domingo, 10 de octubre de 2010

por el Maestro Tibetano: Djwhal Khul *

dictados a Alice A. Bailey

 

La muerte para el hombre medio es un fin desastroso, pues implica la terminación de todas las relaciones hu manas, la cesación de toda actividad física, la ruptura de todos los signos de amor y afecto y el tránsito (involun tario y disconforme) a lo desconocido y temido. Es lo mismo que salir de una habitación iluminada y agrada ble, cordial y familiar, donde están reunidos nuestros seres queridos, y pasar a la noche fría y oscura, solo y aterrorizado, esperando lo que vendrá y sin ninguna se guridad.

 

Pero las personas olvidan por lo general que todas las noches, durante las horas de sueño, morimos en lo que respecta al plano físico y vivimos y actuamos en otro lugar. Olvidan también que han adquirido ya la facilidad de dejar el cuerpo físico, porque aún no pueden conservar en la conciencia del cerebro físico los recuerdos de esa muerte y el consiguiente intervalo de vida activa, y no relacionan la muerte con el sueño. Después de todo, la muerte es sólo un intervalo más extenso en la vida de acción en el plano físico; nos vamos “al exterior” por un periodo más largo. Pero el proceso del sueño diario y el proceso de la muerte ocasional son idénticos, con la única diferencia que en el sueño el hilo magnético o corriente de energía, a través de la cual corren las fuerzas vitales, se mantiene intacto, y constituye el ca mino de retorno al cuerpo. Con la muerte, este hilo de vida se rompe o corta. Cuando esto ha acontecido, la entidad consciente no puede volver al cuerpo físico den so, y al faltarle a ese cuerpo el principio de coherencia, se desintegra. (4-358/9)

 

(2) 1. Temor a la muerte. Está basado en:

a.                                                                   El terror, en el proceso final del desgarra miento en el acto de la muerte.

 

b.                                                                  El horror a lo desconocido y a lo indefinido.

 

c.                                                                   La duda respecto a la Inmortalidad.

 

d.                                                                  El pesar por tener que abandonar a los seres queridos o ser abandonado por ellos.

 

e.                                                                   Las antiguas reacciones a las pasadas muer tes violentas, arraigadas profundamente en el subconsciente.

 

f.                                                                    El aferrarse a la vida de la forma, por estar principalmente identificados con ella en la conciencia.

 

g.                                                                   Las viejas y erróneas enseñanzas referentes al cielo y al infierno, siendo ambas, perspec tivas desagradables para cierto tipo de personas.

 

Como conozco el tema, tanto por la experiencia en el mundo externo como por la expresión de la vida interna, diré que: La muerte no existe. Como bien saben, hay una entrada en una vida más plena. Hay liberación de los obstáculos del vehículo carnal. El tan temido proceso de desgarramiento no existe, excepto en los casos de muerte violenta o repentina, entonces lo único desagra dable es la sensación instantánea y abrumadora de pe ligro y destrucción inminente, y algo que se parece a un shock eléctrico. Nada más. Para los no evoluciona dos, la muerte es un sueño y un olvido, porque la mente no está bastante despierta para reaccionar, y el archivo de la memoria está prácticamente vacío. Para el ciuda dano común y bueno, la muerte es la continuidad en su conciencia del proceso de la vida, y lleva a cabo los in tereses y tendencias de esa vida. Su conciencia y sen tido de percepción son los mismos e invariables. No percibe mucha diferencia, está bien cuidado, y a menu do no se da cuenta que ha pasado por la muerte. Para el perverso y cruel egoísta, el criminal y esos pocos que viven únicamente para el aspecto material, se pro duce esa situación denominada “atados a la tierra”. Los vínculos, que han forjado con la tierra, y la atracción hacia ella, de todos sus deseos, los obliga a permane cer cerca de la misma y de su último medio ambiente terreno. Tratan desesperadamente por todos los medios posibles, de ponerse en contacto y volver a penetrar en él. En contados casos, un gran amor personal por quie nes han dejado, o el incumplimiento de un deber reco nocido y urgente, mantienen a quienes poseen bondad y belleza, en semejante situación. Para el aspirante, la muerte es la entrada inmediata en una esfera de ser vicio y de expresión a que está muy acostumbrado, per cibiendo enseguida que no es nueva. En las horas de sueño ha desarrollado un campo de servicio activo y de aprendizaje. Ahora sencillamente funciona en él duran te las veinticuatro horas (hablando en términos de tiem po del plano físico) en vez de las breves horas de sueño en la tierra. (4-218/9)

 

(3) Otro temor que induce a la humanidad a consi derar la muerte como una calamidad es el que ha in culcado la religión teológica, particularmente los Protestantes fundamentalistas y la Iglesia Católica Roma na: el temor al infierno, la imposición de castigos, co múnmente fuera de toda proporción a los errores cometidos durante una vida, y el terror impuesto por un Dios iracundo. Le dicen al hombre que debe someterse y que no hay escapatoria posible, excepto por medio de la expiación vicaria. Como bien saben, no existe un Dios iracundo, un infierno ni tampoco la expiación vicaria. Sólo existe un gran principio de amor que anima a todo el universo; existe la Presencia de Cristo, indicando a la humanidad la realidad del alma y que somos salvados por la vivencia de esa alma, y que el único infierno que existe es la tierra misma, donde aprendemos a trabajar por nuestra propia salvación, impulsados por el prin cipio de amor y de luz e impelidos por el ejemplo de Cristo y el anhelo interno de nuestra propia alma. Esta enseñanza acerca del infierno nos recuerda el giro sádico que la Iglesia Cristiana, en la Edad. Media, dio al pen samiento y a las erróneas enseñanzas establecidas en El Antiguo Testamento, acerca de Jehová, el Dios tribal de los Judíos. Jehová no es Dios, ni el Logos planetario, ni el Eterno Corazón de Amor que Cristo reveló. A medida que estas erróneas ideas vayan desapareciendo, será eliminado, de la mente del hombre, el concepto del in fierno y reemplazado por la comprensión de la ley que hace al hombre lograr su propia salvación en el plano físico, lo cual conducirá a corregir los males cometidos durante sus vidas en la tierra y que oportunamente le permitirá “limpiar su propia pizarra”.

  

 

Djwhal Khul *: http://es.wikipedia.org/wiki/Djwhal_Khul

Articulo publicado en el grupo: Pensamientos del corazon 





Tags: Djwhal Khul, Alice A. Bailey, New Age, Sociedad Teosófica, maestro tibetano

Publicado por carmenlobo @ 17:52  | Psicologia
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