una historia o se cuenta una historia acerca de ellas", dijo la Baronesa), pero no es posible hacer vida a partir del arte. Al final de ese relato, "Ecos", el personaje principal, la cantante Pellegrina Leoni, dice: "Uno puede tomarse con Dios muchas libertades que no puede tomarse con los hombres. Uno puede permitirse con ?l muchas cosas que no puede permitirse con los hombres. Y, como ?l es Dios, con ello incluso Le honramos". El territorio del cuento (el de la ficci?n si se quiere, por extensi?n) es el territorio de Dios, donde son posibles muchas cosas que ser?an condenables en el de los hombres; el cuentista ha de ser una divinidad imparcial, comprensiva y justa ("?es que la piedad por los humanos ha de sorberme siempre la m?dula de los huesos?"), pero nadie, ni siquiera sus personajes, puede usurparle su cometido.

En el relato "Cuentos de dos viejos caballeros" aparece una curiosa idea acerca de esa divinidad que quiz? ayude a completar la imagen que ten?a Isak Dinesen del hacedor de cuentos: "Los seres humanos sufrimos mucho. Conocemos muchas horas oscuras, de duda, temor y desesperaci?n, porque no podemos conciliar nuestra idea de la divinidad con lo que vemos en el universo que nos rodea. Yo mismo, cuando era joven, reflexion? mucho sobre este problema. M?s tarde llegu? a la convicci?n de que entender?amos la naturaleza y las leyes del universo con m?s claridad y profundidad si acept?semos desde un principio que su creador y mantenedor es un ser de sexo femenino". Para Isak Dinesen era muy importante esta distinci?n: "La mujer no cesa de asombrarse ante la insistencia de los hombres en hacer preguntas, porque sabe bien que no obtendr?n jam?s una respuesta que no sea la que obtuvo el rey Alejandro Magno de la sibila de Babilonia". O bien, como podemos leer en otro de los relatos de este volumen, "Un cuento rural": "Las mujeres tienen otra clase de felicidad, y otra clase de verdad". Y en una ocasi?n la propia Baronesa Blixen dijo de viva voz y con gran iron?a: "Nosotras, las mujeres, no somos lo bastante inteligentes para ser esc?pticas. As? que vivimos, y m?s intensamente que los hombres, creo yo; tenemos una especie de sentimiento de triunfo simplemente porque existimos".

Los cuentos de Isak Dinesen son la manifestaci?n de esa divinidad intemporal que ella imaginaba y ve?a en s? misma, o, mejor dicho, actuar a trav?s de ella: de esa divinidad piadosa y no esc?ptica y que no hace preguntas, a la que basta su propia existencia para que todo discurra y fluya con justicia y con "lealtad", de modo que quien al final hable y juzgue sea s?lo la voz del "silencio", o lo que es lo mismo, la p?gina en blanco, all? donde puede leerse el cuento "m?s profundo, dulce, alegre y cruel".

* Traducci?n de Alejandro Vilafranca del Castillo.

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Javier Mar?as

(Pr?logo a Isak Dinesen,??ltimos cuentos, Debate, Madrid, 1990. Recogido en Javier Mar?as,?Literatura y fantasma, Siruela, Madrid, 1993 y Alfaguara, Madrid, 2001).



Tags: Karen Blixen, Isak Dinesen, Memorias de Africa

Publicado por carmenlobo @ 12:53  | Escritoras
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