Domingo, 20 de febrero de 2011

Sobre violaciones y fascistas

?Patente de corso, por Arturo P?rez-Reverte

?

Si algo desvirt?a y ahueca las palabras, vaci?ndolas de?significado, es la estupidez de quienes abusan de ellas. Me refiero a ?sos que entran a saco en el diccionario -que encima no consultan jam?s- y, con la ausencia de complejos del analfabeto o el capullo en flor, machacan un t?rmino al que convierten en perejil de todas las salsas, retorciendo su sentido original hasta que no puede reconocerlo ni la madre que lo pari?. Y al cabo, cuando la gente seria necesita esa palabra para usarla en su sentido exacto, se encuentra con que la infeliz comparece tan ajada y maltrecha que no sirve para nada. Los que cada d?a trabajamos d?ndole a la tecla, eso lo notamos mucho. Como tambi?n lo aprecia cualquiera que tenga sentido com?n y se fije. Puesto en verso, es lo que le ocurre al pobre Luis Mej?as con do?a Ana de Pantoja, en el?Tenorio, cuando dice aquello de:??Don Juan, yo la amaba, s?. / Mas con lo que hais osado / imposible la hais dejado / para vos y para m??.?

Un ejemplo, entre muchos, es la palabra fascista; que, de aludir al?movimiento nacionalista surgido en Italia despu?s de la Primera Guerra Mundial, con su encarnaci?n hispana en el falangismo y otras tendencias hermanas, pas? a definir durante la Guerra Civil, en boca de la izquierda radical, al bando nacional e incluso a los republicanos moderados. Heredada por el franquismo, la palabra fue patrimonio de la ultraderecha durante la Transici?n, antes de verse felizmente olvidada durante veinte a?os. Pero en los ?ltimos tiempos ha vuelto a ponerse de moda. La necesidad, a falta de coherencia ideol?gica propia, de poner etiquetas al adversario, hace que ahora se aplique a cualquier persona o situaci?n que se aparte, no ya de una posici?n de izquierda, sino de lo social y pol?ticamente correcto, e incluso de la m?s fresca tonter?a de moda. As?, alguien que se peine con fijador o vista con correcci?n puede ser calificado de fascista, igual que el aficionado a los toros, quien enciende un cigarrillo o el que ejerce violencia dom?stica. Todo se presenta en el mismo paquete, el de fascistas o fachas, como si fuera improbable que alguien de izquierdas se peine con raya, fume, le guste ir a los toros o le pegue a una mujer. Por supuesto, quien m?s jugo saca al t?rmino es la clase pol?tica: ni los del Pep? de Murcia se cortaron llamando fascistas -en vez de animales miserables y cobardes, que es lo adecuado- a quienes apalearon hace unos d?as a su consejero de Cultura, ni un consejero de la junta andaluza llamado Pizarro se priv? de llamar fascistas a los funcionarios, algunos afiliados a su mismo partido, o votantes de ?l, que boicotean los actos del Pesoe.?

La cosa no se limita a Espa?a, claro. Con los tiempos que corren y?los que van a correr, la tonter?a es internacional. Pensaba en eso leyendo las manifestaciones de unas ecologistas inglesas que aseguraban??sentirse violadas??porque el compa?ero de lucha con el que se dieron muchos, repetidos y voluntarios homenajes carnales, result? ser un polic?a infiltrado. Y claro. La diferencia entre irse a la cama con un ecologista o con un polic?a es que el txakurra te viola. T? puede que no te percates; pero ?l, en su fuero interno, sabe que te viola. El fascista. Frente a eso, ya me dir?n ustedes qu? palabra reservamos al violador de verdad; al que fuerza sexualmente a una mujer -o a un hombre, que siempre olvidamos ese detalle- abusando de su vigor f?sico, de la amenaza, del estatus econ?mico o social. Al aut?ntico hijo de puta de toda la vida. Pues, si de violar en serio hablamos, les aseguro que ni idea tienen ciertos gilipollas y ciertas gilipollos. Preg?ntenle a M?rquez y a los colegas con los que and?bamos por los Balcanes qu? es violar de verdad, y a lo mejor los pillan relajados y se lo cuentan. Mujeres entre los escombros de sus casas, degolladas despu?s de pasarles por encima docenas de serbios o croatas. Hoteles llenos de j?venes apresadas para disfrute de la tropa, a las que se pegaba un tiro cuando quedaban pre?adas. O aquella ciudad de Eritrea, abril de 1977, cuando un jovenc?simo reportero que ustedes conocen tuvo el amargo privilegio de asistir, impotente, a la caza de cuanta mujer de nacionalidad et?ope quedaba a mano. Igual un d?a les cuento con detalle c?mo gritan, primero, y luego, al quinto o sexto golpe, se callan y aguantan resignadas, gimiendo como animales. Supongo que para individuas como Pilar Rahola, Mar?a Antonia Iglesias y otras joyas de la telemierda, que tras vivir de la pol?tica viven ahora de la demagogia pseudofeminista imb?cil, el arriba firmante tendr?a que haber evitado aquello: persuadir a mil quinientos t?os con escopetas de que lo que hac?an estaba feo. Seguro que las antedichas y otros cantama?anas de ambos sexos lo habr?an evitado, con dos cojones. Interponi?ndose. As? que seguramente me llamar?n violador pasivo, por defecto.?

Y fascista.


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Publicado por carmenlobo @ 19:48  | P?rez-Reverte, Arturo
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