Jueves, 30 de septiembre de 2010

Las Monjas y la bandera

Hace algunos a?os, en el canal de entrada de San Juan de Puerto Rico, frente a los castillos del Morro y San Crist?bal, me llam? la atenci?n una enorme bandera espa?ola que alguien ondeaba en un edificio blanco pr?ximo a la embocadura. ?Son las monjas?, dijo quien me acompa?aba, que era mi amigo y editor en Puerto Rico Miguel Tapia. ?Y eso es que est? entrando un barco espa?ol.? No hablamos m?s en ese momento, pues est?bamos ocupados en otras cosas; pero lo de la bandera y las monjas me pic? la curiosidad. As? que despu?s procur? enterarme bien del asunto, que result? ser una bella historia de lealtades y nostalgias. Algo que realmente comenz? hace m?s de un siglo, el 16 de julio de 1898.

Aquel fue el a?o del desastre. Trece d?as antes, la escuadra del almirante Cervera, que hab?a salido a combatir sin esperanza en el combate m?s est?pido y heroico de nuestra historia, hab?a sido aniquilada en Santiago de Cuba por el abrumador poder naval norteamericano. Los buques de guerra yanquis bloqueaban la isla de Puerto Rico, impidiendo la llegada de refuerzos y suministros a las tropas cercadas. En esas circunstancias, el Antonio L?pez, un moderno y r?pido buque mercante que hab?a salido de C?diz con armas y pertrechos para la guarnici?n, recibi? un telegrama con el texto: ?Es Que Usted Haga Llegar Preciso El Cargamento Un Puerto Rico Aunque S? Pierda El Barco?. Veterano, disciplinado, profesional, con los aparejos en su sitio, el capit?n del Antonio L?pez, que se llamaba don Gin?s Carreras, intent? burlar el bloqueo estadounidense. No lo consigui?. El 28 de junio, cuando navegando sin luces y pegado a la costa intentaba entrar en San Juan, fue localizado por el USS Yosemite, que lo ca?one?. El capit?n Carreras logr? escapar a medias, varando el barco en Ensenada Honda, cerca de la playa de Socorro, desde donde en los d?as siguientes intent? llevar a tierra cuanto pod?a salvarse del cargamento. Pero dos semanas m?s tarde, el USS New Orleans se acerc? para dar el golpe de gracia, destroz?ndolo a ca?onazos.

Fue entonces cuando se teji? la historia que les cuento. Bajo el bombardeo, un tripulante del Antonio L?pez, que se hab?a atado la bandera del barco a la cintura antes de echarse al agua para intentar ganar tierra a nado, lleg? gravemente herido a la orilla. Nunca pudo averiguarse su nombre, pues muri? en brazos de un puertorrique?o de los que acudieron a ayudar a los n?ufragos. ?Que no la agarren?, suplic? el marinero mientras mor?a, se?alando la bandera. Y el puertorrique?o cumpli? su palabra, quiz? porque se llamaba Rocaforte y era de padres gallegos. Hombre supersticioso o religioso, y en cualquier caso hombre de bien, por no incumplir la demanda de un moribundo, la guard? en su casa durante a?os. Y al fin, un d?a, pens? en las monjas.

Eran espa?olas, de las Siervas de Mar?a, instaladas en la isla desde 1897. Atend?an un hospital junto a la boca del puerto, y permanecieron all? despu?s de la salida de Espa?a y la descarada apropiaci?n de la isla por los Estados Unidos. Acabada la guerra, las hermanas, con la natural nostalgia, adoptaron la costumbre de saludar desde la galer?a del hospital, agitando sus pa?uelos, cada vez que un barco de su lejana patria entraba o sal?a en el puerto. Eso dio a Rocaforte la idea de confiarles la bandera. Se present? en el hospital, cont? la historia a la madre superiora, y le entreg? la ense?a. Y desde entonces, cuando entraba o sal?a de San Juan un barco espa?ol, las monjas hac?an ondear en la galer?a, en vez de pa?uelos, la vieja bandera del barco perdido.

Todav?a lo hacen, un siglo despu?s. De las veintisiete monjas que atienden hoy el hospital de las Siervas de Mar?a, ya s?lo cinco son compatriotas nuestras. Pero cada vez que un barco espa?ol pasa frente al hospital, navegando lentamente por la canal de boyas, su capit?n cumple el viejo ritual de dar tres toques de sirena y hacer ondear la bandera en respuesta al saludo de las monjas, que desde la galer?a agitan la suya. De haberlo sabido, aquel an?nimo marinero del Antonio L?pez que hace ciento doce a?os se arroj? al mar, intentando ganar la playa bajo el fuego norteamericano con la ense?a de su barco atada a la cintura, estar?a satisfecho. Me pregunto si quienes salieron a la calle tras el ?ltimo partido del Mundial de F?tbol, llen?ndolo todo de colores rojo y amarillo, ser?an conscientes de que se trataba de la misma memoria y la misma bandera. Y de que, al ondearla con j?bilo en calles y balcones, rend?an tambi?n homenaje a tanta ingenua y pobre gente que, manipulada, enga?ada, manejada por los de siempre ??Aunque S? Pierda El Barco?, ordenaron los que dise?an banderas pero nunca mueren defendi?ndolas?, cumpli? honradamente con lo que cre?a eran su deber y su verg?enza torera. Y esto incluye a las monjas de San Juan.


Tags: Patente de corso, Arturo Pérez-Reverte, Las Monjas y la bandera

Publicado por carmenlobo @ 20:14  | P?rez-Reverte, Arturo
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