Lunes, 07 de junio de 2010


Raymond Carver

Nous croyons Deviner les sentiments de l'autre,mais nous ne pouvons pas, bien s?r,
?nous ne pourrons jamais. Peu importe. En fait, c'est la tendresse qui m'int?resse.
?C'est le cadeau qui me touche, me tient, ce matin, comme tous les matins.
Creemos adivinar los sentimientos del otro, no podemos, por supuesto, nunca podremos.
?No tiene importancia. En realidad es la ternura la que me interesa.
??se es el don que me conmueve, que me sostiene, esta ma?ana, igual que todas las ma?anas.
"Noi crediamo di capire i sentimenti altrui, ma certamente non possiamo, e non potremo mai.
?Poco importa. In realt? ? la tenerezza che mi interessa. Questo ? il dono che mi commuove,
?che mi sostiene oggi, come tutti gli altri giorni."
http://www.youtube.com/watch?v=rM2KjStdIhs

"Creemos adivinar los sentimientos del otro, no podemos, por supuesto, nunca podremos.?No tiene importancia. En realidad es la ternura la que me interesa.??se es el don que me conmueve, que me sostiene, esta ma?ana, igual que todas las ma?anas."


Nous croyons deviner les sentiments de l'autre, mais nous ne pouvons pas, bien s?r,?nous ne pourrons jamais. Peu importe. En fait, c'est la tendresse qui m'int?resse.?C'est le cadeau qui me touche, me soutient, ce matin, comme tous les matins.


"Noi crediamo di capire i sentimenti altrui, ma certamente non possiamo, e non potremo mai.?Poco importa. In realt? ? la tenerezza che mi interessa. Questo ? il dono che mi commuove,?che mi sostiene oggi, come tutti gli altri giorni."

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El don de la ternura

Tarde en la noche. Comenz? a nevar.

Los copos h?medos ca?an

m?s all? del cristal de las ventanas,

surcando el aire fr?o

ocultaban el resplandor de la ciudad.

Observamos un rato la tormenta

sorprendidos, felices, satisfechos

de estar all? y no en otro sitio.

Puse un le?o en el hogar,

me pediste que regulara

el tiro de la chimenea.

Nos metimos en la cama.

Cerr? mis ojos, de inmediato,

pero

por razones que desconozco

antes de dormirme

el aeropuerto de Buenos Aires

atraves? mi memoria.

Record? esa tarde,

la temprana oscuridad, las sombras.

Reconstru? la escena:

regres? a ese paisaje desolado

donde flotaba un silencio sepulcral

interrumpido ?nicamente por el rugido

de las turbinas del avi?n que carreteaba

lentamente bajo una lluvia de granizo,

tan fino que lo confundimos con nieve.

En las ventanas de los edificios no hab?a luz.

Un lugar realmente solitario.

S?lo pasillos abandonados, hangares vac?os.

No vimos a una sola persona.

?Es como si todo estuviera de luto,?

fue tu comentario.


Abr? mis ojos.

El ritmo de tu respiraci?n

me dijo que estabas profundamente dormida.

Te cubr? el cuerpo con uno de mis brazos.

Mis evocaciones

me trasladaron de la Argentina

a un departamento en el que pas?

un tiempo de mi vida, en Palo Alto.

No nieva en esa ciudad,

pero el departamento dispon?a

de un amplio ventanal desde donde

podr?amos haber mirado por horas

la autopista que rodea la bah?a.

La heladera estaba al lado de la cama.

Las noches calurosas, sofocantes,

cuando me despertaba con la garganta seca

s?lo ten?a que estirar el brazo, abrir la puerta

y dejarme guiar por la luz interior

hasta el botell?n con agua refrescante.

En el ba?o un peque?o calentador el?ctrico

descansaba cerca del lavatorio.

Todas las ma?anas mientras me afeitaba

calentaba agua en una vieja sart?n,

el frasco de caf? instant?neo,

siempre a mano, en el botiqu?n.


Un ma?ana me sent? en la cama

vestido, reci?n afeitado,

bebiendo sorbos de caf? caliente

intentando olvidar planes,

proyectos, todas esas cosas

que hab?a decidido realizar.

Finalmente disqu? el n?mero

de Jim Houston que vive en Santa Cruz,

le ped? prestados 75 d?lares.

Me contest? que estaba sin fondos.

Su mujer hab?a viajado a M?xico

por unos d?as y ?l ya no ten?a dinero,

no llegaba a fin de mes.

?Est? bien?, le dije. ?Te entiendo.?

Y as? era,

no necesit? explicaciones.

Hablamos un poco m?s y cortamos.

Termin? el caf? cuando el avi?n

comenzaba a elevarse en mi recuerdo

y yo desde la ventanilla miraba

por ?ltima vez las luces de Buenos Aires.

Despu?s cerr? los ojos

iniciando el largo regreso.


Esta ma?ana hay nieve por todos lados.

Hablamos sobre la tormenta.

Me coment?s que no dormiste bien.

Te digo que yo tampoco.

Tuviste una noche terrible. ?Yo tambi?n.?

Estamos tranquilos el uno con el otro,

nos asistimos tiernamente

como si comprendi?ramos nuestro estado de ?nimo,

las mutuas inseguridades.

Creemos adivinar los sentimientos del otro,

no podemos, por supuesto, nunca podremos.

No tiene importancia.

En realidad es la ternura la que me interesa.

?se es el don que me conmueve, que me sostiene,

esta ma?ana, igual que todas las ma?anas.

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Tags: Raymond Carver, ternura, Tender Awakening

Publicado por carmenlobo @ 13:21  | Literatura
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