Martes, 09 de noviembre de 2010

En 1959, Julio Cort?zar publica?El Perseguidor, su c?lebre cuento sobre Charlie Parker.

D?d?e me ha llamado por la tarde dici?ndome que Johnny no estaba bien, y he ido en seguida al hotel. Desde hace unos d?as Johnny y D?d?e viven en un hotel de la rue Lagrange, en una pieza del cuarto piso. Me ha bastado ver la puerta de la pieza para darme cuenta de que Johnny est? en la peor de las miserias; la ventana da a un patio casi negro, y a la una de la tarde hay que tener la luz encendida si se quiere leer el diario o verse la cara. No hace fr?o, pero he encontrado a Johnny envuelto en una frazada, encajado en un ro?oso sill?n que larga por todos lados pedazos de estopa amarillenta. D?d?e est? envejecida, y el vestido rojo le queda muy mal; es un vestido para el trabajo, para las luces de la escena; en esa pieza del hotel se convierte en una especie de co?gulo repugnante.

-El compa?ero Bruno es fiel como el mal aliento -ha dicho Johnny a manera de saludo, remontando las rodillas hasta apoyar en ellas el ment?n. D?d?e me ha alcanzado una silla y yo he sacado un paquete de Gauloises. Tra?a un frasco de ron en el bolsillo, pero no he querido mostrarlo hasta hacerme una idea de lo que pasa. Creo que lo m?s irritante era la lamparilla con su ojo arrancado colgando del hilo sucio de moscas. Despu?s de mirarla una o dos veces, y ponerme la mano como pantalla, le he preguntado a D?d?e si no pod?amos apagar la lamparilla y arreglarnos con la luz de la ventana. Johnny segu?a mis palabras y mis gestos con una gran atenci?n distra?da, como un gato que mira fijo pero que se ve que est? por completo en otra cosa; que es otra cosa. Por fin D?d?e se ha levantado y ha apagado la luz. En lo que quedaba, una mezcla de gris y negro, nos hemos reconocido mejor. Johnny ha sacado una de sus largas manos flacas de debajo de la frazada, y yo he sentido la fl?ccida tibieza de su piel. Entonces D?d?e ha dicho que iba a preparar unos nescaf?s. Me ha alegrado saber que por lo menos tienen una lata de nescaf?. Siempre que una persona tiene una lata de nescaf? me doy cuenta de que no est? en la ?ltima miseria; todav?a puede resistir un poco.

-Hace rato que no nos ve?amos -le he dicho a Johnny-. Un mes por lo menos.

-T? no haces m?s que contar el tiempo -me ha contestado de mal humor-. El primero, el dos, el tres, el veintiuno. A todo le pones un n?mero, t?. Y ?sta es igual. ?Sabes por qu? est? furiosa? Porque he perdido el saxo. Tiene raz?n, despu?s de todo.

-?Pero c?mo has podido perderlo? -le he preguntado, sabiendo en el mismo momento que era justamente lo que no se le puede preguntar a Johnny.

-En el m?tro -ha dicho Johnny-. Para mayor seguridad lo hab?a puesto debajo del asiento. Era magn?fico viajar sabiendo que lo ten?a debajo de las piernas, bien seguro.

-Se dio cuenta cuando estaba subiendo la escalera del hotel -ha dicho D?d?e, con la voz un poco ronca-. Y yo tuve que salir como una loca a avisar a los del m?tro, a la polic?a.

Por el silencio siguiente me he dado cuenta de que ha sido tiempo perdido. Pero Johnny ha empezado a re?rse como hace ?l, con una risa m?s atr?s de los dientes y de los labios.

-Alg?n pobre infeliz estar? tratando de sacarle alg?n sonido -ha ,dicho-. Era uno de los peores saxos que he tenido nunca; se ve?a que Doc Rodr?guez hab?a tocado en ?l, estaba completamente deformado por el lado del alma. Como aparato en s? no era malo, pero Rodr?guez es capaz de echar a perder un Stradivarius con solamente afinarlo.

-?Y no puedes conseguir otro?

-Es lo que estamos averiguando -ha dicho D?d?e-. Parece que Rory Friend tiene uno. Lo malo es que el contrato de Johnny...

-El contrato -ha remedado Johnny-. Qu? es eso del contrato. Hay que tocar y se acab?, y no tengo saxo ni dinero para comprar uno, y los muchachos est?n igual que yo.

Esto ?ltimo no es cierto, y los tres lo sabemos. Nadie se atreve ya a prestarle un instrumento a Johnny, porque lo pierde o acaba con ?l en seguida. Ha perdido el saxo de Louis Rolling en Bordeaux, ha roto en tres pedazos, pisote?ndolo y golpe?ndolo, el saxo que D?d?e hab?a comprado cuando lo contrataron para una gira por Inglaterra. Nadie sabe ya cu?ntos instrumentos lleva perdidos, empe?ados o rotos. Y en todos ellos tocaba como yo creo que solamente un dios puede tocar un saxo alto, suponiendo que hayan renunciado a las liras y a las flautas.

-?Cu?ndo empiezas, Johnny?

-No s?. Hoy, creo, ?eh, D??

-No, pasado ma?ana.

-Todo el mundo sabe las fechas menos yo -rezonga Johnny, tap?ndose hasta las orejas con la frazada-. Hubiera jurado que era esta noche, y que esta tarde hab?a que ir a ensayar.

-Lo mismo da -ha dicho D?d?e-. La cuesti?n es que no tienes saxo.

-?C?mo lo mismo da? No es lo mismo. Pasado ma?ana es despu?s de ma?ana, y ma?ana es mucho despu?s de hoy. Y hoy mismo es bastante despu?s de ahora, en que estamos charlando con el compa?ero Bruno y yo me sentir?a mucho mejor si me pudiera olvidar del tiempo y beber alguna cosa caliente.

-Ya va a hervir el agua, espera un poco.

-No me refer?a al calor por ebullici?n ha dicho Johnny. Entonces he sacado el frasco de ron y ha sido como si encendi?ramos la luz, porque Johnny ha abierto de par en par la boca, maravillado, y sus dientes se han puesto a brillar, y hasta D?d?e ha tenido que sonre?rse al verlo tan asombrado y contento. El ron con el nescaf? no estaba mal del todo, y los tres nos hemos sentido mucho mejor despu?s del segundo trago y de un cigarrillo. Ya para entonces he advertido que Johnny se retra?a poco a poco y que segu?a haciendo alusiones al tiempo, un tema que le preocupa desde que lo conozco. He visto pocos hombres tan preocupados por todo lo que se refiere al tiempo. Es una man?a, la peor de sus man?as, que son tantas. Pero ?l la despliega y la explica con una gracia que pocos pueden resistir. Me he acordado de un ensayo antes de una grabaci?n, en Cincinnati, y esto era mucho antes de venir a Par?s, en el cuarenta y nueve o el cincuenta. Johnny estaba en gran forma en esos d?as, y yo hab?a ido al ensayo nada m?s que para escucharlo a ?l y tambi?n a Miles Davis. Todos ten?an ganas de tocar, estaban contentos, andaban bien vestidos (de esto me acuerdo quiz? por contraste, por lo mal vestido y lo sucio que anda ahora Johnny), tocaban con gusto, sin ninguna impaciencia, y el t?cnico de sonido hacia se?ales de contento detr?s de su ventanilla, como un babuino satisfecho. Y justamente en ese momento, cuando Johnny estaba como perdido en su alegr?a, de golpe dej? de tocar y solt?ndole un pu?etazo a no s? qui?n dijo: "Esto lo estoy tocando ma?ana", y los muchachos se quedaron cortados, apenas dos o tres siguieron unos compases, como un tren que tarda en frenar, y Johnny se golpeaba la frente y repet?a: "Esto ya lo toqu? ma?ana, es horrible, Miles, esto ya lo toqu? ma?ana", y no lo pod?an hacer salir de eso, y a partir de entonces todo anduvo mal, Johnny tocaba sin ganas y deseando irse (a drogarse otra vez, dijo el t?cnico de sonido muerto de rabia), y cuando lo vi salir, tambale?ndose y con la cara cenicienta, me pregunt? si eso iba a durar todav?a mucho tiempo.

-Creo que llamar? al doctor Bernard -ha dicho D?d?e, mirando de reojo a Johnny, que bebe su ron a peque?os sorbos-. Tienes fiebre, y no comes nada.

-El doctor Bernard es un triste idiota -ha dicho Johnny, lamiendo su vaso-. Me va a dar aspirinas, y despu?s dir? que le gusta much?simo el jazz, por ejemplo Ray Noble. Te das una idea, Bruno. Si tuviera el saxo lo recibir?a con una m?sica que lo har?a bajar de vuelta los cuatro pisos con el culo en cada escal?n.

-De todos modos no te har? mal tomarte las aspirinas -he dicho, mirando de reojo a D?d?e-. Si quieres yo telefonear? al salir, as? D?d?e no tiene que bajar. Oye pero ese contrato... Si empiezas pasado ma?ana creo que se podr? hacer algo. Tambi?n yo puedo tratar de sacarle un saxo a Rory Friend. Y en el peor de los casos... La cuesti?n es que vas a tener que andar con m?s cuidado, Johnny.

-Hoy no -ha dicho Johnny mirando el frasco de ron-. Ma?ana, cuando tenga el saxo. De manera que no hay por qu? hablar de eso ahora. Bruno, cada vez que me doy mejor cuenta de que el tiempo... Yo creo que la m?sica ayuda siempre a comprender un poco este asunto. Bueno, no a comprender porque la verdad es que no comprendo nada. Lo ?nico que hago es darme cuenta de que hay algo. Como esos sue?os, no es cierto, en que empiezas a sospecharte que todo se va a echar a perder, y tienes un poco de miedo por adelantado; pero al mismo tiempo no est?s nada seguro, y a lo mejor todo se da vuelta como un panqueque y de repente est?s acostado con una chica preciosa y todo es divinamente perfecto.

D?d?e est? lavando las tazas y los vasos en un rinc?n del cuarto. Me he dado cuenta de que ni siquiera tienen agua corriente en la pieza; veo una palangana con flores rosadas y una jofaina que me hace pensar en un animal embalsamado. Y Johnny sigue hablando con la boca tapada a medias por la frazada, y tambi?n ?l parece un embalsamado con las rodillas contra el ment?n y su cara negra y lisa que el ron y la fiebre empiezan a humedecer poco a poco.

-He le?do algunas cosas sobre todo eso, Bruno. Es muy raro, y en realidad tan dif?cil... Yo creo que la m?sica ayuda, sabes. No a entender, porque en realidad no entiendo nada. -Se golpea la cabeza con el pu?o cerrado. La cabeza le suena como un coco.

-No hay nada aqu? dentro, Bruno, lo que se dice nada. Esto no piensa ni entiende nada. Nunca me ha hecho falta, para decirte la verdad. Yo empiezo a entender de los ojos para abajo, y cuanto m?s abajo mejor entiendo. Pero no es realmente entender, en eso estoy de acuerdo.

-Te va a subir la fiebre -ha rezongado D?d?e desde el fondo de la pieza.

-Oh, c?llate. Es verdad, Bruno. Nunca he pensado en nada, solamente de golpe me doy cuenta de lo que he pensado, pero eso no tiene gracia, ?verdad? ?Qu? gracia va a tener darse cuenta de que uno ha pensado algo? Para el caso es lo mismo que si pensaras t? o cualquier otro. No soy yo, yo. Simplemente saco provecho de lo que pienso, pero siempre despu?s, y eso es lo que no aguanto. Ah, es dif?cil, es tan dif?cil.. ?No ha quedado ni un trago?

Le he dado las ?ltimas gotas de ron, justamente cuando D?d?e volv?a a encender la luz; ya casi no se ve?a en la pieza. Johnny est? sudando, pero sigue envuelto en la frazada, y de cuando en cuando se estremece y hace crujir el sill?n.

-Me di cuenta cuando era muy chico, casi en seguida de aprender a tocar el saxo. En mi casa hab?a siempre un l?o de todos los diablos, y no se hablaba m?s que de deudas, de hipotecas. ?T? sabes lo que es una hipoteca? Debe ser algo terrible, porque la vieja se tiraba de los pelos cada vez que el viejo hablaba de la hipoteca, y acababan a los golpes. Yo tenia trece a?os... pero ya has o?do todo eso.

Vaya si lo he o?do; vaya si he tratado de escribirlo bien y ver?dicamente en mi biograf?a de Johnny.

-Por eso en casa el tiempo no acababa nunca, sabes. De pelea en pelea, casi sin comer. Y para colmo la religi?n, ah, eso no te lo puedes imaginar. Cuando el maestro me consigui? un saxo que te hubieras muerto de risa si lo ves, entonces creo que me di cuenta en seguida. La m?sica me sacaba del tiempo, aunque no es m?s que una manera de decirlo. Si quieres saber lo que realmente siento, yo creo que la m?sica me met?a en el tiempo. Pero entonces hay que creer que este tiempo no tiene nada que ver con... bueno, con nosotros, por decirlo as?.

Como hace rato que conozco las alucinaciones de Johnny, de todos los que hacen su misma vida, lo escucho atentamente pero sin preocuparme demasiado por lo que dice. Me pregunto en cambio c?mo habr? conseguido la droga en Par?s. Tendr? que interrogar a D?d?e, suprimir su posible complicidad. Johnny no va a poder resistir mucho m?s en ese estado. La droga y la miseria no saben andar juntas. Pienso en la m?sica que se est? perdiendo, en las docenas de grabaciones donde Johnny podr?a seguir dejando esa presencia, ese adelanto asombroso que tiene sobre cualquier otro m?sico. "Esto lo, estoy tocando ma?ana" se me llena de pronto de un sentido clar?simo, porque Johnny siempre est? tocando ma?ana y el resto viene a la zaga, en este hoy que ?l salta sin esfuerzo con las primeras notas de su m?sica.

Soy un cr?tico de jazz lo bastante sensible como para comprender mis limitaciones, y me doy cuenta de que lo que estoy pensando est? por debajo del plano donde el pobre Johnny trata de avanzar con sus frases truncadas, sus suspiros, sus s?bitas rabias y sus llantos. A ?l le importa un bledo que yo lo crea genial, y nunca se ha envanecido de que su m?sica est? mucho m?s all? de la que tocan sus compa?eros. Pienso melanc?licamente que ?l est? al principio de su saxo mientras yo vivo obligado a conformarme con el final. ?l es la boca y yo la oreja, por no decir que ?l es la boca y yo... Todo cr?tico, ay, es el triste final de algo que empez? como sabor, como delicia de morder y mascar. Y la boca se mueve otra vez, golosamente la gran lengua de Johnny recoge un chorrito de saliva de los labios. Las manos hacen un dibujo en el aire.

-Bruno, si un d?a lo pudieras escribir... No por m?, entiendes, a m? qu? me importa. Pero debe ser hermoso, yo siento que debe ser hermoso. Te estaba diciendo que cuando empec? a tocar de chico me di cuenta de que el tiempo cambiaba. Esto se lo cont? una vez a Jim y me dijo que todo el mundo se siente lo mismo, y que cuando uno se abstrae... Dijo as?, cuando uno se abstrae. Pero no, yo no me abstraigo cuando toco. Solamente que cambio de lugar. Es como en un ascensor, t? est?s en el ascensor hablando con la gente, y no sientes nada raro, y entre tanto pasa el primer piso, el d?cimo, el veintiuno, y la ciudad se qued? ah? abajo, y t? est?s terminando la frase que hab?as empezado al entrar, y entre las primeras palabras y las ?ltimas hay cincuenta y dos pisos. Yo me di cuenta cuando empec? a tocar que entraba en un ascensor, pero era un ascensor de tiempo, si te lo puedo decir asi. No creas que me olvidaba de la hipoteca o de la religi?n. Solamente que en esos momentos la hipoteca y la religi?n eran como el traje que uno no tiene puesto; yo s? que el traje est? en el ropero, pero a mf no vas a decirme que en ese momento ese traje existe. El traje existe cuando me lo pongo, y la hipoteca y la religi?n exist?an cuando terminaba de tocar y la vieja entraba con el pelo colg?ndole en mechones y se quejaba d? que yo le romp?a las orejas con esa-m?sica-del-diablo.

D?d?e ha tra?do otra taza de nescaf?, pero Johnny mira tristemente su vaso vac?o.

-Esto del tiempo es complicado, me agarra por todos lados. Me empiezo a dar cuenta poco a poco de que el tiempo no es como una bolsa que se rellena. Quiero decir que aunque cambie el relleno, en la bolsa no cabe m?s que una cantidad y se acab?. ?Ves mi valija, Bruno? Caben dos trajes, y dos pares de zapatos. Bueno, ahora imag?nate que la vac?as y despu?s vas a poner de nuevo los dos trajes y los dos pares de zapatos, y entonces te das cuenta de que solamente caben un traje y un par de zapatos. Pero lo mejor no es eso. Lo mejor es cuando te das cuenta de que puedes meter una tienda entera en la valija, cientos y cientos de trajes, como yo meto la m?sica en el tiempo cuando estoy tocando, a veces. La m?sica y lo que pienso cuando viajo en el m?tro.

-Cu?ndo viajas en el m?tro.

-Eh, s?, ah? est? la cosa -ha dicho socorronamente Johnny-. El m?tro es un gran invento, Bruno. Viajando en el m?tro te das cuenta de todo lo que podr?a caber en la valija. A lo mejor no perd? el saxo en el m?tro, a lo mejor...

Se echa a re?r, tose, y D?d?e lo mira inquieta. Pero ?l hace gestos, se r?e y tose mezclando todo, sacudi?ndose debajo de la frazada como un chimpanc?. Le caen l?grimas y se las bebe, siempre riendo.

-Mejor es no confundir las cosas -dice despu?s de un rato-. Lo perd? y se acab?. Pero el m?tro me ha servido para darme cuenta del truco de la valija. Mira, esto de las cosas el?sticas es muy raro, yo lo siento en todas partes. Todo es el?stico, chico. Las cosas que pacecen duras tienen una elasticidad...

Piensa, concentr?ndose.

-...una elasticidad retardada -agrega sorprendentemente. Yo hago un gesto de admiraci?n aprobatoria. Bravo, Johnny. El hombre que dice que no es capaz de pensar. Vaya con Johnny. Y ahora estoy realmente interesado por lo que va a decir, y ?l se da cuenta y me mira m?s socarronamente que nunca.

-?T? crees que podr? conseguir otro saxo para tocar pasado ma?ana, Bruno?

-S?, pero tendr?s que tener cuidado.

-Claro, tendr? que tener cuidado.

-Un contrato de un mes -explica la pobre D?d?e-. Quince d?as en la bo?te de R?my, dos conciertos y los discos. Podr?amos arreglarnos tan bien.

-Un contrato de un mes -remeda Johnny con grandes gestos-. La bo?te de R?my, dos conciertos y los discos. Be-bata-bop bop bop, chrrr. Lo que tiene es sed, una sed, una sed. Y unas ganas de fumar, de fumar. Sobre todo unas ganas de fumar.

Le ofrezco un paquete de Gauloises, aunque s? muy bien que est? pensando en la droga. Ya es de noche, en el pasillo empieza un ir y venir de gente, di?logos en ?rabe, una canci?n. D?d?e se ha marchado, probablemente a comprar alguna cosa para la cena. Siento la mano de Johnny en la rodilla.

-Es una buena chica, sabes. Pero me tiene harto. Hace rato que no la quiero, que no puedo sufrirla. Todav?a me excita, a ratos, sabe hacer el amor como... -junta los dedos a la italiana-. Pero tengo que librarme de ella, volver a Nueva York. Sobre todo tengo que volver a Nueva York, Bruno.

-?Para qu?? All? te estaba yendo peor que aqu?. No me refiero al trabajo sino a tu vida misma. Aqu? me parece que tienes m?s amigos.

-Si, est?s t? y la marquesa, y los chicos del club... ?Nunca hiciste el amor con la marquesa, Bruno?

-No.

-Bueno, es algo que... Pero yo te estaba hablando del m?tro, y no s? por qu? cambiamos de tema. El m?tro es un gran invento, Bruno. Un d?a empec? a sentir algo en el m?tro, despu?s me olvid?... Y entonces se repiti?, dos o tres d?as despu?s. Y al final me di cuenta. Es f?cil de explicar, sabes, pero es f?cil porque en realidad no es la verdadera explicaci?n. La verdadera explicaci?n sencillamente no se puede explicar. Tendr?as que tomar el m?tro y esperar a que te ocurra, aunque me parece que eso solamente me ocurre a m?. Es un poco as?, mira. ?Pero de verdad nunca hiciste el amor con la marquesa? Le tienes que pedir que suba al taburete dorado que tiene en el rinc?n del dormitorio, al lado de una l?mpara muy bonita, y entonces... Bah, ya est? ?sa de vuelta.

D?d?e entra con un bulto, y mira a Johnny.

-Tienes m?s fiebre. Ya telefone? al doctor, va a venir a las diez. Dice que te quedes tranquilo.

-Bueno, de acuerdo, pero antes le voy a contar lo del m?tro a Bruno. El otro d?a me di bien cuenta de lo que pasaba. Me puse a pensar en mi vieja, despu?s en Lan y los chicos, y claro, al momento me parec?a que estaba caminando por mi barrio, y ve?a las caras de los muchachos, los de aquel tiempo. No era pensar, me parece que ya te he dicho muchas veces que yo no pienso nunca; estoy como parado en una esquina viendo pasar lo que pienso, pero no pienso lo que veo. ?T? das cuenta? Jim dice que todos somos iguales, que en general (as? dice) uno no piensa por su cuenta. Pongamos que sea as?, la cuesti?n es que yo hab?a tomado el m?tro en la estaci?n de Saint-Michel y en seguida me puse a pensar en Lan y los chicos, y a ver el barrio. Apenas me sent? me puse a pensar en ellos. Pero al mismo tiempo me daba cuenta de que estaba en el m?tro, y vi que al cabo de un minuto m?s o menos lleg?bamos a Od?on, y que la gente entraba y sal?a. Entonces segu? pensando en Lan y vi a mi vieja cuando volv?a de hacer las compras, y empec? a verlos a todos, a estar con ellos de una manera hermos?sima, como hacia mucho que no sent?a. Los recuerdos son siempre un asco, pero esta vez me gustaba pensar en los chicos y verlos. Si me pongo a contarte todo lo que vi no lo vas a creer porque tendr?a para rato. Y eso que ahorrar?a detalles. Por ejemplo, para decirte una sola cosa, ve?a a Lan con un vestido verde que se pon?a cuando iba al Club 33 donde yo tocaba con Hamp. Ve?a el vestido con unas cintas, un mo?o, una especie de adorno al costado y un cuello... No al mismo tiempo, sino que en realidad me estaba paseando alrededor del vestido de Lan y lo miraba despacio. Y despu?s mir? la cara de Lan y la de los chicos, y despu?s m? acord? de Mike que viv?a en la pieza de al lado, y c?mo Mike me hab?a contado la historia de unos caballos salvajes en Colorado, y ?l que trabajaba en un rancho y hablaba sacando pecho como los domadores de caballos...

-Johnny -ha dicho D?d?e desde su rinc?n.

-F?jate que solamente te cuento un pedacito de todo lo que estaba pensando y viendo. ?Cu?nto har? que te estoy contando este pedacito?

-No s?, pongamos unos dos minutos.

-Pongamos unos dos minutos -remeda Johnny-. Dos minutos y te he contado un pedacito nada m?s. Si te contara todo lo que les vi hacer a los chicos, y c?mo Hamp tocaba Save it, pretty mamma y yo escuchaba cada nota, entiendes, cada nota, y Hamp no es de los que se cansan, y si te contara que tambi?n le o? a mi vieja una oraci?n largu?sima, donde hablaba de repollos, me parece, ped?a perd?n por mi viejo y por m? y dec?a algo de unos repollos... Bueno, si te contara en detalle todo eso, pasar?an m?s de dos minutos, ?eh, Bruno?

-Si realmente escuchaste y viste todo eso, pasar?a un buen cuarto de hora -le he dicho, ri?ndome.

-Pasar?a un buen cuarto de hora, eh, Bruno. Entonces me vas a decir c?mo puede ser que de repente siento que el m?tro se para y yo me salgo de mi vieja y Lan y todo aquello, y veo que estamos en Saint-Germain-des-Pr?s, que queda justo a un minuto y medio de Od?on.

Nunca me preocupo demasiado por las cosas que dice Johnny pero ahora, con su manera de mirarme, he sentido fr?o.

-Apenas un minuto y medio por tu tiempo, por el tiempo de ?sa -ha dicho rencorosamente Johnny-. Y tambi?n por el del m?tro y el de mi reloj, malditos sean. Entonces, ?c?mo puede ser que yo haya estado pensando un cuarto de hora, eh, Bruno? ?C?mo se puede pensar un cuarto de hora en un minuto y medio? Te juro que ese d?a no hab?a fumado ni un pedacito ni una hojita -agrega como un chico que se excusa-. Y despu?s me ha vuelto a suceder, ahora me empieza a suceder en todas partes. Pero -agrega astutamente- s?lo en el m?tro me puedo dar cuenta porque viajar en el m?tro es como estar metido en un reloj. Las estaciones son los minutos, comprendes, es ese tiempo de ustedes, de ahora; pero yo s? que hay otro, y he estado pensando, pensando...

Se tapa la cara con las manos y tiembla. Yo quisiera haberme ido ya, y no s? c?mo hacer para despedirme sin que Johnny se resienta, porque es terriblemente susceptible con sus amigos. Si sigue as? le va a hacer mal, por lo menos con D?d?e no va a hablar de esas cosas.

-Bruno~si yo pudiera solamente vivir como en esos momentos, o como cuando estoy tocando y tambi?n el tiempo cambia... Te das cuenta de lo que podr?a pasar en un minuto y medio... Entonces un hombre, no solamente yo sino ?sa y t? y todos los muchachos, podr?an vivir cientos de a?os, si encontr?ramos la manera podr?amos vivir mil veces m?s de lo que estamos viviendo por culpa de los relojes, de esa man?a de minutos y de pasado ma?ana...

Continua:?El Perseguidor II

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Tags: Julio Cortazar - El Perse, El perseguidor, Charlie Parker

Publicado por carmenlobo @ 14:35  | Cortazar, Julio
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