Martes, 26 de octubre de 2010

GOMEZ RE, EL TRANSFORMADOR DEL TANGO

Alejandro Dolina

El arte nuevo - dec?a Ortega - es impopular por esencia. Y no es que las muchedumbres no gusten de ?l. Sucede en verdad que no lo entienden.
- Al parecer, los g?neros de vanguardia van dirigidos a una minor?a especialmente dotada. Por eso despiertan irritaci?n en la masa.
Cuando a uno no le gusta una obra, pero lo ha comprendido, se siente superior a ella y ya no hay motivo de encono. Pero cuando el disgusto que la obra provoca nace de no haberla entendido, queda uno como humillado, con una sensaci?n de inferioridad que necesita compensarse con muestras de indignaci?n.
Hasta aqu? Ortega y Gasset. Ya sin su ardua ayuda, podemos sospechar que muchos artistas aspirantes, habiendo comprendido los argumentos sobredichos, buscan la imcomprensi?n como si se tratara de un valor est?tico. En ciertas circumstancias no es mala idea: muchas veces la desorientaci?n de los pajarones es se?al de que se est? recorriendo el camino correcto.
Sin embargo, buscando alejarse del entendimiento general, hay quienes se extrav?an en los districtos del mamarracho.
No es muy audaz colocar el tango en el molde de estos criterios. Los tangos nuevos tambi?n son impopulares. El p?blico y la critica han dividido su opini?n entre una minoria que los acepta y una mayor?a que los odia. As? se ha generado una de las pol?micas m?s aburridas de la historia del pensamiento humano.
En los a?os dorados del barrio de Flores, las almas sencillas disfrutaban los tangos sin an?lisis, sin doctrina y sin militancia. Un joven escuchaba?Sue?o querido?y se quedaba tan fresco, sin otras cavilaciones que las que pod?a sugerirle la modesta letra.
Despu?s, los Refutadores de Leyendas hallaron que los viejos tangos perjudicaban la pavimentaci?n general y el funcionamiento de los motores el?ctricos.
- La velocidad de los modernos medios de transporte exige la creaci?n de tangos adecuados - se?alaban.
Ya se sabe que algunos sectores de la poblaci?n - los farmac?uticos, por ejemplo - son muy sensibles a las alegorias con aviones y carretas, por eso aceptan con entusiasmo transformar su alma cada vez que se extiende la red de subterr?neos.
En los bailes y teatros, los Refutadores interrump?an a los cantores para preguntar qu? sentido ten?a llorar el amor perdido en un mundo en el que existe la licuadora.
Lo extra?o del caso es que estas argumentaciones fueron aceptadas por los artistas tangueros con resignaci?n y verg?enza. Muchos de ellos procuraron entonces situar sus obras - y hasta sus personas - a la altura del progreso, con un entusiasmo menos adecuado para el arte que para la sociedad de fomento.
Sin embargo - como siempre ocurre - el verdadero artista aparece por la puerta menos prometedora.
Vale la pena que recordemos hoy a N?stor G?mez Re, el transformador del tango.
En realidad, era un m?sico corriente que viv?a en la calle Fray Cayetano. Tocaba el bandone?n con cierto decoro y dirig?a un modesto sexteto. Tal vez el demasiado trato con estudiantes de derecho, psic?logos, operadores de radio y anestesistas acab? por avergonzarlo de su profesi?n. Cuando los primeros m?sicos proclamaron la nueva fe transformadora, ?l se entreg? apasionadamente a ella. Es posible que al principio no comprendiera demasiado: cuentan que se limitaba a ocultar y disimular el tango que tocaba, con h?biles circunloquios musicales. El p?blico inocente recib?a aquellas creaciones como adivinanzas.
- Es?El Esquinazo...!
- No, hombre... Es?El Torito!
- Para m?, es?Corralera...
Pero con el tiempo, G?mez Re encontr? su propia forma de romper con las formas establecidas.
Viendo que casi todos los creadores novedosos compet?an en el bizantinismo de los arreglos musicales, ?l pens? en la posibilidad de hacer arreglos en las letras.
No suponga el lector sencillas correciones de los versos menos felices. La innovaci?n iba mucho m?s lejos.
Por empezar, al cantor convencional se le agregaba un coro que comentaba o glosaba la acci?n central del relato tanguero, siguiendo l?neas musicales de contrapunto, o aprovechando pasajes, contestaciones, partes de viol?n o meros firuletes caprichosos.

MI NOCHE TRISTE
Cantor solista:?Percanta que me amuraste
Coro:?Sin ninguna raz?n
Cantor solista:?En lo mejor de mi vida
Coro:?En plena juventud
Cantor solista:?Dej?ndome el alma herida y espinas en el coraz?n
Coro:?Mi pobre coraz?n y lo que es m?s...
Cantor solista:?Sabiendo que te quer?a, que vos eras mi alegria y mi sue?o abrasador
Coro:?Brasa y abrazo so?ador
Cantor solista:?Para m? ya no hay consuelo
Coro:?No
Cantor solista:?Y por eso me encurdelo
Coro:?S?
Cantor solista:?Pa? olvidarme de tu amor
Coro:?Sigamos por favor...

A veces, el propio cantor interpretaba letra y m?sica transformadas, agregando notas o simplemente cantando las variaciones, como en:

AMURADO
Una noche m?s tristona
que la pena que me embarga en esta triste situaci?n
v? que tom? su bagayito y amurado medej?;
se las tom? sin saludar con la mayor resoluci?n.
No le dije una palabra
ni el m?s m?nimo reproche, ni la sombra de una queja;
la mir? que se alejaba
y pens?: qu? mala suerte, para m? todo acab?.

Muy pronto, G?mez Re comprendi? la necesidad de aceptar la colaboraci? de un poeta. A falta de otros postulantes, se resign? a trabajar con Carlos M. Caron, un escritor de Liniers experto en novelas policiales. De este modo, nacieron los Tangos de Detectives, expresi?n breve y musicalizada de la Colecci?n Rastros.
Naturalmente, los misterios propuestos no eran demasiado complejos. Sin embargo, algunos temas aparentaban cierta dignidad.?Quien mat? al pardo Ramirez? Sangre junto al buz?n, El testigo insobornable?y la milonga?Chantaje en Villa Lugano, fueron los m?s logrados.
Reproduciremos, seguidamente, algunas lineas de inexplicable eficacia:

Ceba raro el morocho, observ? el cana
cacha siempre la pava con la izquierda...

El asesino zurdo

No crea que me llevo de chimentos:
la batieron sus huellas digitales

La gringa imp?a

La vida y la cana
se burlan de m?
me acusan de un crimen
que no comet?...

Falsas pruebas

Los Tangos Infantiles no pasaron del primer intento. Eran tanguitos de hadas y ogros reos, con princesas encerradas en galponcitos de la Paternal.
La codicia los llev? m?s tarde a componer una serie de Tangos Pornogr?ficos como?Entre los yuyos, El barbudo?y?Que nunca te falte.
Los autores tradicionales del barrio, como Anselmo Graciani, se opon?an enconadamente al trabajo de G?mez Re.
Manuel Mandeb tuvo la mala idea de organizar una mesa redonda con la presencia de tradicionalistas y renovadores, en las instalaciones del club J.M.Bosch de Villa Excelsior. El t?tulo del debate fue: Que es el tango?
De entrada, nom?s, Ives Castagnino postul? la definici?n ostensible.
- El tango es esto - dijo.
Toc?El apache argentino?con su guitarra y se fue dando un portazo.
Muy pronto se perfilaron dos criterios opuestos. Uno restringido, que acotaba el g?nero con rigidas exigencias. Otro amplio, que extend?a el tango hasta el confin del universo. De este ?ltimo sector proviene el ?pantanguismo?, escuela que sostiene que todo es tango, lo que significa al mismo tiempo que nada lo es.
La discusi?n termin? con la oportuna intervenci?n de la policia, repartici?n que tiene ideas propias acerca de la m?sica popular.
Desde aquella noche, G?mez Re empez? a interesarse por la discusiones y a descuidar su vida artistica. La preparaci?n de mortiferos silogismos le rest? tiempo para tocar el bandone?n. Sus ?ltimas actuaciones consist?an redondamente en conferencias.
A decir verdad, son muchos los que hoy padecen un vicio semejante. M?s f?cil es encontrar ensayistas o historiadores tangueros que cantores o guitarristas.
Ante la defecci?n de G?mez Re, otros artistas tomaron la antorcha.
Un grupo de la calle Caracas cambi? primero los instrumentos, luego el ritmo, m?s tarde las letras y, finalmente, el nombre mismo del tango, al que llamaron rock.
Los profesores universitarios, los soci?logos y los pisaverdes se declararon partidarios de G?mez Re y sus sucesores, y lo nombraban a cada p?rrafo en sus charlas y peroraciones.
En toda clase de actos p?blicos se anunciaba la muerte de los tangos viejos y su remplazo por el Neotango Internacional, que arranca l?grimas a los belgas arruespes.?
Confinados en reducidos cen?culos, los Retr?grados del Ayer solicitaban la prohibici?n de los tangos posteriores a 1940.
G?mez Re se retir? para siempre y no volvi? a actuar en p?blico. El ruso Salzman juraba haberlo visto en una cervecer?a de Los Toldos, tocando sin adornos el tangoMilonguita.
Los enfrentamientos pol?micos siguen hasta hoy.
Nadie parece haber reparado en algo terrible: el tango nuevo ya es viejo. Si se trata de juzgar que el arte no es eterno y m?s aun, que ni siquiera dura mucho, es necesario confesar que las invenciones renovadoras son ya lugares comunes.
Por qu? no aparecen nuevos demoledores para hacer probar a los G?mez Re su propia medicina?
Las reflexiones iniciales de Ortega son de 1919. Es que tan luego el arte nuevo, que auspiciaba el desalojo de las formas c?sicas, pretender? quedarse para siempre?
Temo que a las espaldas de los bandos tangueros, las multitudes se han ido a casa.
La ?nica esperanza est? en la aparici?n del artista. ?se que se presenta por la puerta menos prometedora y, sin doctrina ni explicaciones, llega al rinc?n m?s secreto del alma.
Las buenas gentes de estos tiempos deshilachados no pierden la esperanza.

? Alejandro Dolina
Cronicas del Angel Gris, 1986

En Facebook:?http://www.facebook.com/Articulosparapensar


Tags: El Transformador del Tang, Gomez Re, Alejandro Dolina, Cronicas del Angel Gris

Publicado por carmenlobo @ 17:09  | Dolina, Alejandro
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios