Lunes, 17 de enero de 2011

Patente de corso, por Arturo P?rez-Reverte

Estoy de acuerdo, se?ora m?a. Fui injusto cuando dije que?madame Bovary era idiota. O cuando lo dijo uno de mis personajes; que es lo mismo, aunque no del todo. Se lo dijo Makarova, la lesbiana due?a de un bar, al cazador de libros Lucas Corso, en?El club Dumas. Y como digo, tal vez sea verdad lo de injusto. O cruel. Puede que mi capacidad de compasi?n disminuya con los a?os y con el espect?culo -grotesco, inagotable- de la nunca sorprendente estupidez humana, incluida la m?a. Y es cierto. Quiz? sea injusto enternecerse con don Quijote y despreciar a Emma Bovary. A los dos se les fue la olla creyendo que la vida pod?a ser como en las novelas baratas; y es verdad que late el mismo idealismo tr?gico en salir a deshacer entuertos que a buscar una pasi?n amorosa en un pueblecito de provincias. Hasta ah?, estamos de acuerdo.?

Sin duda la peor idiotez de madame Bovary fue el dinero.Entramparse hasta el cors?. Si hubiera tenido sentido com?n, o recursos econ?micos, otro habr?a sido su destino. Pero ni el estatus social ni el momento eran adecuados para una pobre so?adora provinciana. Cuanto tuvo en su vida fueron dos imb?ciles y medio: sus dos amantes y el marido. Y por supuesto: si hubieran sido treinta los hombres de su vida, habr?an sido treinta imb?ciles. Tambi?n reconozco que es dif?cil arregl?rselas cuando no s?lo la satisfacci?n sexual, sino las posibilidades de sentirse amada y acompa?ada, dependen de un mundo de hombres que te acusan de puta si lo intentas y de idiota si fracasas. Hay poco espacio ah? para los h?roes, en efecto. Para las hero?nas. Y resulta una soberbia injusticia pedir a todas las mujeres que se curtan para sobrevivir. Que sean hembras fatales o chicas duras. Que sean T?nger Soto, Lolita Palma o Macarena Bruner; o la Reina del Sur despu?s de haber sido Teresita Mendoza en Culiac?n. Es injusto, desde luego, sentir simpat?a por Homer Simpson, o por cualquier Manolo de barriga cervecera, y despreciar a do?a Maruja por no ser capaz de escupir a la cara y hacerse matar -o matarlo ella a ?l- por un var?n miserable que no le llega ni a la altura del chichi.?

Pero ojo. Tampoco admiro a Pen?lope. Su absurda fidelidad?-veinte a?os de abstinencia y mojama entre las piernas- me saca de quicio; y tambi?n me repatea el h?gado ese palacio lleno de cortejadores gorrones y ab?licos que ni la violan, ni saquean la casa, ni hacen otra cosa que tumbarse a la bartola mientras ella deshoja la margarita. Creyendo esperar a que la presunta viuda escoja, los cretinos, cuando en realidad lo que hacen es dar tiempo a que Ulises llegue, lo reconozca su perro y tense el arco. Y ella, mientras, tejiendo y destejiendo en plan melindres calientapollas, en vez de llevarse al m?s guapo o al m?s rico al catre, o agarrar una escopeta con posta lobera, o lo que usaran en el siglo VIII antes de Cristo, y correrlos a todos a fogonazos hasta la orilla del mar color de vino. Hay muchas cosas notables que se han perdido en la historia de la Humanidad porque las mujeres que habr?an podido hacerlas, crearlas, se negaron a acostarse con hombres que les daban asco. Pero tambi?n, gracias a esas mujeres que no transigieron -vaya una cosa por la otra-, se han evitado muchas infamias y muchos prescindibles hijos de puta.?

Sin duda soy injusto con Pen?lope, como lo fui con Emma Bovary.S?lo soy un hombre torpe que mira, y que escribe sobre eso. Que tantea intentando comprender, haciendo frente a su estupidez y sus remordimientos de var?n con los personajes femeninos que, mejor o peor logrados, habitan el mundo que narro. Pero de algo estoy seguro. A la hora de escoger h?roes para mis novelas, prefiero ser injusto a complaciente. Quiero lobas y no ovejas. En tal sentido, estoy seguro de que la mujer l?cida es el ?nico personaje literario apasionante que nos queda, el ?nico h?roe posible en el siglo XXI: soldado perdido en un territorio enemigo, de reglas hechas por los hombres. Mujeres intentando sobrevivir, llegar al mar y volver a casa. O encontrarla, al fin. Una casa propia, una vida normal. Hero?nas a su pesar, luchando por el derecho, luego, a ser vulgares. Creo que la capacidad de sorpresa que ofrece el h?roe masculino est? agotada tras veintinueve siglos de literatura. El hombre se repite a s? mismo, o lo que resta de ?l, mientras que la mujer entr? en esta centuria haciendo frente a desaf?os nuevos, todav?a no escritos. Arriesg?ndose como los exploradores que anta?o se adentraban por la tierra inc?gnita dibujada en los espacios en blanco de los mapas. Por eso no son tiempos, los m?os, de compasi?n literaria ni de justicia narrativa. A estas alturas, madame Bovary me importa un carajo. Existe, sin duda. Con sus tres o sus treinta imb?ciles. Y seguir? existiendo. Pero no pienso escribir sobre ella. Que la compadezcan otros.


Tags: Sobre mujeres y héroes, Patente de corso, Arturo Pérez-Reverte

Publicado por carmenlobo @ 20:39  | P?rez-Reverte, Arturo
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