Mi?rcoles, 30 de marzo de 2011

EL SILENCIO DE LAS SIRENAS?

Franz Kafka

Existen m?todos insuficientes, casi pueriles, que tambi?n pueden servir para la salvaci?n. He aqu? la prueba:

Para protegerse del canto de las sirenas, Ulises tap? sus o?dos con cera y se hizo encadenar al m?stil de la nave. Aunque todo el mundo sab?a que este recurso era ineficaz, muchos navegantes pod?an haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atra?dos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasi?n de los seducidos habr?a hecho saltar prisiones m?s fuertes que m?stiles y cadenas. Ulises no pens? en eso, si bien quiz? alguna vez, algo hab?a llegado a sus o?dos. Se confi? por completo en aquel pu?ado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus peque?as estratagemas, naveg? en pos de las sirenas con alegr?a inocente.

Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho m?s terrible que el canto: su silencio. No sucedi? en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ning?n sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.

En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pas? Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo s?lo pod?a herirlo el silencio, tal vez porque el espect?culo de felicidad en el rostro de Ulises, quien s?lo pensaba en ceras y cadenas, les hizo olvidar toda canci?n.

Ulises (para expresarlo de alguna manera) no oy? el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que s?lo ?l estaba a salvo. Fugazmente, vio primero las curvas de sus cuellos, la respiraci?n profunda, los ojos llenos de l?grimas, los labios entreabiertos. Cre?a que todo era parte de la melod?a que flu?a sorda en torno de ?l. El espect?culo comenz? a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba m?s pr?ximo, ya no supo m?s acerca de ellas.

Y ellas, m?s hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus h?medas cabelleras al viento, abr?an sus garras acariciando la roca. Ya no pretend?an seducir, tan s?lo quer?an atrapar por un momento m?s el fulgor de los grandes ojos de Ulises.

Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habr?an desaparecido aquel d?a. Pero ellas permanecieron y Ulises escap?.

La tradici?n a?ade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por m?s que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan s?lo represent? tama?a farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.

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Image:?Ulysse et les sir?nes, Herbert Draper

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Publicado por carmenlobo @ 13:42  | Literatura
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