Lunes, 16 de agosto de 2010
? MANOLO, LA BALA Y EL TALIB?N
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Me llama la atenci?n alg?n comentario reciente sobre la nueva bala con que los ej?rcitos de la OTAN pretenden sustituir la del calibre 5,56, que est? en servicio desde que los norteamericanos empezaron a utilizarla en Vietnam, hacia 1964. Cuando esta munici?n fue presentada en sociedad, se plante? como una de sus principales ventajas que era m?s ligera y pod?a transportarse en mayor cantidad que el antiguo calibre 7,62. Tambi?n que, al ser m?s peque?a, en ciertos impactos no produc?a la muerte instant?nea, sino heridas que complicaban la log?stica del adversario con mutilaciones, evacuaciones, hospitales llenos y cosas as?. En lo de matar del todo, tampoco se quedaba corta: otra ventaja ?como ven, era una bala muy ventajosa, seg?n para qui?n? consist?a en que, al viajar en el l?mite de su equilibrio, cuando entraba en un cuerpo supuestamente enemigo segu?a una trayectoria irregular, provocaba el estallido de v?sceras y dejaba al receptor hecho un Ecce Homo.

Este ?ltimo aspecto, el de la bala tonta que entra por un pulm?n y sale por la rabadilla, parece la pega principal que le encuentran en las guerras de ahora. En Afganist?n, por ejemplo, resulta que los talibanes son demasiado flacos. Est?n m?s desnutridos y delgaduchos de lo normal, y al proyectil no le da tiempo de fragmentarse si toca hueso, o de zigzaguear como Dios manda: hace chas y atraviesa los cuerpos con facilidad, en vez de hacer chof, quedarse dentro y cumplir su obligaci?n de reventar al pr?jimo. A eso hay que a?adir que los afganos son duros que te rilas, y mientras les vac?as un cargador en la tripa son capaces de comerte los h?gados y marcarse una jota baturra camino del Para?so. Hace un siglo, en la guerra de los norteamericanos contra los rebeldes moros en Filipinas ?los gringos acababan de anexionarse aquello por la patilla, despu?s de echarnos en nombre de la libertad, como suelen?, hubo un problema parecido con los fan?ticos que iban drogados y blandiendo machetes: no hab?a forma de pararlos con balas normales. Y del mismo modo que eso dio lugar a la invenci?n del Colt 45 ?con bellotas de plomo capaces de tumbar a la madre que te pari?, los ingenieros de ahora han puesto a punto una munici?n nueva con proyectil de acero, menos contaminante que el plomo ?bala ecol?gica, la llaman los muy cachondos?, que lo mismo ponga mirando a Triana a un talib?n desnutrido que a un chino, a un negro, a un ruski o a un narcopanchito bien cebados.

Hasta ah?, todo parece l?gico. Las balas est?n para eso. Bang. Otra cosa es que se utilicen, o no. Por esto llama la atenci?n que alg?n cantama?anas de los que confunden buen rollito con demagogia chunga ponga el grito en el cielo, criticando que ahora se quiera matar mejor a los afganos flaquitos. Como si morir escurrido de carnes empeorase que te aligeren. Pero claro. Para el pacifismo barato y elemental, querido Watson, es demasiado tentadora la imagen de un talib?n desnutrido, fam?lico, atravesado por una perversa bala de la OTAN; y no menos irresistible denunciar c?mo el malvado Occidente se las ingenia para que el afgano que hasta ahora se libraba de refil?n, por estrecho de pecho, tambi?n se lleve lo suyo. ?Importa tanto la anatom?a del soldado contrario?, preguntan. Cuando es evidente que la respuesta es s?. Que igual peligro tiene un armario de cuatro por cuatro que un Giacometti artillado. Que metidos en faena, la anatom?a importa, y mucho. Que en la vida estamos, como en el chiste, a setas o a Rolex. Y que mejor no tener que hacerlo. Preferir?a que no, como dec?a el amigo Bartleby en el relato de Melville. Pero cuando no hay otra, y en un momento dado tienes que pegarle un tiro a un talib?n afgano, a un pirata somal? o a un pigmeo de treinta y cinco kilos que te viene de malas, aunque tenga menos carne que el manillar de una bicicleta, lo que necesitas es algo que lo ponga patas arriba de la manera m?s eficaz posible. Stop. Punto. Otra cosa es que las guerras sean malas, Pascuala. Que disparar sea un acto fascista, que los ej?rcitos los inventara Franco y toda la parafernalia al uso. En esto no me meto. Si no queremos guerras ni soldados, o creemos m?s c?modo y barato que otros den la cara por nosotros, pues vale. Me parecer? muy bien, entonces, que al cabo Manolo lo saquemos de Afganist?n para reciclarlo a corderito de Norit sin fronteras: biber?n en una cartuchera y chocolatinas en la otra. Pero mientras siga all?, jug?ndosela, prefiero que, cuando se arrime un talib?n con Kalashnikov, Manolo le endi?e un bellotazo que lo deje seco a la primera. Con balas convencionales, ecol?gicas o de hilo musical. Eso me importa un huevo. Con lo que sea.


Tags: Manolo, la bala y el tali, Arturo Pérez Reverte

Publicado por carmenlobo @ 17:49  | P?rez-Reverte, Arturo
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