Lunes, 06 de diciembre de 2010

Internet y desparrame

Patente de corso, por Arturo P?rez-Reverte


Me sorprenden algunos amigos lectores porque, tras diecisiete a?os escribiendo ajustes de cuentas semanales -que para mi salud mental como espa?ol resultan de lo m?s higi?nico-, hace poco se montara un pifostio en torno a cierto comentario m?o, hecho en un humilde rinc?n de la red social Twitter, sobre la opini?n personal y razonada que tengo de la gesti?n pol?tica de cierto ministro pasado a peor vida (apuntemos, de paso, que seg?n la 22? edici?n del diccionario de la RAE y en la quinta acepci?n del palabro, un mierda -escrito con art?culo masculino- significa, literalmente, persona sin cualidades y m?ritos). Como digo, se extra?an esos amigos de que en todos estos largos y tormentosos a?os nunca se montara cisco semejante, pese a que, como certificar?n los responsables de XLSemanal, algunos de sus cabellos encanecidos se deben a esta p?gina pecadora; en la que, aparte disgustos empresariales con anunciantes y poderes m?s o menos f?cticos, el tel?fono y el correo tuvieron momentos de gloria, lo mismo en tiempos de la Espa?a prepotente, meapilas, ladrillera y ca?? del amigo ?nsar, que cuando no hace mucho coment? los sentimientos que la vista del palacio de las Cortes despierta en mi esp?ritu, o cuando dediqu? un art?culo -Permitidme tutearos, imb?ciles- a la pol?tica educativa espa?ola de los hunos y los hotros: esa casta pol?tica demagoga y oportunista que ha conseguido hacernos analfabetos en diecisiete libros de texto y cuatro idiomas distintos, sin contar el bable asturiano y la fabla aragonesa. Ni siquiera lleg? a tanto cuando, gobernando el Pep?, glos? en t?rminos contundentes -dos sustantivos con preposici?n en medio- la figura de P?o XII, el papa entra?able que se hac?a fotos m?sticas con un pajarito posado en un dedo mientras los nazifascistas deportaban y gaseaban a cientos de miles de jud?os bajo sus pastorales narices. Dense ustedes una vuelta por el gueto jud?o de Roma, por ejemplo, que todav?a est? all?. Miren las placas conmemorativas y sabr?n a qu? me refiero.

La respuesta a por qu? en esos y otros casos el desparrame no lleg? a tanto, mientras que en ?ste varios ministros -en su acepci?n gen?rica de hombres y mujeres que ocupan el cargo- me concedieron el privilegio de pronunciar mi nombre en los telediarios, es lamentablemente obvia: Internet, las redes sociales y la obligada simplificaci?n de muchos de sus mensajes, se caracterizan por la potente difusi?n, el acceso indiscriminado y la f?cil superficialidad. Cualquier mensaje puesto all? puede rebotarse millones de veces con extrema rapidez. Adem?s, todo usuario, desde la l?cida mente cient?fica hasta el cretino m?s tarado que imaginar podamos, tiene a mano expresar su opini?n en Internet bajo nombre real o fingido, con la simplicidad de darle a una tecla y la impunidad opcional del anonimato. Con el incierto resultado de que lo mismo valen estad?sticamente las opiniones del escritor y caballero Mario Vargas Llosa, del profesor Gregorio Salvador o del cient?fico y acad?mico Jos? Manuel S?nchez Ron, que las de cualquier ti?alpa analfabeto y con seud?nimo que decida asomarse a la red.

Pero la causa principal, en mi opini?n, es la superficialidad. Una caracter?stica de Internet es que ah? todos corremos el riesgo de opinar, bas?ndonos en frases le?das al azar, fuera de contexto, o en mensajes mil veces rebotados y que se deforman y desnaturalizan por el camino, sobre cuanto la amistad, el entusiasmo, el rencor, la ideolog?a, la simple estupidez, hacen decir a unos tras leer de otros lo que, a su vez, ?stos aseguran que alguien dijo. Luego, ese despelote salta a ciertos medios informativos siempre ?vidos de titulares, de etiquetas f?ciles y de agua a su molino; notoriamente, en esta triste, cobarde y demag?gica Espa?a, donde tantos paniaguados rascatertulias a sueldo de sus amos, de ?sos que nunca pierden ning?n tren porque corren delante de cualquier locomotora, se ganan el jornal. De tal modo, una mara?a de informaci?n insustancial, hecha de comentarios inexactos, cuando no falsos o malintencionados, acaba suplantando el hecho real y los argumentos originales. Y al cabo es lo que queda. Perm?tanme un caso propio: hace poco publiqu? en esta p?gina un art?culo titulado Notario del horror. A las veinticuatro horas, en un lugar de Internet, una sucesi?n de usuarios estaba poni?ndome a parir por recomendar las memorias de un secretario judicial de Burgos, nada menos que capital rebelde durante la Guerra Civil. Por darle coba a un represor fascista. Hasta que otros internautas, que s? hab?an le?do el art?culo, les aclararon que el tal secretario judicial era de izquierdas y narraba las ejecuciones masivas de republicanos en aquella ciudad. Y que llamarme asalariado del Pep?, facha y nost?lgico del franquismo por alabar ese libro, resultaba, cuando menos, inexacto.


Publicado por carmenlobo @ 13:45  | P?rez-Reverte, Arturo
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