
El futuro de Diego en la Selección depende de Diego
Ahora que el Mundial es historia, y aunque ni siquiera se hayan consumido veinticuatro horas de la debacle de la Selección, es el momento de hablar de la continuidad de Diego Maradona. Si se toma en cuenta que dirigió 24 partidos (13 de ellos, oficiales) y consiguió un porcentaje de productividad del 75 por ciento de los puntos (18 triunfos y apenas 6 derrotas) se puede entender la encuesta de Misión Mundial, que casi el 55 por ciento de unos 20 mil votantes opten por la prolongación del contrato del actual técnico. Desde su falta de autocrítica e incapacidad para darle una identidad de equipo a sus grandes individualidades, sólo se puede explicar por su pasado de ídolo.
Lo cierto es que nadie sabe qué va a pasar con este Maradona derrotado y dolido. Por su propia inestabilidad emocional, esa que deja ver en cada conferencia de prensa, cuando habla de una realidad que sólo el propio Diego ve. De hecho, ayer, en ese vestuario cargado de tristeza, le dijo a su mano derecha, Alejandro Mancuso, que no tiene ganas de seguir, algo que deslizó cuando enfrentó a los periodistas. Sin embargo, esa ciclotímia maradoniana puede modificar su punto de vista en frío, más allá de que algunos dirigentes esperan que renuncie, tal cual hizo Dunga tras el fracaso de Brasil.
Lógico. Julio Grondona no pagará el costo político de echar a Maradona, un referente popular. Incluso, a pesar de que el presidente de la AFA tuvo algún cruce con Diego por el tema Ruggeri y la lista que se elaboró en Ezeiza. Fue el propio mandamás de la calle Viamonte el que aseguró, después de las Eliminatorias, que la idea era seguir con el astro sentado en el banco hasta después de la Copa América que se jugará el año que viene en nuestro país. Es más, su hijo, Humberto, había dicho antes del partido que debería renovarse el contrato hasta 2015. Y anoche, en diálogo con Clarín, el directivo Noray Nakis, íntimo del ex "10", afirmó: "Si dependiera de mí, yo lo volvería a elegir".
Hoy por hoy, Diego está más afuera que adentro. No sólo por el peso de esta decepción. También, porque el grupo ya no lo respalda como al principio del Mundial. Ninguno de los jugadores que habló ayer se jugó por la continuidad del entrenador. "No soy quien para poner o sacar a Maradona. Eso debe decidirlo él", afirmó Carlos Tevez. "Si sigue o se queda, es una determinación de Diego", sostuvo Javier Mascherano. "Hay que dejarlo pensar un poco para que evalúe qué va a hacer", reflexionó Gabriel Heinze. La relación con algunos jugadores no se quebró, pero se desgastó. En especial, con aquellos que tenían un lugar preponderante cuando llegaron a la Universidad de Pretoria y quedaron marginados en los últimos partidos. A Juan Sebastián Verón, por ejemplo, no le gustó enterarse en una práctica que no sería titular. De todos modos, el ciclo de la Bruja con la celeste y blanca está cumplido. Walter Samuel, Jonás Gutiérrez y Diego Milito también acumularon banco y bronca. Y hasta Lionel Messi se fastidió por la posición en la que lo puso.
Del imprevisible Diego depende. Como cuando jugaba.
