miércoles, 28 de julio de 2010

Cien de Gracq

MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO  28/07/2010

 
Julien Gracq (1910- 2007), solo le faltaron tres años para celebrar (habría sido hoy, precisamente) su propio centenario. Escritor elusivo y secreto, atravesó las tormentas políticas, ideológicas y culturales del siglo XX con la mirada y el corazón puestos en la literatura del XIX, que fue su fuente primera de inspiración (los románticos, Stendhal, Poe). Lo que no quiere decir que fuera indiferente a lo que escribían sus contemporáneos: su fascinación por la Nadja (1928) de Breton y por los sucesivosManifiestos del surrealismo -1924, 1930- le acercaron al movimiento sin sumergirlo en su vorágine ni en sus posteriores derivas y escisiones, aunque siempre se mantuvo fiel a sus amigos de entonces. Miembro del partido comunista durante un breve periodo -que dio por finalizado tras el pacto germano-soviético- la obra de Gracq habría casado muy mal con los preceptos del realismo socialista.
Sus cualidades poéticas, su gusto por lo gótico y su estilo hermético y musical ya aparecen en su primera novela, El Castillo de Argol (1938; Nuevas Ediciones de Bolsillo), de la que se vendieron 120 ejemplares en el primer año (muchos menos que de La náusea, de Sartre, también de 1938): su rechazo del mundo de la técnica y su interés por la alegoría y las situaciones "intemporales" tenían poco que ver con los gustos literarios dominantes en una Europa que se deslizaba a la catástrofe. Lo que no impide que la atmósfera opresiva y post-gótica del libro pueda entenderse como una respuesta oblicua a las ansiedades de su tiempo. Al igual que Ernst Junger -cuyo En los acantilados de mármol (1939) leería con entusiasmo- su literatura apostaba por profundizar en una tradición a la que sus contemporáneos habían dado bruscamente la espalda. En su primera novela aparece también otra constante gracquiana: la naturaleza como fuerza misteriosa, ineluctable y moldeadora, lo que la convierte en personaje fundamental de sus ficciones. En 1951 publicaría -con bastante más éxito- El mar de las Sirtes (Nuevas Ediciones de Bolsillo), su novela más conocida: una extraña y, a menudo, exasperante narración en la que "pasa" muy poco, y cuyo universo mítico e inmóvil, sus "espacios dormidos" y su clima de permanente expectativa y angustia la emparentan retrospectivamente con El desierto de los tártaros (1940), de Buzzati.

Un aspecto esencial de la trayectoria de Gracq fue su oposición radical al espectáculo y la parafernalia contemporánea de la literatura. Perpetuamente fiel a su editor y amigo, José Corti (en cuya página web hay una sección dedicada al escritor), rechazó el Goncourt -no conozco otro caso- que se le concediera en 1951 por El mar de las Sirtes,alegando que los premios eran más "una cuestión de librerías que de literatura". En su vibrante panfleto La littérature à l'estomac (1948; traducido en Nortesur como La literatura como bluff) arremete contra los premios literarios, el vedetismo de los escritores, obligados "como animales de feria" a hacer labores que antes correspondían al editor, y las imposturas de los críticos. Como en otras muchas cosas, también en esto Gracq se adelantó a su tiempo. Aunque tuviera su mirada puesta en un mundo que ya había dejado de existir.

Julien Gracq, seudónimo literario Louis Poirier, (Saint-Florent-le-Vieil, Maine-et-Loire, 27 de julio de 1910 - Angers, 22 de diciembre de 2007), escritor francés y profesor de historia y geografía.

 


Tags: Julien Gracq, escritor francés

Publicado por carmenlobo @ 9:52  | Literatura
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