Lunes, 13 de junio de 2011

FERNANDO PESSOA (Lisboa 13 de Junio de 1888 - 1935)

"La melancol?a es el placer de estar triste."

Victor hugo

Libro del desasosiego (Fragmento I)?
?lvaro de Campos
Nubes... Hoy tengo conciencia del cielo, pues hace d?as que no lo miro pero lo siento, viviendo en la ciudad y no en la naturaleza que la incluye. Nubes... Son ellas hoy la principal realidad, y me preocupan como si el velarse del cielo fuese uno de los grandes peligros de mi destino. Nubes... Pasan desde la barra hacia el Castillo, de Occidente a Oriente, en un tumulto disperso y desnudo, blanco a veces, se ven desarrapadas en la vanguardia de no s? qu?; medio-negro otras, si, m?s lentas, tardan en ser barridas por el viento audible; negras de un blanco sucio, si, como si quisiesen quedarse, ennegrecen m?s de la venida que de la sombra lo que las calles abren de falso espacio entre las l?neas cerradas de las casas.
Nubes... Existo sin saberlo y morir? sin quererlo. Soy el intervalo entre lo que soy y lo que no soy, entre el sue?o y lo que la vida ha hecho de m?, la medida abstracta y carnal entre cosas que no son nada, siendo yo tambi?n nada. Nubes... ?Qu? desasosiego si siento, qu? desconsuelo si pienso, qu? inutilidad si quiero! Nubes... Est?n pasando siempre, unas muy grandes, pareciendo, porque las casas no dejan ver si son menos grandes de lo que parecen, que van a ocupar todo el cielo; otras de tama?o incierto, que pueden ser dos juntas o una que va a partirse en dos, sin sentido en el aire alto contra el cielo cansado; otras a?n, peque?as, que parecen juguetes de poderosas cosas, bolas irregulares de un juego absurdo, s?lo hacia un lado, en un gran aislamiento, fr?as.
Nubes... Me interrogo y me desconozco. Nada he hecho de ?til ni har? de justificable. He gastado la parte de la vida que no perd? en interceptar confusamente cosa ninguna, haciendo versos en prosa a las sensaciones intransmisibles con que hago m?o el universo desconocido. Estoy harto de m?, objetiva y subjetivamente. Estoy harto de todo, y del todo de todo. Nubes... Son todo, desarreglos de lo alto, cosas hoy s?lo ellas reales entre la tierra nula y el cielo que no existe; harapos indescriptibles del tedio que les supongo; niebla condensada en amenazas de color ausente; algodones en rama sucios de un hospital sin paredes.?
Nubes... Son como yo, un pasar desfigurado entre el cielo y la tierra, al sabor de un impulso invisible, tronando o no tronando, alegrando blancas u obscureciendo negras, ficciones del intervalo y del error, lejos del ruido de la tierra y sin tener el silencio del cielo. Nubes... Siguen pasando, siguen siempre pasando, pasar?n siempre siguiendo, en un enrollamiento discontinuo de madejas empa?adas, en un alargamiento difuso de falso cielo deshecho.
15-9-1931.

Libro del desasosiego (Fragmento II)
Una de mis preocupaciones constantes es el comprender c?mo es que otra gente existe, c?mo es que hay almas que no sean la m?a, conciencias extra?as a mi conciencia, que, por ser conciencia, me parece ser la ?nica. Comprendo bien que el hombre que est? delante de m?, y me habla con palabras iguales a las m?as, y me ha hecho gestos que son como los que yo hago o podr?a hacer, sea de alg?n modo mi semejante. Lo mismo, sin embargo, me sucede con los grabados que sue?o de las ilustraciones, con los personajes que veo de las novelas, con los personajes dram?ticos que en el escenario pasan a trav?s de los actores que los representan.
Nadie, supongo, admite verdaderamente la existencia real de otra persona. Puede conceder que esa persona est? viva, que siente y piense como ?l; pero habr? siempre un elemento an?nimo de diferencia, una desventaja materializada. Hay figuras de tiempos idos, im?genes esp?ritus en libros, que son para nosotros realidades mayores que esas indiferencias encarnadas que hablan con nosotros por encima de los mostradores, o nos miran por casualidad en los tranv?as, o nos rozan, transe?ntes, en el acaso muerto de las calles. Los dem?s no son para nosotros m?s que paisaje y, casi siempre, paisaje invisible de calle conocida.
Tengo por m?s m?as, con mayor parentesco e intimidad, ciertas figuras que est?n escritas en los libros, ciertas im?genes que he conocido en estampas, que muchas personas, a las que llaman reales, que son de esa inutilidad metaf?sica llamada carne y hueso. Y "carne y hueso", en efecto, las describe bien: parecen cosas recortadas puestas en el exterior marm?reo de una carnicer?a, muertes que sangran como vidas, piernas y chuletas del Destino.?
No me averg?enzo de sentir as? porque ya he visto que todos sienten as?. Lo que parece haber de desprecio entre hombre y hombre, de indiferente que permite que se mate gente sin que se sienta que se mata, como entre los asesinos, o sin que se piense que se est? matando, como entre los soldados, es que nadie presta la debida atenci?n al hecho, parece que abstruso, de que los dem?s tambi?n son almas.
Ciertos d?as, a ciertas horas, tra?das m? por no s? qu? brisa, abiertas a m? por el abrirse de no s? qu? puerta, siento de repente que el tendero de la esquina es un ente espiritual, que el hortera, que en este momento se inclina a la puerta sobre el saco de patatas, es, verdaderamente, un alma capaz de sufrir.?
Cuando ayer me dijeron que el dependiente de la tabaquer?a se hab?a suicidado, sent? una impresi?n de mentira. ?Pobrecillo, tambi?n exist?a! Lo hab?amos olvidado, todos nosotros, todos nosotros que le conoc?amos del mismo modo que todos los que no le conocieron. Ma?ana le olvidaremos mejor. Pero que ten?a alma, la ten?a, para que se matase ?Amores? ?Angustias? Sin duda... Pero a m?, como a la humanidad entera, me queda s?lo el recuerdo de una sonrisa tonta por encima de una chaqueta de mezclilla, sucia, y desigual en los hombros. Es cuanto me queda, a m?, de quien tanto sinti? que se mat? de sentir porque, en fin, de otra cosa no debe de matarse nadie... Pens? una vez, al comprarle cigarrillos, que se quedar?a calvo pronto. Al final, no ha tenido tiempo de quedarse calvo. Es uno de los recuerdos que me quedan de ?l. ?Qu? otro me hab?a de quedar si ?ste, despu?s de todo, no es suyo, sino de un pensamiento m?o? Tengo s?bitamente la visi?n del cad?ver, del ata?d en que le han metido, de la tumba, enteramente ajena, a la que ten?an que haberle llevado. Y veo, de repente, que el dependiente de la tabaquer?a era, de cierta manera, chaqueta torcida y todo, la. humanidad entera.
Ha sido tan s?lo un momento. Hoy, ahora, claramente, como hombre que soy, ?l ha muerto. Nada m?s.?
S?, los dem?s no existen... Es para m? para quien este ocaso remansa, pesadamente alado, sus colores neblinosos y duros. Para m?, bajo el ocaso, tiembla, sin que yo le vea correr, el r?o grande. Ha sido hecha para m? esta plaza abierta sobre el r?o cuya marea se acerca. ?Ha sido enterrado hoy en la fosa com?n el dependiente de la tabaquer?a? No es para ?l el ocaso de hoy. Pero, de pensarlo, y sin que yo quiera, tambi?n ha dejado de ser para m?...
26-1-1932.

Libro del desasosiego (Fragmento III)
En las vagas sombras de luz por terminar antes que la tarde En las vagas sombras de luz por terminar antes que la tarde sea pronto noche, disfruto de errar sin pensar entre lo que la ciudad se vuelve, y ando como si nada tuviese remedio. Me agrada, m?s a la imaginaci?n que a los sentidos, la tristeza dispersa que est? conmigo. Vago, y hojeo en m?, sin leerlo, un libro intersperso de im?genes r?pidas, del que voy form?ndome indolentemente una idea que nunca se completa.
Hay quien lee con la misma rapidez con que mira, y concluye sin haberlo visto todo. As? saco del libro que se me hojea en el alma una historia vaga por contar, memorias de otro yo vagabundo, con avenidas de parques en medio, y figuras de seda varias, pasando, pasando.
Indiscrimino con tedio y otro. Sigo, simult?neamente, por la calle, por la tarde y por la lectura so?ada, y los caminos son verdaderamente recorridos. Emigro y descanso, como si estuviese a bordo con el nav?o ya en altamar.
S?bitamente, los faroles muertos coinciden luces en las prolongaciones dobles de una calle larga y curva. Como un batacazo, mi tristeza aumenta. Es que se ha terminado el libro. Hay tan s?lo, en la viscosidad a?rea de la calle abstracta, un hilo exterior de sentimiento, como la baba del Destino idiota, goteando en la conciencia del alma.
Otra vida de la ciudad que anochece. Otra alma la de quien mira a la noche. Sigo inseguro y aleg?rico, irrealmente sintiente.
Soy como una historia que alguien hubiese contado y, de tan bien contada, anduviese carnal, pero no mucho, en este mundo novela, en el principio de un cap?tulo: "En este momento, se pod?a ver a un hombre avanzar lentamente por la calle de..."
?Qu? tengo yo que ver con la vida?
13-7-1931.

Libro del desasosiego (Fragmento IV)?
No creo en voz alta en la felicidad de los animales, sino cuando me apetece hablar de ella como marco de un sentimiento que es la suposici?n derivada. Para ser feliz es necesario saber que se es feliz. No hay felicidad en dormir sin sue?os, sino solamente en despertarse sabiendo que se ha dormido sin sue?os.?
La felicidad est? fuera de la felicidad.?
No hay felicidad sino con conocimiento. Pero el conocimiento de la felicidad es infeliz; porque saberse feliz es conocerse pasando por la felicidad, y teniendo, en seguida, que dejarla atr?s. Saber es matar, en la felicidad como en todo. No saber, sin embargo, es no existir.?
S?lo el absoluto de Hegel ha conseguido, en las p?ginas, ser dos cosas al mismo tiempo. El no-ser y el ser no se funden y confunden en las sensaciones y razones de la vida: se excluyen, mediante una s?ntesis al rev?s.?
?Qu? hacer? Aislar el momento como una cosa y ser feliz ahora, en el momento en que se siente la felicidad, sin pensar m?s que en lo que se siente, excluyendo lo dem?s, excluy?ndolo todo. Enjaular al pensamiento en la sensaci?n, (...) la clara sonrisa maternal de la tierra plena, el esplendor cerrado de las tinieblas altas, (...)?
Es ?sta mi creencia, esta tarde. Ma?ana por la ma?ana no ser? ?sta, porque ma?ana por la ma?ana ser? ya otro. ?Qu? creyente ser? ma?ana? No lo s?, porque ser?a preciso estar all? para saberlo. Ni el Dios eterno en el que hoy creo la sabr? ma?ana ni hoy, porque hoy soy yo y ma?ana quiz?s ya no haya existido ?l nunca.


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Tags: FERNANDO PESSOA, Libro del desasosiego

Publicado por carmenlobo @ 14:56  | Literatura
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