Viernes, 19 de marzo de 2010


Catálogo de obviedades acerca de Alejandro Dolina

Ayer fui a la foto de la revista GENTE, de los personajes del año. Me tocó la parte del ganchito.
ALEJANDRO DOLINA

MENTES BALDÍAS, VOCABULARIO EN BANCARROTA

Cinco noches a la semana, Alejandro Dolina toma el micrófono y comparte un juego con sus oyentes. En la primera parte de su programa juega a contar historias ajenas, que suelen provenir de variadas mitologías (celta, escandinava, griega, americana y demás) o de un surtido de conocimientos que harían avergonzarse al finado Isaac Asimov, de volver éste de la paz de los sepulcros. Sin embargo, el Negro (al igual que Sábato) desconfía de la "divulgación científica", y de vez en cuando nos lo recuerda –aunque eso no es obstáculo para que el tipo nos inicie en los mitos nórdicos, la anagnórisis como recurso teatral, las teorías de Darwin, la vida sentimental de Bernard Shaw o la gastronomía en la Grecia clásica. "El libro de texto de historia no funciona. Si yo digo: bueno, hoy vamos a hablar, qué sé yo, de la Revolución Francesa. Antecedentes de la Revolución Francesa, dificultades, el viejo régimen; eso no camina... No basta con contar una vida y dar unas fechas, sino que es necesario sostenerlo con las mismas estructuras que sostienen, pongamos por caso, una obra teatral. Hay un conflicto, hay un tipo que ama a una mujer que no lo quiere. Entonces ahí funciona. Y por ahí usamos los mismos datos..." [i]
En la segunda parte, se dedica a improvisar historias que tienen su punto inicial en una fugaz lectura de algún recorte de alguna vieja revista femenina, creando un mundo absurdo a partir de un artículo acerca de cómo eliminar las manchas de la pared, por ejemplo. Dolina prescinde de todo artificio: no hay efectos de sonido, no hay impostaciones. Es un constante ejercicio de la imaginación. "Una cosa que es absolutamente lateral se vuelve central. El tipo está hablando de las caminatas y por ahí menciona la posibilidad de que aparezca un animal salvaje, y empezamos a hablar de animales salvajes en general, y por ahí alguien menciona una escopeta y se habla de escopetas, y por ahí alguien dice que tiene una escopeta en su casa y que la usa para cuando viene el cartero, y después se habla del cartero y de Miguel Strogoff, y ya la revista se fue." [ii]
Dolina encarna personajes miserables, patéticos, desesperados, necesitados de amor, ridículos, malvados, amables, dementes:
DOLINA: -Conocí a una dama; estaba esperando para el dentista. Yo traté primero de seducirla aparentando valor, ¿no?
ROLÓN: -Ajá.
DOLINA: -Yo en el dentista aparento valor. Me senté y la vi; yo llegué y ella ya estaba esperando, leyendo una revista del año 39. Entré: buenas tardes... ¡Je!, dije, así como quien hace un comentario para sí mismo, ¡estoy pasmado del valor que tengo! ¡No siento ni el menor atisbo de temor, a pesar de estar en vísperas de la atención del dentista! Dije yo, haciendo mucha fuerza para no desmayarme. Bueno, empecé a tratar de seducirla con el valor que yo tenía. ¿Adónde está ese torno? ¡Vengan de a cuatro, canejo!
ROLÓN: -¡Traigamelón!
DOLINA: -Y la mina, nada.
STRONATI: -Seguía leyendo, la mina.
DOLINA: -Entonces vi que por ahí no iba el asunto.
ROLÓN: -Claro, no eran los valientes los que la seducían.
STRONATI: -No le podía entrar por ahí.
DOLINA: -Entonces dije: me voy a tener que hacer pasar por alguien. Y la miré directamente a los ojos; le dije: ¿no me reconoce? No, dijo la mina, escupiendo el colmillo.
STRONATI: -Por ahí tenía una molestia, la mina.
ROLÓN: -Estaba anestesiada.
DOLINA: -Le digo: soy Stephen King.
ROLÓN: -¿Quién?
DOLINA: -El tipo ése que escribe.
STRONATI: -¡Ah, Stephen King!
DOLINA: -¡Claro! ¡Cómo no conoce a Stephen King! ¡El tipo ése que escribe soy yo! Y la mina dice: ¿así que usted es Stephen King? Sí, le digo. Yo no había leído nada de él... pero mejor. Y me dice la mina: ¡con razón no tenía miedo usted! ¿Por qué no me espera que me atienda acá el doctor Barragán y vamos a tomar unos licorillos?
ROLÓN: -Picó la mina.
DOLINA: -La esperé y ella se enamoró.
ROLÓN: -¿De usted?
DOLINA: -Y, se enamoró de Stephen King, que era yo. Y yo empecé a vivir como si fuera Stephen King. Ya me hacía llamar Stephen, y usted sabe que hice tanta fuerza que me convertí verdaderamente en Stephen King...
STRONATI: -Ah, ¿es usted?
DOLINA: -Sí, soy yo.
STRONATI: -Está facturando bien.
DOLINA: -Incluso escribí de nuevo algunos libros.
ROLÓN: -¿Ah, sí?
DOLINA: -Los copiaba, ¿vio?
ROLÓN: -Copiaba textual los libros.
DOLINA: -Claro, yo agarraba LA HORA DEL VAMPIRO y la copiaba.
STRONATI: -EL VAMPIRO 2.
DOLINA: -No, no... La copiaba. Por ahí venía esta chica y me decía: ¿qué estás haciendo, Stephen? Ya lo ves, le decía yo, escribiendo LA HORA DEL VAMPIRO. ¡Ah, qué maravilloso! Siempre soñé con estar junto a ti cuando escribieras LA HORA DEL VAMPIRO. Bueno, le digo, ponte junto a mí y observa cómo escribo LA HORA DEL VAMPIRO. Pero, dice, ¡la estás copiando de otro libro! No de otro, digo, del mismo libro, LA HORA DEL VAMPIRO. Pero, ¿y qué sentido tiene que escribas de nuevo un libro que ya ha sido publicado?
STRONATI: -Inteligente, la mina.
ROLÓN: -Nadie escribe dos veces el mismo libro, ¿no le dijo usted, haciéndose el Heráclito?
DOLINA: -Mire «Pierre Ménard, autor del Quijote», le decía yo... pero finalmente yo mismo me creí que era Stephen King y empecé a escribir novelas.
ROLÓN: -Trastorno de la personalidad, tuvo.
DOLINA: -Ésa la escribí, también.
STRONATI: -¿Usted sentía como que Stephen King estaba dentro de usted?
DOLINA: -Sí, yo lo sentía adentro... Por ahí estaba durmiendo y sentía algo.... ¡Debe ser Stephen King!
STRONATI: -No sé si Stephen King o algo que comí, dice.
DOLINA: -Pero al final yo mismo era Stephen King y empecé a escribir novelas de terror.
ROLÓN: -¿Qué escribió, por ejemplo? ¿«El pasillo de la muerte», lo escribió usted?
DOLINA: -No, no. Escribí novelas mías, inéditas, no escritas antes por Stephen King, sino novelas que yo mismo inventaba. Por ejemplo, «Asustado hasta las patas».
STRONATI: -Ah, es una traducción, ¿no?
DOLINA: -Es una novela de miedo en un ambiente rural... Transcurre en Carlos Casares. Aparece la Viuda, la Chancha sin Cabeza...
ROLÓN: -El Alma Mula...
STRONATI: -La Llorona...
DOLINA: -Sí, todas esas cosas... el Viejo de la Bolsa. ¡A veces me asustaba yo mismo de lo que escribía!
ROLÓN: -No podía seguir escribiendo.
DOLINA: -Estaba escribiendo por ahí, ponele "y en eso cuál no sería mi sorpresa cuando vi un horrible monstruo"... ¡Aaaaaaaaaaaaaaaah! gritaba yo y salía corriendo de mis propias creaciones, y mi mujer que estaba ahí esperando: ¿qué pasa, Stephen? ¡Aaaah, le digo, que me he asustao de lo que yo mesmo escribo! Porque me había convertido en un escritor gauchesco.

PRIMER PARÉNTESIS: LA INFANCIA EN BAIGORRITA
Las casualidades cortazarianas de la vida: mientras preparo por primera vez el texto de este artículo (fines de diciembre de 2003) enciendo la radio y escucho a Dolina comentando que siempre le preguntan lo mismo en las entrevistas:
"¿Y sabe por qué son la misma pregunta? Porque para ver qué me van a preguntar se leen el reportaje anterior. ¡Se lo juro! Además me lo dicen: usted dijo en un reportaje que. A mí me divierte mucho contestarle otra cosa, absolutamente lo contrario. Pero es un poco descorazonador saber que lo único que han leído de uno son los reportajes, y hay otra cosa también que lo llena a uno de desazón más que de encono, porque revela el nulo interés del periodista que evidentemente te viene a hacer una entrevista porque lo mandaron, le tocaste en el sorteo, pero casi todo el mundo empieza a hablar o habla todo el tiempo de mi niñez en Baigorrita, donde yo no viví nunca. Pero, ¿sabe por qué lo dicen? Porque es lo primero que está en la biografía de la solapa del libro: 'nació en Baigorrita'. Y dicen: ¿cómo fue su niñez en Baigorrita? ¡No leyeron más! Mire, siempre se detienen en la niñez: ¿cómo era su niñez?, ¿a qué jugaba usted? Yo les contesto, está bien, pero a lo mejor he hecho algunas cosas un poco más inteligentes que jugar a la bolita cuando era chico. No era un pibe muy vivo. Ahora tampoco, pero a lo mejor hice alguna cosa.
"Supóngase que yo no hice nada, y efectivamente no creo haber hecho nada de mérito, pero por ejemplo, yo traté (por suerte) mucho, por causa de mi amigo Antonio Carrizo, a Borges. ¿Sabe cuántas veces me preguntaron algo, y yo tengo algunas cosas muy interesantes que podría contarle? Nunca. No me lo preguntaron nunca; están muy interesados en saber a qué jugaba yo cuando era chico, cómo eran mis amigos de colegio, y si es cierto que yo dije que todo lo que hace el hombre es para levantarse minas". [iii]

Despachemos los antecedentes y veamos si se clarifica el panorama:
Libros de Alejandro Dolina:
Crónicas del Ángel Gris (1988)
Libro del Fantasma (1998)
Bar del Infierno (2005)
Discos de Alejandro Dolina:
Lo que me costó el amor de Laura (2000)
Radiocines (2002)
Tangos del Bar del Infierno (2003)
Y varios programas de radio y TV, que tal vez sean uno solo. (Lo cual no necesariamente es un defecto: todo juego necesita de la iteración.) También trabajó con Faruk escribiendo los libretos de Clemente para Canal 13.


Tags: Alejandro Dolina, flores

Publicado por carmenlobo @ 11:22  | Dolina, Alejandro
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