Jueves, 08 de julio de 2010

ARTE EN COLABORACI?N
Alejandro Dolina

La literatura rom?ntica postula la proximidad y aun la identidad entre el artista y su obra. De este modo, los poemas, las novelas y los cuentos son tambi?n el escritor, o al menos un mapa secreto de su alma.
Es inevitable simpatizar con esta idea, que parece establecer el requisito de sinceridad en cuestiones est?ticas. Y es verdad que muchos artistas dejan, como un pelo en el peine, como una silla caliente, se?ales de su presencia viva. Sin embargo estos rastros no son siempre voluntarios. M?s a?n: es preferible que no lo sean.?Las confidencias desmesuradas son chocantes tanto en el arte como en las confiter?as.?
En este mismo punto hacemos flamear la primera cuesti?n de esta monograf?a?: si el hecho art?stico es personal e intrasferible, como explicar la existencia de obras en colaboraci?n???
Borges afirma que se trata de un prodigio inverso al de Jeckyll y Mr.Hyde: dos se convierten en uno.?El resultado artistico expresa una tercera identidad.
No sin pudor, me atrever? a agregar un dato demasiado modesto: el arte no es solamente expresi?n sino tambi?n creaci?n. A veces ? por fortuna ? el escritor inventa.?Y aunque sus invenciones tambi?n sean mapas secretos, puede ocurrir que el artista no se revele o incluso que se oculte.?Quevedo, Lope o Cervantes no se manifestaban en sus criaturas. Y se Flaubert dec?a ser Madame Bovary, es casi seguro que Carroll no era Alicia y Salgari no era Sandokan.
El lector saciado de teorias vulgares ya ir? sospechando ?sta: la literatura en colaboraci?n s?lo es posible en distritos tales como la novela de aventuras o el relato humor?stico. La novela psicol?gica o la poesia amorosa no podr?an tolerarla.
Lejos de todas estas consideraciones, un grupo de literatos perezosos llegu? a constituir en el barrio de Flores el c?lebre Comit? de Colaboraci?n Art?stica. Al principio sus funciones se limitaban a socorrer a narradores empantanados que acud?an en busca de rimas, adjectivos o desenlaces. M?s tarde, entusiasmados por ciertas ocurrencias afortunadas, llegaron a dictaminar que la creaci?n solitaria es imposible.?
- Aun el m?s personal de los escritores se vale de aportes ajenos ? sosten?an?
Los conocimientos previos, el lenguaje, los recuerdos y las influencias literarias son ? si bien se mira ? formas concretas de colaboraci?n.?
El ?ltimo colaborador, tal vez decisivo, es el lector.
Tan ingeniosos criterios encontraron la respuesta de los defensores de la creaci?n individual. En ese sentido, vale la pena consultar el libro?Imposibilidad del arte compartido?o?El buey solo bien se lame, escrito por los profesores Luis J. Schwarz y Amedeo Juliani. M?s all? de las discusiones de cen?culo, lo cierto es que el Comit? impuls? el nacimiento de numerosas obras. Y uno de sus componentes alcanz? formidable notoriedad.?Hablamos de Rodolfo Arr?a.?
El orden alfab?tico lo hac?a aparecer a la cabeza de todos los grupos que integraba. No le hizo asco a ning?n g?nero: partecip? en la redacci?n de novelas, ensayos, poesias, obras teatrales y de divulgaci?n cient?fica.?Intervino en la traducci?n de?Tierras v?rgenes?de Turgu?niev, superando su absoluto desconocimiento del idioma ruso. Arr?a fue el colaborador perfecto. Su ductilidad le permiti? siempre someterse al estilo de sus compa?eros: si trabajaba junto a Jorge Allen, los versos parec?an escritos de punta a punta por dicho poeta. Si se dejaba ayudar por Silvina Ocampo, la prosa presentaba el aspecto de haber sido construida solamente por ella.
Este mimetismo colosal impide saber c?mo escrib?a realmente Arr?a. Consecuente con sus principios, jam?s intent? una obra en soledad. Tal vez para mitigar los efectos de su demasiada humildad, el hombre ejerc?a una virtud provechosa: con el mayor desparpajo daba por suyas las ideas ajenas.?Esta hospitalidad de su firma le ocasionaba frecuentes disgustos. Despu?s de sus cuarenta a?os apenas le?a, para evitar el encuentro con frutos de su talento, mordisqueados por h?biles usurpadores, que a veces ? por puro disimulo ? le hab?an precedido en centurias.?
Manuel Mandeb dec?a haber presenciado algunas reuniones creativas de Arr?a y sus ayudantes. El pol?grafo de Flores destacaba la puntualidad de sus mates, la calurosa aprobaci?n que brindaba a toda sugerencia y una cierta propensi?n a quedarse dormido ante la m?nima demora de las musas.?
Rodolfo Arr?a no se content? con la literatura. Se entrever? con m?sicos, pintores y escultores. Lleg? a formar una orquesta de tangos ? que llevaba su nombre ? cuyo desempe?o fiscalizaba desde una mesa cercana.
Gracias a toda esta enorme actividad, conquist? premios y honores que nunca rechaz?. Sus enemigos le enrostraban un desmedido af?n de figuraci?n y la costumbre a postergar a sus compa?eros de tareas.?La acusaci?n no es del todo justa. Cuando en tiempos dificiles se public? el libro?Un gobierno desagradable, Arr?a tuvo la decencia de admitir su nula partecipaci?n en la obra, delante mismo del comisario de policia.
Su colaborador m?s asiduo fue el polemista C?sar Rulli. Desde el ?xito impresionante de?Aramos, dijo el mosquito, m?s de treinta obras llevaron la firma de estos dos creadores.
La posteridad adivina celos en Rulli. Un episodio hist?rico lo confirma: despu?s de muchos a?os de labores conjuntas, C?sar Rulli public? en forma solitaria un volumen de cuentos. Un critico le se?al? que en esa obra se notaba la ausencia de Arr?a.
?- En la otras tambi?n ? fue la resentida respuesta.
El Comit? de Colaboraci?n Art?stica mantuvo una actividad perpetua. Para evitar elecciones enojosas, se estableci? un sistema de colaboraciones por sorteo.?Los resultados fueron demenciales.Poner en yunta a espiritus contrapuestos conduce casi siempre al disparate.
El poeta lunfardo Alonso de la Cueva y el severo clasicista Fatiga Sustaita completaron el extenso poema?Ninfas y Malandras.?Transcribimos algunos versos para ilustrar la yuxtaposici?n de estilos:

Nemesis, vengadora, acude presto
con un nombre secreto entre los labios.
Olvido no ha borrado los agravios.
La diosa encuentra un taita bien dispuesto,
que un poco rechiflao por el escabio,
va a buscar a la mina y le da el pesto.

Algunos relatos constru?dos con estos mismos criterios padec?an defectos perturbadores. El uso alternado de la primera y segunda personas sol?a denunciar penosamente el cambio de pluma. Los personaje cambiaban bruscamente de car?cter, seg?n eran atendidos por uno u otro artista.
En ocasiones, un mismo pasaje era relatado dos veces. Y no faltaban expresiones superfluas, como ?Tiene raz?n? o ?Como dice ac? el amigo?. Algunas obras llegaron a contar quince o veinte autores, cuyos caprichos sumados oscurec?an los textos hasta volverlos incomprensibles. Varias novelas presentaban capitulos firmados en disidencia o finales diferentes en despacho por minoria.
Los intelectuales freudianos suelen proceder al allanamiento de las obras artisticas para buscar huellas de las neurosis del creador, cuando no de sus costumbres ?ntimas.
C?mo reaccionar?n estos personajes detectivescos ante una novela escrita en colaboraci?n?
Qu? clase de manias ser?n capaces de descubrir? A cu?l de los autores habr?an de atribuirselas???Proceder?n a un reparto equitativo?? Vislumbrar?n enfermizos maridajes? Dictaminar?n esquizofrenia? No es facil saberlo.?Los m?todos y razonamientos de estas gentes son m?s arbitrarios que las locuras de nuestro obtuso Comit?.?
Respecto de este asunto, Manuel Mandeb se mostraba desafiante?:

?? Conozco los procedimientos de la indagaci?n psicol?gica.?Adivino todas sus met?foras, puedo prever sus m?dicas interpretaciones. Me r?o de sus listas de simbolos.?Escribo ahora este cap?tulo.Adivinen qui?n soy.?Puedo escribir ahora mismo otro diferente.?Soy capaz de sembrar falsas se?ales. Soy capaz de ocultar las verdaderas.?Puedo crear un arte distinto de ?ste y hasta puedo ser un hombre distinto del que soy. Mi alma es un secreto inviolable, incluso para mi.?Muy brujo tendr? que ser el que me la saque al sol. Vamos? atr?vanse, interpreten mis textos y descubran mis fantasias er?ticas.?Aire, aire? No hay nada tan absurdo como la superstici?n de un racionalista.??

Respecto de la colaboraci?n art?stica, el pensador de Flores reconoci? algunas formas poco frecuentes de ejercerla?:

??? Los ?ngeles y los demonios suelen partecipar en la creaci?n de poes?as, novelas y valsecitos.?Yo mismo he compuesto un estilo con la ayuda de un cierto duende nocturno, de rima sonora, pero un poco sentencioso, eso s?. El resto de las personas tambi?n intervienen en nuestro arte.?Nos inspiran personajes, aventuras y conductas interesantes.?Tambi?n hacen su aporte los fen?menos clim?ticos que suelen dejar en nuestro ?nimo fatigas, euforias, melancol?as, temblores y espantos que ciertamente influyen en las obras, aunque nadie sepa de qu? modo.?Una concreta colaboradora: la censura. La eliminaci?n de ciertas partes de un trabajo lo convierte en algo diferente. A decir verdad, toda colaboraci?n convencional entre dos artistas amigos no es sino un continuo juego de mutuas censuras.?El ?ltimo ejemplo y el mejor: la payada a media letra.?Al final de sus actuaciones, los payadores no improvisan d?cimas personales, sino que van construyendo una entre los dos. Los versos de uno preparan los del otro y ?stos son preparaci?n de los siguientes. Ayudar el compa?ero es ayudarse a uno mismo?; la piedra que le pongamos en su camino nos caer? encima en forma de monta?a.??

Curiosamente, Manuel Mandeb nunca se acerc? al Comit? de Colaboraci?n Art?stica.?Tal vez ten?a miedo de las sanguijuelas que a veces se ocultaban all?. O comprend?a que jam?s iba a encontrar a nadie capaz de suscribir, siquiera por mitades, sus tenebrosos pensamientos.?
El Comit? desapareci?, como casi todas las entidades de los tiempos dorados.?Rodolfo Arr?a abandon? el arte y puso una pizzeria, junto a un socio ingenuo.
Los artistas siguieron ayud?ndose a pesar de los profesores adversos.?Y este procedimiento, rar?simo en la antiguedad, es hoy la forma m?s corriente de producir arte. Pero aqu?, en la ?ltima esquina de esta nota, pienso con horror en esos numerosos equipos de investigadores, periodistas, redactores, fot?grafos, correctores, confidentes y batilanas que partecipan de la producci?n de los novelones de Harold Robbins o Arthur Hailey y me pregunto si esto ser? el arte.
Yo que he tenido la ocasi?n de ser admitido como asistente por algunos artistas, me permitir? unas modestias recomandaciones.
La primera es eligir un par.?No es honesto aprovechar el talento o el prestigio de alguien mejor que uno. Y tambi?n es penoso detenerse cada tres pasos para esperar a un insolvente.
La segunda es tambi?n la ?ltima: es conveniente, antes de escribir con alguien, practicar la amistad, compartir aventuras y desaventuras durante algunos a?os, cultivar el afecto y la compasi?n, generar el respeto y la comprensi?n tolerante. Despu?s, reci?n entonces, uno podr? decir que est? listo para empezar la obra.
Pero la obra ya estar? terminada.

Alejandro Dolina?
Buenos Aires, 1987



Tags: arte en colaboracion, alejandro dolina

Publicado por carmenlobo @ 0:07  | Dolina, Alejandro
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