Martes, 23 de noviembre de 2010

Patente de corso, por Arturo P?rez-Reverte

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No s? si est? usted al corriente. Quiz?s, en uno de los doscientospuentes vacacionales que los espa?oles disfrutamos al a?o ?de la crisis nos va a sacar Rita la Cantaora? decida cambiar Canarias, Roma o Punta Cana por Auschwitz. Que igual le suena, aunque no me sorprender?a lo contrario. En cualquier caso, estoy seguro de que ese campo de exterminio, avi?n y hotel incluido por ciento ochenta euros m?s IVA, se convertir?a en destino de turismo masivo en cuanto la mafia de las agencias tur?sticas decidiera ponerlo de moda con tarifas y ofertas adecuadas. En cualquier caso, si usted se anima, sepa que tras visitar la c?mara de gas, las dos toneladas de pelo rapado y las monta?as de maletas y zapatos, podr? comprar en la tienda, justo al lado del sitio por donde entraban esos trenes con jud?os que salen en las pel?culas, postales de Auschwitz y de Birkenau para mandar a las amistades ?Esto es muy fuerte, deber?as verlo. Besos. Manolo.?, e incluso bonitos carteles para adornar la pared, en plan p?ster, por el m?dico precio de diez zlotys polacos, que son tres euros de nada.?

Pero sobre todo, si viaja all?, lo genial es que usted y su familia,?o su pareja, o quien pu?etas le haga compa??a, podr?n inflarse a sacar fotos: cientos, miles de fotos con la c?mara del tel?fono m?vil. ?sa que ahora todos disparan con la celeridad del rel?mpago en cualquier circunstancia, clic, clic, clic. Rel?mase de gusto: fotos de las alambradas, de los barracones, de las ruinas del crematorio n?mero 2, de la escultura que reproduce con realismo ?Parece que est?n vivos, Encarni, retr?tame con ellos, anda? los cuerpos esquel?ticos de tres prisioneros. Fotos de otras fotos que los nazis tomaron y que ahora ilustran las paredes del museo con momentos gloriosos en la historia de Alemania y la raza aria. Fotos de latas de veneno, montones de gafas, pr?tesis, brochas de afeitar. Fotos de aqu? te pillo y aqu? te mato, usted mismo sonriendo con una mano puesta en la alambrada, o la ineludible instant?nea bajo el arco de la entrada con el r?tulo ?Arbeit macht frei?: El trabajo libera. Fotos, en fin, f?ciles de hacer gracias a la tecnolog?a moderna, listas para ser enviadas en el acto a la familia, a los amigos, a los compa?eros de trabajo. O a su se?ora madre de usted. Fotos hechas con tanta frivolidad y tanto despego como lo que somos cada vez m?s. Como lo que seremos ya para siempre. Ayer presenci? en Madrid un accidente de autom?vil.?

Catacl?s. Nada importante: un le?azo entre dos coches, con?mucho ruido, airbags dispar?ndose y toda la parafernalia. Hab?a cerca unas cincuenta personas; y no exagero en absoluto si digo que al menos treinta sacaron sus tel?fonos m?viles y se pusieron a fotografiar la escena. No s? para qu? deseaban registrar aquello, la verdad. Qu? utilidad tendr?a conservar la imagen de dos coches abollados. Pero el caso es que as? lo hicieron, clic, clic, clic, y luego siguieron su camino, la mayor parte sin preocuparse de averiguar si alg?n conductor necesitaba ayuda. Ten?an la foto, y punto. Hab?an cumplido con la exigencia de un ritual tan f?cil y barato como el fin de semana en Canc?n. Si alguien hubiera preguntado el motivo, lo habr?an mirado con desconcierto y sincera sorpresa. Para qu?, entonces, tienes una c?mara gratis en el m?vil, ser?a la respuesta. ?Para no usarla? Y as? van por la vida, y as? vamos. Sin detenernos siquiera. Sin ver el mundo m?s que a trav?s de un tel?fono m?vil o una pantalla de televisi?n. Luego nos preguntan por lo que fotografiamos y se nos pone cara de escuchar una gilipollez. ?Pues qu? va a ser? El motorista que se ha partido el espinazo, la se?ora desmayada en la calle, el manifestante que rompe escaparates, la mancha de sangre en la acera.?

Lo de menos es averiguar las causas y las consecuencias. La?foto capturada con nuestro tel?fono m?vil, el acto mec?nico de tomarla, sustituye a todo lo dem?s. As? podemos pasar por Auschwitz como los reba?os de borregos que somos, sin detenernos ni hacer preguntas, como pasamos frente al Coliseo de Roma, Las Meninas, la plaza de las Torres Gemelas de Nueva York, el tipo al que acaban de dar un navajazo y se desangra en el suelo, el coche despanzurrado en la carretera con cuatro pares de piernas asomando bajo las mantas. Sin mirar apenas, sin indagar siquiera qu? ha pasado all?. Sin importarnos un carajo lo que vemos. Clic, clic, clic. Es gratis y no requiere esfuerzo. Luego seguimos adelante, a lo nuestro. Ya lo analizaremos otro d?a. Y si no, tampoco pasa nada. ?V?ctimas? ?Verdugos? ?C?mplices? Para qu? meternos en dibujos. Tener la foto es lo que cuenta. Archivarla est?rilmente con el resto del mundo y la vida. Un instante de imagen. Luego, nada. El vac?o absoluto. La anestesia del olvido.


Tags: FOTOGRAFÍE AUSCHWITZ, CAB

Publicado por carmenlobo @ 11:28  | P?rez-Reverte, Arturo
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