Lunes, 27 de septiembre de 2010
En el pa?s de Mar?a Elena
Foto?Sebasti?n Feldman

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En el pa?s de Mar?a Elena

Aqu? la autora habla de su vida, su infancia y el complicado idilio que mantiene con el p?blico adulto

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?La ternura es un invento, querida.

Sobre la tacita inglesa, sobre el vapor medido del t? verde, la que para muchos es la inventora nacional de la ternura dice que la ternura es un invento.

?Un invento moderno.

Mar?a Elena Walsh tiene, de su propia infancia transcurrida a lomo de los vagones del Ferrocarril del Oeste gracias al trabajo de su padre, una r?mora: algunos muebles de su casa actual se disponen paralelos a las ventanas, como suele hacerse en los vagones de tren. No hay en el living mesas en ?valo sedoso, ni banquetitas en c?rculos blandengues, ni sillitas al bies. Todo es cuadrado y serio y funcional en este piso alto de Palermo.

?Cuando yo era chica, la relaci?n con los adultos era una relaci?n normal, buena pero distante, porque la ternura no se usaba. La ternura es un invento bastante moderno, de los psic?logos. Ahora la gente se toca, se abraza. Antes no exist?a esto. Las madres no sab?an c?mo ser tiernas porque ten?an que mantener la distancia para no ablandar el car?cter de las hijas, no mimarlas demasiado. Yo ten?a con mi mam? buena relaci?n, con distancia.

Mar?a Elena Walsh naci? en 1930 en Ramos Mej?a. Su padre, descendiente de ingleses e irlandeses, viudo, 50 a?os, padre de cuatro hijos ya adultos, estaba casado en segundas nupcias con su madre. El matrimonio Walsh tuvo dos hijas. Una de ellas fue Susana. La otra, ese esc?ndalo t?mido llamado Mar?a Elena, una insurrecta por naturaleza ?sumisa por disimulo? que a los 13 plant? bandera, march? a la Capital para estudiar el secundario en Bellas Artes y desde entonces todo en su vida fue precoz.

Dolores de crecimiento

Tuvo una infancia ilustrada, rodeada de libros y de cine. El amor a la lectura la llevaba a hundir los dedos en las aguas contagiosas de los cuentos de hadas, de Las mil y una noches.

?En mi casa hab?a un ambiente de clase media ilustrada. Gente con sensibilidad hacia el arte, la lectura, la m?sica. Ese es un privilewgio de cuna muy grande. Es como heredar una fortuna.

Gast? los ahorros de una vida m?s bien corta editando su primer libro de poemas llamado Oto?o imperdonable, plet?rico de exquisito dolor adolescente, en 1947, el mismo a?o de la muerte de su padre: ??Qu? de campanas en la sangre siento/ cada vez que me olvido de la muerte!/ Pero sucede que ella no me olvida", dec?an esos versos.

?No lo pas? bien en la adolescencia. Es una edad complicada. No me pasaba nada en especial, pero es una edad muy dif?cil. Y adem?s yo tengo una tendencia melanc?lica, de pensar en la muerte. Eso sol?a ser muy de los adolescentes. Ahora se drogan, entonces esas ideas est?n simuladas. Pero en mi ?poca era en seco, nom?s.

En su ?poca, dice, muchas cosas eran otra cosa.

?El manoseo de los hombres en la calle, por ejemplo. Era habitual, y de eso no se habla. Una se sent?a una cosa digna de ser manoseada. Una vez denunci? a un tipo en la 17. Lo dejaron una noche preso. Pero llegu? a mi casa y mi madre estaba espantada, porque hab?an estado averiguando qu? tipo de chica era yo. Si era una cualquiera, no era tan grave lo que hab?a hecho el tipo. Y ese concepto sigue mucho todav?a: si era una atorranta, se lo busc?.

A los 17 a?os, a pesar de las oscuridades, Mar?a Elena despertaba exclamaciones admiradas con su primer libro, publicaba en el suplemento literario de La Nacion y, frutilla del postre, ganaba el Segundo Premio Municipal de Poes?a.

?Me dieron el segundo porque para el primero era demasiado joven, dijeron.

?Y mujer.

?Eso ya no lo dijeron.

?En aquellos a?os usted noviaba con el escritor Angel Bonomini.

?S?.

?Estuvieron juntos un tiempo largo?

?S?. ?Quer?s m?s t??

En 1948 lleg? al pa?s el espa?ol Juan Ram?n Jim?nez. El autor de Platero y yo era un icono, traducido a todos los idiomas, y qued? impresionado con ese segundo premio municipal. Decidi? inaugurar, con ella, una beca para escritores j?venes en su casa de Maryland. Mar?a Elena fue dispuesta, tan feliz, pero sali? mal.

?Un tipo dif?cil, muy depresivo. Por algo lo odiaban todos los poetas. Era muy dif?cil la relaci?n. Yo era muy chica, y ?l era un se?or muy grande y tan importante. Yo era muy t?mida. De todas maneras, lo recuerdo como un maestro. A pesar de las maldades m?s grandes que dec?a. Era muy generoso y elogioso y muy alentador.

??Con usted?

?No. Conmigo no.

Juan Ram?n la arras?. En un texto publicado en la revista Sur, en enero de 1957, ella dec?a: "Cada d?a ten?a que inventarme coraje para enfrentarlo, repasar mi insignificancia, ??

?cubrirme de una desdicha que hoy me rebela. Me sent?a averiguada y condenada. Suelo evocar con rencor a la gente que, mayor en mundo, tuvo mi verde destino entre sus manos y no hizo m?s que paralizarlo. Con generosa intenci?n, con protectora conciencia, Juan Ram?n me destru?a, y no ten?a derecho a equivocarse porque ?l era Juan Ram?n, y yo, nadie. ?En nombre de qu? hay que perdonarlo? En nombre de lo que ?l es y significa, m?s all? del fracaso de una relaci?n".

?Era paralizante. Pero volvamos a la falta de ternura: no se le puede exigir ternura a un espa?ol de esa generaci?n. Pero ten?amos momentos de camarader?a, de diversi?n. Y me atrev? a hacer cosas que s?lo las pude hacer con su respaldo.

Por ejemplo, ir a visitar a Salvador Dal? en Manhattan, cuya antipat?a qued? plasmada para siempre en una cr?nica publicada en la revista El Hogar ?circa 1949? que dice as?: "Salvador Dal? es, en primer lugar, una gran descortes?a telef?nica, una descortes?a cortante y monosil?bica, como de bur?crata de filme. Su prisa es nada m?s que una prisa de coleccionista de relojes doblados, que no quiere desdoblar para que no se le vuele el menor ?pice de tiempo". Cuando volvi? a Buenos Aires escribi? con Bonomini un libro llamado Baladas con Angel, pero poco despu?s esa relaci?n se disolvi?.

?S?, cuando volv?vi que eso no andaba. Esa patria potestad, esa legalidad del hombre para decidir por la mujer, esa falta de compa?erismo y de di?logo. Era un producto de la ?poca. Uno se preparaba para esclavizarse y seguir la voluntad del marido.

Y para no esclavizarse tom? un camino que le pareci? natural: march? a Europa con Leda Valladares, y se qued? all? cuatro a?os, desde 1952.

?El viaje a Europa fue tambi?n cortar con tanto sufrimiento adolescente y con la situaci?n que ninguna persona, intelectual o estudiante, pod?a soportar, que era el peronismo. A partir de la muerte de Eva se endureci? mucho la censura. No quiero decir que me haya exiliado, pero prefer? tomar distancia.

?Pero usted despu?s se reconcili? con el peronismo.

?S?, mucho. Al ver los manejos de la Revoluci?n Libertadora recapacit? sobre todo lo que hab?a sido la obra del peronismo, aparte de sus manejos, as?, represivos, digamos. Me di cuenta de lo que hab?a representado para el pueblo, que es mucho. A?os despu?s viaj? por el interior y la ?nica escuela que hab?a y el ?nico puente eran restos de esa ?poca del peronismo.

Desde 1952 y hasta 1956, Mar?a Elena sobrevivi? en Par?s en un ambiente y con un oficio que poco ten?a que ver con el que hab?a dejado: esta promesa literaria porte?a se trepaba con Leda al escenario del Crazy Horse a cantar bagualas y vidalas. Ellas ah?, con su poncho leg?ero, entre tantas con los pechos desnudos.

?Me divert? mucho. Hab?a m?s libertad de costumbres. Uno ve?a pasar un travesti por la calle y no llamaba la atenci?n. Igual, yo quer?a escribir. Pero me hab?a abierto de la vida literaria porque no me gustaba. Ah? s? que vi mucha maldad, mucho celo entre escritores. Me asque?. Hoy sigue siendo m?s o menos igual. Ese mundo de celos, y codazos y competencia. No me dio gana de seguir cerca de nada de eso. Quer?a escribir, pero no estar ah?. Escribir para chicos fue como tomar otra ruta. No me interesaba la carrera literaria. Se dec?a mucho en aquella ?poca. "La carrera literaria." Ahora el t?pico es el mercado. "El mercado nos exige?". Aquella era una ?poca de grandes maldades. Los tipos grandes, Neruda, Juan Ram?n, Mujica Lainez, era como el Siglo de Oro porque en un lenguaje altamente literario se tiraban con todo. Uno ve las pol?micas de los escritores de ahora y dan risa.

Y fue precisamente all?, en Par?s, rodeada de can can y carnes crudas, donde empez? a escribir su primer libro para chicos, Tut? Maramb?, plagado de personajes tan alejados del Crazy Horse y los versos de Oto?o imperdonable como pod?an estarlo Do?a Disparate, la Mona Jacinta o la P?jara Pinta, viuda del P?jaro Pint?n. Y si uno le pregunta c?mo fue que abandon? primero la literatura por el folklore y despu?s el folklore por los chicos, ella dice que tiene etapas.

?Etapas que se me acaban o se me interrumpen. Me parece sano hacer una cosa con muchas ganas, y dejarla cuando ya veo que me faltan ganas o tengo demasiados inconvenientes, porque no tengo facilidad para escribir. Soy medio trabada y esa tendencia depresiva que tengo va y viene. A veces la gente no entiende eso. Que uno escriba para chicos y sea as?. Pero tambi?n se espera que los c?micos sean gente divertida. Y yo he conocido a varios de los grandes c?micos y eran amargos y malhumorados y deprimidos.

Regreso a casa

Cuando regres? a Buenos Aires, public? Tut? Maramb? y de a poco, alimentada a base de Doris Lessing y Joseph Conrad, empez? a escribir sobre personajes como Don Fresquete, Manuelita o Dailan Kifki. El ciclo se cerr?, por ahora, con un total de 13 libros que, desde el pr?ximo 5 de agosto, La Nacion y la editorial Alfaguara reeditan (ver recuadro) y que la hicieron la autora de literatura infantil m?s s?lida en varios pa?ses a la redonda.

?Creo que est? bien la reedici?n de esos libros, porque hay una necesidad de material de juego y cultural lo m?s est?tico posible. Es una ?poca en la que culturalmente hay mucha improvisaci?n, entonces un poema para chicos se escribe de cualquier manera. Yo no me creo talentosa, pero tengo una plataforma cultural que la gente m?s joven puede no tener.

??Tiene contacto con chicos?

?No, muy poco, pero en lo poco que veo, me fijo mucho. No me fastidian los chicos. Me fastidian los padres que dicen "dale un besito a la se?ora". Dar besitos no les gusta, pero si estoy sola con tres chicos estoy bien. La diferencia grande en el mundo, querida, es que hay mucha m?s gente que antes. El mundo est? muy superpoblado. Entonces, donde antes se te acercaban diez chicos, ahora son 300 que vienen en forma de mal?n y est?n muy contagiados del cholulismo reinante, te atropellan.

?Ha dejado de escribir columnas de opini?n.

?S?. Esa etapa est? muy interrumpida. No tengo ninguna gana de opinar. Tengo una confusi?n con toda la situaci?n social, y mucha indignaci?n.

Esa etapa, ahora interrumpida, puede rastrearse en libros suyos como Desventuras en el Pa?s Jard?n de Infantes, Diario brujo y Viajes y homenajes, que recopilan art?culos publicados desde 1947 y contienen aquella diatriba contra la censura publicada por el diario Clar?n en 1979 llamada Desventuras en El-pa?s-jard?n-de-infantes. Harta de la prohibici?n de pel?culas, programas de televisi?n y libros, Walsh despotricaba all? contra la figura del censor. Aunque el texto ten?a p?rrafos menos recordados ("Que las autoridades hayan librado una dura guerra contra la subversi?n y procuren mantener la paz social son hechos un?nimemente reconocidos. No ser?a justo erigirnos a nuestra vez en censores de una tarea que sabemos intrincada y de la que somos beneficiarios"), se transform? en bandera de coraje y libertad para muchos adultos que tambi?n vieron en sus canciones, como La cigarra, la expresi?n m?s acabada de la rebeld?a y la dignidad.

?Las canciones toman el sentido que uno necesita. Si vos necesit?s cantar un d?a La felicidad, de Palito Ortega, le vas a encontrar un sentido. La cigarra empez? a ser un himno de los exiliados, y los familiares de las v?ctimas, y yo no me imaginaba.

El idilio del p?blico adulto con Mar?a Elena Walsh sigui?. Ella dej? de cantar en 1978, y pas? buena parte de la dictadura luchando contra un c?ncer ?seo al que sobrevivi? y que la hizo ?m?s? dura. Sin embargo, la relaci?n con los adultos empez? a resquebrajarse cuando, ya en democracia, dio a conocer el texto La carpa blanca debe tomarse vacaciones, que cuestionaba la eficacia de la protesta docente y hablaba del agotamiento de los s?mbolos. Y despu?s dijo que la ineficacia radical era peor que la corrupci?n menemista.

?En un reportaje por el que casi me matan, predije haci?ndome la Sibila que con ese gobierno de la Alianza nos ?bamos al abismo. No sab?s lo que fue: las radios sonando ac? para retarme, que c?mo pod?a decir eso. Y ese gobierno nos llev? al desastre, al corralito. Ah? tuve una ruptura muy grande como ciudadana. Porque esa estafa, que va mucho m?s all? del dinero, para m? fue no va m?s, me desintereso de lo que pasa. Que no es verdad, pero me desintereso en funci?n de decir y prever y denunciar. Porque no me sale, no tengo ganas. Fue muy grave eso. Y tambi?n es una de las cosas que preferimos borrar y atribu?rsela a gobiernos anteriores. Prefiero no hablar de esas cosas. Yo cre?a superada la etapa de la exposici?n p?blica, los reportajes, pero al p?blico le sigue interesando lo que hago, y aunque me escondo un poco, a veces hay que salir al ruedo. Por otro lado, no me gusta que me olviden. Es ambivalente. Todo el mundo detesta a los fot?grafos y los periodistas, pero si no lo llaman, se muere.

Se recuesta en sus almohadones y, carne de paradoja, dice:

?No es mi caso, pero?si no me llaman es como si me hubiera muerto. Te soy franca: esa ambivalencia la sentimos todos.

Para saber m?s
www.ensayistas.org/filosofos/argentina/walsh/

Por Leila Guerriero

Domingo 31 de julio de 2005 | Publicado en edici?n impresa?: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=724905

Las fotograf?as de archivo son de Sara Facio y Archivo Sara Facio, publicadas en el libro "Mar?a Elena Walsh, retrato (s) de una artista libre" de Sara Facio. Editorial La Azotea

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Publicado por carmenlobo @ 10:59  | Literatura
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