Mi?rcoles, 13 de octubre de 2010


H?roe, conquistador, asesino

Arturo P?rez-Reverte

A veces coinciden las cosas de un modo asombroso. Estaba?hace unos d?as repasando la carta que escribi? en el siglo XVI el conquistador Lope de Aguirre al rey Felipe II, cisc?ndose literalmente en sus muertos. ?sa en la que se proclama ?rebelde a tu servicio como yo y mis compa?eros seremos hasta la muerte?. Lo hice con intenci?n de mencionarla, de pasada, en un momento determinado de la s?ptima entrega alatristesca, con la que ando a vueltas y que aparecer? en febrero o marzo, supongo.?

El caso es que esa misma noche fui a cenar con Javier Mar?as,?como solemos de vez en cuando;y apenas sentados, Javier me puso sobre la mesa el ?ltimo t?tulo publicado por su editorial Reino de Redonda: La expedici?n de Urs?a y los cr?menes de Aguirre, del ingl?s Robert Southey. El nuevo libro redondino es una estupenda traducci?n del original publicado en 1821: breve, escrito con tono contenido, cl?sico, ajeno a los habituales t?picos brit?nicos sobre la barbarie espa?ola y el aliento a ajo. En realidad apenas disimula la fascinaci?n del autor por el personaje. Y no era para menos; pues si alguien encarna la desesperaci?n, el coraje y la locura criminal en que acabaron algunos episodios de la exploraci?n y conquista de Am?rica, es Lope de Aguirre. Sobre ?l, historiadores y novelistas coinciden con singular unanimidad. Otros como Pizarro, Cort?s o Alvarado, heroicos animales que dieron un nuevo mundo a Espa?a, tienen admiradores y detractores que subrayan su valor brutal o condenan sus atrocidades.?

En el caso de Aguirre, vascongado de O?ate, la coincidencia esabsoluta: su aventura es la m?s enloquecida y sangrienta de todas. La expedici?n para el descubrimiento y conquista de la m?tica ciudad de El Dorado acab? en una org?a de sangre, culminada cuando Aguirre mat? a su propia hija, para impedir que cayera en manos de los enemigos, antes de que sus hombres le cortaran la cabeza. La historia de ese conquistador fracasado, cruel, arrogante, paranoico y asesino, me fascina desde que le? La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, de Ram?n J. Sender: novela subyugante, extraordinaria, que los once chicos que hac?amos bachillerato de Letras en mi colegio nos pas?bamos como quien conf?a en voz baja el descubrimiento de un tesoro. Aquel soldado receloso y cruel, que dorm?a armado con peto y espada, por si acaso, y degollaba con car?cter preventivo, sin despeinarse, simboliz? para m?, desde entonces, el lado m?s turbio y oscuro de la Conquista. Luego, con el tiempo y otras lecturas, me adentr? m?s en el personaje: un par de libros fundamentales del profesor Emiliano Jos, las novelas de Ciro Bayo y Uslar Pietri, y la pel?cula de Werner Herzog Aguirre, la c?lera de Dios; que, aparte del magn?fico plano inicial de la pel?cula, me decepcion? por dos razones: era un tost?n macabeo, y los visajes del histri?nico rubio Klaus Kinski nada ten?an que ver con ese carnicero hosco, cerril, de acero f?cil, al que siempre imagin? bajito, cetrino, barbudo, tranquilo y silencioso?

Otra pel?cula que rod? Carlos Saura, El Dorado, tampoco era paratirar cohetes; pero afinaba m?s. Calaba mejor la psicolog?a del asunto y el ambiente, aunque tambi?n me dej? con las ganas: Omero Antonutti ?que luego encarn? a un excelente maestro de esgrima? tampoco cuajaba el personaje. No era mi Lope de Aguirre. Si tuviera que quedarme con algo de toda esa peripecia amaz?nica, ser?a con la carta famosa que Aguirre escribi? al rey de Espa?a para decir que renegaba de ?l y de su casta, y que desde ese momento ?l y sus hombres se proclamaban libres e iban a su aire: ?Estando tu padre y t? en los reinos de Castilla sin ninguna zozobra, te han dado tus vasallos, a costa de su sangre y hacienda, tantos reinos y se?or?os como en estas partes tienes. Mira que no se puede llevar con t?tulo de rey justo ning?n inter?s en estas tierras donde no aventuraste nada?.?

Esa carta la calific? Sim?n Bol?var de primera declaraci?n?de independencia americana; pero el libertador barr?a para casa. Lo que a mi juicio simboliza Aguirre, dirigi?ndose as? a Felipe II, es la osad?a del espa?ol arrogante, cruel como la tierra que lo pari?, harto de trabajos sin recompensa, maltratado por monarcas, ministros y gobernadores, que se revuelve en el extremo del mundo, gritando que cuanto pagaron su sudor y sangre le pertenece. Que ?l mata con sus manos y f?a con su vida el precio de tanto horror y trabajos; mientras que el gobernante, all? en su palacio ?entonces como ahora?, gobierna y mata de lejos sin arriesgar nada, con las leyes y los verdugos a su servicio. Y al cabo, rotos los diques de la sumisi?n y la obediencia, ese s?bdito desesperado pregona a voces que, quien tenga agallas, vaya all? y se atreva a obligarlo. Dando mayor sentido a las palabras de Cervantes en El casamiento enga?oso, cuando hace decir al alf?rez Campuzano: ?Espada tengo. Lo dem?s, Dios lo remedie?.?


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Publicado por carmenlobo @ 10:44  | P?rez-Reverte, Arturo
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