Lunes, 28 de marzo de 2011

Guillermo-Orsi3

La exclusi?n social, por Guillermo Orsi

Causa y efecto del subdesarrollo

Jueves 17 de Marzo de 2011?

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Si algo caracteriza al subdesarrollo es la actitud excluyente de sus clases dominantes. Causa y efecto, la exclusi?n social se consolida al paso del tiempo y contraviniendo toda normativa, por bienintencionada que sea.

La Argentina no es una excepci?n. Y su historia lo demuestra. Nacida como naci?n hacia mediados del siglo diecinueve, tras la batalla de Caseros y con la promulgaci?n de una Constituci?n inspirada ?ya entonces- en la de los Estados Unidos de Norteam?rica, el proyecto pol?tico y econ?mico se nutri? con la llamada ?conquista del desierto?, campa?a militar de ocupaci?n y exterminio de las poblaciones nativas, al cabo de la cual millones de hect?reas fueron incorporadas al patrimonio de las clases dominantes.
El primer centenario, en 1910, se celebr? a toda pompa. La Argentina ya era lo que luego ser?a: un ?pa?s estancia?, regido por capataces y explotado por sus patrones, bajo el marco de una democracia ama?ada por recurrentes golpes de estado, cada vez que alg?n gobierno de los que hoy llamar?an ?populistas? pretend?a implementar alg?n t?mido proceso de redistribuci?n de la riqueza.

Primero el radicalismo irigoyenista y luego el peronismo fueron oportunamente desalojados del poder ?que hab?an alcanzado con el voto popular. Al peronismo se lo calific? como dictadura ?lo que hoy se replica en la prensa internacional con el gobierno de Hugo Ch?vez, en Venezuela? y, producido su sangriento derrocamiento en 1955 ?con centenares de muertos en las calles, durante el bombardeo del 16 de junio?, un decreto de la autodenominada ?revoluci?n libertadora? prohibi? nombrar a Per?n. La prohibici?n, lejos de ser removida durante los gobiernos civiles que se sucedieron, se mantuvo vigente hasta 1973.
La utop?a revolucionaria que levant? la juventud de entonces ?desde diversos sectores y partidos pol?ticos, organizaciones populares de toda clase y no exclusivamente los grupos armados minoritarios que servir?an de excusa para desatar luego el terrorismo de estado? se ir?a apagando en los campos de concentraci?n de la dictadura instalada a partir de 1976. Cuando, vencida la Argentina en su aventura militar en Malvinas, volvi? la democracia, ya el mundo estaba en un acelerado proceso de cambio, cuyo cl?max se produjo con la ca?da del Muro de Berl?n, en 1989. Se anunci? entonces ?el fin de la historia?. Surfeando sobre esa ola del capitalismo en triunfo y al calor de la crisis de la deuda externa que se llev? puesto al gobierno radical de Ra?l Alfons?n, el menemismo triunfante desmantel? al estado.

Una vez m?s el entusiasmo excluyente golpe? sobre toda pol?tica progresista. Desarticul? la educaci?n p?blica que desde el siglo anterior hab?a sostenido la naci?n, entreg?ndola a provincias y municipios devastados por las crisis. Lo mismo sucedi? con la salud. Los ferrocarriles dejaron de funcionar y hasta se levantaron rieles para vender el acero y los durmientes de quebracho, se liquid? la petrolera estatal, las compa??as de telecomunicaciones y la aerol?nea de bandera, se evapor? el ahorro de los trabajadores entregando la seguridad social a manos privadas, se regalaron los medios audiovisuales a los grandes propietarios de la prensa, se indult? a los genocidas.

Es un lugar com?n culpar al gobierno siguiente por la crisis de 2001, el corralito y sus muertos en las calles durante las movilizaciones populares de diciembre. La ineptitud de Fernando De la R?a no lo disculpa ni empeque?ece su responsabilidad, pero el pa?s que acept? gobernar hab?a sido convertido en una trampa cazabobos. La explosi?n era inevitable.
La devaluaci?n de la moneda argentina y del conjunto de la ciudadan?a ?la pobreza trep? en 2002 a m?s de la mitad de la poblaci?n? abri? una nueva oportunidad para que el poder real hiciera su agosto. Presidentes de un d?a o de una semana antecedieron a la experiencia del peronista Duhalde ?ide?logo y gestor, aunque no el ?nico, de planes que hoy caracterizar?amos como destituyentes. Al cabo de poco m?s de un a?o, a Duhalde le dieron a probar su propia medicina, con los asesinatos policiales de los piqueteros Kostequi y Santill?n, en Avellaneda. Hubo elecciones urgentes y, cr?ase o no, en primera vuelta volvi? a ganar Carlos Menem.
Pero 2003, a?o de las elecciones, ya qued? muy lejos de aquel 2001 en el que se derrumbaron las Torres Gemelas de Nueva York y el sue?o de una Argentina del primer mundo. Menem renunci? al desaf?o de una segunda vuelta que, con el peronismo en contra, le habr?a significado una humillaci?n para la que, tras una d?cada de poder casi absoluto y de endiosamiento por parte de las clases dominantes, no estaba preparado.

Y apareci? en escena N?stor Kirchner, gobernador de una remota provincia del sur profundo, despoblada y ?rida, con menos habitantes que cualquier ciudad mediana de provincia. ?Qui?n conoc?a a Kirchner? Duhalde, ya que ?l lo eligi? virtualmente a dedo. Duhalde sab?a que si algo caracterizaba a Kirchner ?y a su esposa- era la capacidad de acumular poder y defenderlo.
Planes perfectos suelen fracasar en su implementaci?n. Kirchner hizo lo que se esperaba de ?l, acumular poder y ejercerlo. Su esposa, sucesora en una curiosa democracia con veleidades mon?rquicas, enfrent? a su turno a esa misma clase dominante ensoberbecida por el ?xito de sus pol?ticas de exclusi?n social y subdesarrollo secular.
La lucha tuvo su despegue con el conflicto por las retenciones agropecuarias, desatado a pocos meses de iniciado el mandato de Cristina Fern?ndez. La escalada posterior, incluido el enfrentamiento con el grupo Clar?n, es parte de esa larga batalla por el poder, en una sociedad que no ha resuelto a?n sus problemas b?sicos.

La exclusi?n social que caracteriza al subdesarrollo sigue vigente. La utop?a de los ?70, su secuela de represi?n salvaje y el ciego liberalismo de los ?90 son los fundamentos de una historia de violencias y esperanza, en un continente que reci?n en el siglo 21 parecer?a estar prepar?ndose y uni?ndose para crecer en paz, ser menos injusto e intentar ser libre de verdad.?
No se llegar? a ese anhelado objetivo sin conflictos. Los intereses que se oponen al desarrollo arm?nico de las naciones son muy poderosos y no dependen de que un gobierno sea reemplazado por otro, aunque la democracia y un proyecto de naci?n para todos sean indispensables.

Depende, s?, de nuestra lucidez y coraje. De nuestra capacidad de compromiso y de que nunca, y bajo ninguna circunstancia, el precio de ser libres nos parezca demasiado alto.?

?Revista Question

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  • GUILLERMO ORSI

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Guillermo-Orsi2Escritor y periodista argentino, naci? en Buenos Aires el 8 de noviembre de 1946. Ha dedicado su carrera literaria a profundizar en el g?nero negro, en el que est? considerado como uno de los actuales maestros en lengua castellana. Ha ganado cert?menes tan importantes como el ?Premio Emec? 1978? por El vag?n de los locos, el ?Umbriel de la Semana Negra? por Sue?os de perro (2004) y el ?Ciudad de Carmona? por Nadie ama a un polic?a (2007). Con Ciudad Santa obtuvo el premio Hammet 2010 a la mejor novela negra publicada en castellano durante el 2009.

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Tags: La exclusión social, por, Guillermo Orsi

Publicado por carmenlobo @ 14:27  | Latinoamerica
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