Ernesto Sábato, Sobre héores y tumbas, 1961
EL SUFRIMIENTO QUE ENGENDRA A LA MUSICA
Se oyó una música patética y tumultuosa.
Luego, bruscamente, quitó el disco.
-Bah -dijo-, ahora no la puedo oír.
Siguió preparando el café.
-Cuando lo estrenaron, Brahms mismo tocaba el piano. ¿Sabés lo que pasó?
-No.
-Lo silbaron. ¿Te das cuenta lo que es la humanidad?
-Bueno, quizá...
-¡Cómo quizá! -gritó Alejandra-, ¿acaso creés que la humanidad no es una pura chanchada?
-Pero este músico también es la humanidad...
-Mirá, Martín -comentó mientras echaba el café en la taza- ésos son los que sufren por el resto. Y el resto son nada más que hinchapelotas, hijos de puta o cretinos, ¿sabés?
Trajo el café.
Se sentó en el borde de la cama y se quedó pensativa. Luego volvió a poner el disco un minuto.
-Oí, oí lo que es esto.
Nuevamente se oyeron los compases del primer movimiento.
-¿Te das cuenta, Martín, la cantidad de sufrimiento que ha tenido que producirse en el mundo para que haya hecho música así?

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