Jueves, 18 de marzo de 2010

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- LAS BARRERAS DE LA MUERTE O LAS SIMPLEGADAS DE FLORES.


Cuando los Argonautas viajaban rumbo a C?lquide a buscar el vell?n de oro
que colgaba de un ?rbol, encontraron unas rocas siniestras llamadas
Simpl?gadas, o Planctai, o Cianeas. Envueltas perpetuamente en la niebla
marina, defend?an la entrada del B?sforo. Cuando un nav?o trataba de
pasar entre ellas, se un?an y lo aplastaban.
As?, el paso a nivel de la calle Granaderos custodia el ingreso al Norte
de Flores.
Cuando un autom?vil adverso est? cruzando las v?as, las barreras se
cierran instant?neamente y lo dejan atrapado. Pronto aparecen trenes
mortales que destrozan los veh?culos y a los ocupantes que no tuvieran la
prudencia de huir.
Ciertos asutos conductores de camionetas emplean la siguiente estratagema:
env?an delante suyo una carretilla que es arrollada por el tren. Saciado
por un instante el infernal apetito, los sagaces choferes aprovechan para
pasar a toda marcha.
Existen en el barrio otras barreras demon?acas que se cierran cuando no hay
peligro y conceden el paso un segundo antes de la irrupci?n de horribles
locomotoras asesinas.


- EL TREN DEMASIADO LARGO.

Las autoridades del ferrocarril han armado un tren colosal. Lo forman miles
y miles de vagones. El furg?n est? contra los paragolpes de la estaci?n
Once y la locomotora al fin del ramal de Ingeniero Luiggi. Su destino es la
inmovilidad. Nadie sabe si todav?a no ha partido o si ya ha llegado.
Se trata de un tren in?til.


- EL HOMBRE QUE SE TRANSFORMABA DEMASIADO

El doctor Maderna aprendi? a convertirse en mariposa cuando era un
adolescente.
M?s tarde adquiri? nuevas destrezas y as? lleg? a transformarse en gato,
en
anguila, en pez, en cal?ndula y en escritorio.
Siendo adulto era capaz de convertirse en cualquier objeto a su capricho.
Sin embargo, sus metamorfosis se hicieron tan frecuentes que su familia
viv?a
en inquietud constante. Nadie se atrev?a a matar a una cucaracha, por temor a
que se tratara del doctor Maderna. Una noche lo arrojaron a la basura
bajo la forma de una esponja usada y un domingo estuvo a punto de ser
devorado
por su propio hijo, quien no supo reconocerlo en un chorizo.
Cada vez era menos asidua su apariencia original.
Eso s?, nunca dejaba de asumirla el d?a de su cumplea?os, para no perderse
obsequios y homenajes.
Una madrugada entraron ladrones y se lo robaron, cuando era un jarr?n de
cristal. Nunca m?s se supo de ?l.
Desde entonces, su pobre esposa recorre las casas y negocios de la ciudad,
hablando tiernamente a los floreros:
- Ram?n... Ram?n... Maderna...
Pero los jarrones siempre son jarrones, o acaso son alguna otra persona.


- EL EXTRA?O CASO DEL HOMBRE Y LA BESTIA

Es posible imaginar un Jeckyl y un Hyde cuya historia sea estropeada por
una
poci?n mal preparada.
Las caracter?sticas humanas y bestiales aparecen en forma inoportuna: el
protagonista es brutal aun antes del brebaje, o mantiene rasgos amables des-
pu?s de ?l.
A menudo es Jeckyl y Hyde al mismo tiempo y hasta hay ocasiones en que no
es
ninguno de los dos.
Un mal farmac?utico es fatal para la literatura.


- EL DISIMULO DE LOS HOMBRES LOBO

Los viernes a la noche, los s?ptimos hijos varones de algunas familias de
Flores se volv?an lobizones. En un tiempo se originaban innumerables
esc?ndalos y episodios sangrientos. Pero con los a?os, los lobizones
aprendieron a amainar sus instintos, a cuidar sus modales y a maquillar sus
hocicos repugnantes. La gente les fue perdiendo el miedo primero y el
respeto despu?s.
Los muchachos del barrio lo corr?an a pedradas y, en el mejor de los casos,
se burlaban de los hombres lobo, rebautiz?ndolos con apodos infamantes.
Una noche, hartos de recibir humillaciones, los monstruos semanales
abandonaron todo recato y recorrieron el barrio pegando alaridos y lanzando
tarascones al aire. Sin embargo ya era demasiado tarde. Hab?an perdido la
autoridad que es indispensable para asustar. Nadie volvi? a tomarlos en
serio.
Hoy los lobizones se ocultan y se re?nen en locales secretos, recordando
sus haza?as del pasado.


- EL HOMBRE QUE ERA, SIN SABERLO, EL DIABLO.

Un caballero de la calle Caracas resolvi? negociar su alma. Siguiendo los
ritos alcanz? a convocar a Astaroth, miembro de la nobleza infernal.
-Deseo vender mi alma al diablo- declar?.
-No ser? posible- contest? Astaroth.
-?Por qu??
-Porque usted es el diablo.


- LEYENDA DE LA MUJER QUE ES, SIN SABERLO, EL DIABLO

Hay en Las Lomas de El Palomar una hermosa mujer que se aparece a los
mu-
chachos en las noches de verano.
La mujer les cuenta una historia de amor y les regala una flor azul.
Los muchachos guardan la flor azul en un libro y piensan en la mujer y
lloran de melancol?a.
La mujer es en realidad el demonio, pero los muchachos no lo saben y
ella
tampoco, tan oscuros son los m?todos de Sat?n.
Dios guarde a los muchachos tristes de las mujeres hermosas.


- HISTORIA DEL QUE PADECIA DOS MALES

En la calle Caracas viv?a un hombre que amaba a una rubia.
Pero ella lo despreciaba enteramente.
Unas cuadras m?s abajo dos morochas se mor?an por el hombre y se le
ofrec?an
ante su puerta. El, las rechazaba honestamente.
El amor depara dos m?ximas adversidades de opuesto signo: amar a quien no
nos
ama y ser amados por quien no podemos amar.
El hombre de la calle Caracas padeci? ambas desgracias al mismo tiempo y
muri? una ma?ana ante el llanto de las morochas y la indiferencia de la
rubia.


- EL PEQUE?O PACTO DE MANUEL MANDEB

No le fue f?cil a Satan?s tentar a Manuel Mandeb. Para empezar, cada vez
que se le aparec?a, el hombre sal?a corriendo, sin dar tiempo a
presentaciones ni propuestas.
Un d?a, disfrazado de ferroviario, logr? captar la confianza del pol?grafo
y finalmente le propuso el pacto de siempre.

-"En realidad, me gustar?a obtener el amor de una cierta se?orita. Pero no
creo que valga un alma. Es de escasa estatura."
-"Puedo darte ese amor y tambi?n riquezas y honores, para completar la
diferencia".
-"Tengo una idea mejor-grit? Mandeb-. Conc?dame ese amor! A cambio yo
cometer? cuatro inequidades, que tal vez alcanzen para condenarme.

Discutieron largo rato. Satan?s acept? sin entusiasmo el peque?o pacto,
que se firm? con tinta corriente. Las inequidades fueron establecidas por
escrito y eran ?stas:

1) Un latricinio. Mandeb lo resolvi? rob?ndose las bolas de billar de una
mesa del sal?n Ode?n.
2) Una blasfemia.
3) Una traici?n. No fue sencillo cambiar de panader?a pero hab?a que cumpir.
4) La cuarta inequidad fue identificada con el prop?sito mismo del pacto.
Hacerse amar por alguien y no dar el alma a cambio es, por cierto, una
canallada.

A fuerza de generosidades y arrepentimientos, Mandeb fue emparejando el peso
de sus pecados, hasta quedar en condiciones de salvarse del infierno,
ajustadamente.


- LAS MELLIZAS GARCERON

Las mellizas Irma y Julia Garcer?n acostumbraban a compartir a sus novios.
Cuando una de ellas se relacionaba con un caballero no tardaba en enviar a
la otra como reemplazo. Bien se ve que aqu? no exixt?a metamorfosis, sino
impostura.
Cierta vez, Irma se puso de novia con Andr?s, uno de los trillizos
Mantegari.
Estos hermanos tambi?n ten?an la costumbre de poseer sus amores en com?n.
Por cierto, este era un noviazgo que admit?a seis formas diferentes:

1) Irma y Andr?s.
2) Irma y Carlos.
3) Irma y Luis.
4) Julia y Andr?s.
5) Julia y Carlos.
6) Julia y Luis.

No todas las fases se daban del mismo modo. Julia y Carlos se amaban
tiernamente. Irma y Luis se detestaban. Carlos e Irma no se hab?an visto
nunca.
Ni las Garcer?n sospechaban de los Mantegari, ni los Mantegari dudaban de
las Garcer?n.
Una noche Julia se cas? con Luis creyendo hacerlo con Carlos. Carlos,loco
de celos, estrangul? a Irma, pensando que su v?ctima era Julia. Andr?s
fue condenado a prisi?n y Julia lo visitaba creyendo que era Carlos.
Manuel Mandeb intent? escribir la historia de estos amores, pero apenas
dej? media carilla, llena de tachaduras y rectificaciones.


- HISTORIA DEL QUE NO PODIA OLVIDAR

El ruso Salzman tuvo muchas novias. Y a decir verdad sol?a dejarlas al
poco tiempo. Sin embargo, jam?s se olvidaba de ellas.
Todas las noches sus antiguos amores se le presentaban por turno en
forma
de pesadilla. Y Salzman lloraba por la ausencia de ellas.
La primera novia, la verdulera de Burzaco, la pelirroja de Villa Luro,
la
inglesa de La Lucila, la arquitecta de Palermo, la modista de Ciudadela. Y
tambi?n las novias que nunca tuvo: la que no quiso, la que vio una sola vez
en
el puerto, la que le vendi? un par de zapatos, la que desapareci? en un
zagu?n
antes de cruzarse con ?l.
Despu?s Salzman lloraba por las novias futuras que a?n no hab?an
llegado.
Los hombres sabios no se burlaban del ruso pues comprend?an que estaba
pose?do
del m?s sagrado berret?n c?smico: el hombre quer?a vivir todas las vidas y
es-
taba condenado a transitar solamente por una. Aprendan a so?ar los que se
con-
tentan con sacar la loter?a...


- HISTORIA DEL QUE SE ENAMORO DE UNA NI?A DEMASIADO JOVEN

Manuel Mandeb supo tener amores con una ni?a muy joven de la calle P?ez. La
muchacha no hizo cuesti?n por la diferencia de edades y adem?s es cierto que
Mandeb era un hombre de aspecto soberbio, dentro de su sombr?o estilo.
Pero pronto empezaron las dificultades.
Un d?a, Manuel insisti? en caminar bajo un aguacero mientras recitaba a
los gritos un soneto flamante.
Una noche le hizo el amor en una casa embrujada de la calle Campana para
espantar a los demonios.
A veces, en la madrugada, se trepaba hasta la ventana de la ni?a, en el
tercer piso, y dejaba prendida una flor roja.
Una tarde de invierno le hizo probar el licor del olvido y el vino del
recuerdo.
En verano, le sacaba la blusa en las calles oscuras y le pon?a alguna de
sus gastadas camisas azules.
Para su cumplea?os le reagal? una sombra robada en Villa del Parque que
hab?a encerrado en una caja de cristal.
Despu?s ense?? a todos los p?jaros de Flores a cantar el nombre de la
muchacha en su ventana.
Entonces la ni?a abandon? a Mandeb y coment? luego a sus amistades en una
pizzer?a:
- No ?ramos de la misma generaci?n.


- LEYENDA DEL VOLADOR DE FLORES

Casi todos los hombres sensibles de Flores conoc?an a Luciano, el volador.
Sab?a atender un puesto de diarios en la esquina de Boyac? y la avenida.
Sus apologistas pretenden que levantaba quiniela, hecho que no le consta
para nada al compilador de estas historias. Por lo dem?s, a trav?s de todos
los mitos de Flores, parece constante el af?n de enaltecer el recuerdo de
los h?roes, atribuy?ndoles actividades relacionadas con el juego. Si es
verdad lo que se cuenta, Luciano volaba. Sus escasas fotograf?as nos lo
muestran liviano y magro, aunque carente de alas. Una de ellas, que suele
utilizarse como prueba de su don, lo registra en el costado dercho de un
grupo numeroso y sus pies aparecen en el aire, a una cuarta escasa del
suelo.
Los esc?pticos atribuyen ese efecto a un truco fotogr?fico o bien a un
peque?o salto oportuno.
Sin embargo, la tradici?n oral de Flores insiste en recordar los vuelos de
Luciano. Los mas viejos aseguran que, cuando ni?o, descolgaba los barriletes
que se enredaban en los ?rboles y recobraba las pelotas que ca?an en los
techos del vecindario. Ya mayor, prefiri? siempre los vuelos nocturnos.
Parece que el cielo sostiene mejor de noche y no se corre el riesgo de
llamar la atenci?n de los papanatas.
Excepci?n de los d?as de lluvia o granizo, Luciano prescind?a de los
colectivos y tax?metros. Un viajecito al centro le insum?a apenas diez
minutos. Sol?a aterrizar en las terrazas solitarias y bajar por los
ascensores, para evitar el esc?ndalo. Siendo volador, Luciano era discreto.
Conoc? -eso cuentan- el secreto de todos los campanarios de Flores, se
cruz? mil veces con las brujas desnudas que sobrevuelan Belgrano y se
salud? con los ?ngeles ociosos que se dejan llevar por los vientos.
Sus enemigos lo acusaban de robar higos y triciclos, para no hablar de las
lamparitas del alumbrado p?blico. Los aviones le produc?an terror, desde un
d?a en que paseando por El Palomar, un pardo Avro Lincoln casi le arranca
la cabeza.
Manuel Mandeb ha sido el principal proveedor de an?cdotas de Luciano. El
pensador ?rabe cuenta -por ejemplo- las desagradables consecuencias que
padeci? a causa de su ignorancia del uso de la br?jula y la posici?n de
los astros.
As? nos refiere que una noche que volaba hacia el estadio de V?lez Sarsfield
con la ladina intenci?n de colarse, equivoc? el camino y descubri? las
fuentes mismas del r?o Matanza. Encontr? all? -sostiene Mandeb- grandes
poblaciones lacustres, semejantes a las que cundieron en Suiza hace
milenios. Tom?ndolo por un dios, los inocentes pobladores lo agasajaron, le
dieron de comer hidromiel, le cedieron a una joven mas o menos doncella y
le obsequiaron una yunta de gallinas y un florero, ?nico de estos objetos
que a?n conserva.
Estos cuentos son muy sospechosos. Sospechosa es tambi?n la historia que
ubica a Luciano siguiendo una bandada de golondrinas hasta los tr?picos o
aquella que hace referencia a la lucha del volador con un c?ndor bataraz.
Cuando comenzaron las calamidades en el barrio de Flores, Luciano decidi?
partir. Las palomas azules con sus plumas de acero coparon el cielo de la
barriada y el volador sinti? miedo. Manuel Mandeb insiste en que antes de
irse para siempre, Luciano le cont? el secreto de su incre?ble destreza.
Dice Mandeb que un mago extranjero le concedi? el don del vuelo, pero le
hizo la siguiente prevenci?n: "Volar?, Luciano, pero cuida que quienes lo
sepan no escriba nunca tu historia. Cuando alguien la lea, tu poder
cesar? definitivamente". Esto explica que las haza?as de Luciano s?lo se
hayan transmitido en forma oral. Ninguno de los literatos de Flores lo
menciona jam?s. Gracias a ello Luciano seguir? volando hasta el d?a de hoy,
lector imp?o, en que tus ojos curiosos acaban de desbarrancarlo para
siempre.


- EL NI?O QUE FUE A MENOS

La se?orita Claudia le pregunta a Ferro:
-?Qui?n fund? la ciudad de Asunci?n?
Ferro lo ignora y lo confiesa. La maestra intenta por otros rumbos.
-Tissot.
-No s?, se?orita.
-Rossi.
Silencio. El ambiente se pone pesado porque quiz? la se?orita Claudia
ense??
aquello el d?a anterior.
-Maldonado.
Nada. Claudia frunce el ce?o y ensaya unos reproches generales.
Frezza, el tano Frezza, lo sabe de alg?n modo misterioso. Es extra?o el
camino que siguen las nociones: suelen alojarse donde menos se piensa.
-N??ez. L?pez. Dall'Asta.
Tampoco. Frezza espera, sobrador, sin levantar la mano. Cosa de
manyaorejas,
piensa.
La se?orita Claudia se dirige a las ni?az y pronuncia el nombre amado.
Frezza
est? muy lejos para soplar y la morocha que lo enloquece no puede contestar.
De pronto, la maestra lo mira.
-Frezza.
Y el ni?o taura, que tal vez necesita anotarse un poroto, se levanta, mira
hacia el banco y de la morocha y dice casi triunfal:
-No lo s?.
Si es que nadie lo sabe, estar? bien no saberlo. Frezza se sienta y se oye
entonces, como en una horrible blasfemia, la voz de Campos, injuriosa:
-?Juan de Salazar!
Pasaron los a?os. La morocha no conoci? el amor de Frezza ni tampoco su
gesto
elegante y generoso.
Si alguien califica estas lecciones en alguna Libreta Celeste, Frezza
tendr?
un nueve. Y si ni siquiera existe esa Libreta, entonces tendr? un diez.


- UNA PELEA

Me empujaron a la salida. Hubo un tumulto blanco y despu?s de una r?pida
investigaci?n, qued? frente a frente con Carlos.
-?Qu? empuj?s?
Se form? una rueda. Alguien grit?:
-Faj?lo...
Ni?as aterrorizadas se sumaron al grupo.
Carlos se puso muy colorado. Manos crueles lo empujaron hacia m?.
Tito, falso caudillo y sujeto temido, me dijo:
-Dale... ?O le ten?s miedo?
Entonces le acomod? una pi?a y ahora ya s? que soy cobarde.


- EL HOMBRE QUE PEDIA DEMASIADO

Satan?s: Qu? pides a cambio de tu alma?
Hombre: Exijo riquezas, posesiones, honores, distinciones... Y tambi?n
juventud, poder, fuerza, salud... Exijo sabidur?a, genio, prudencia... Y
tambi?n
renombre, fama, gloria y buena suerte... Y amores, placeres, sensaciones...
Me
dar?s todo eso?
Satan?s: No te dar? nada.
Hombre: Entonces no tendr?s mi alma.
Satan?s: Tu alma ya es m?a. (Desaparece)


- LOS MAGOS Y LA RIQUEZA

La costumbre de pagar los servicios de los brujos provoc? el enriqueci-
miento y despert? la codicia de muchos de ellos.
Otra consecuencia lamentable fue la aparici?n de infinidad de falsos adi-
vinos que, careciendo de todo poder, viv?an del enga?o.
Hab?a quienes adivinaban la suerte con cartas marcadas. Otros investigaban
a
sus clientes antes de recibirlos, para sorprenderlos con revelaciones
espectaculares. "Usted tiene un cu?ado que trabaja en el correo."
As? la respetable profesi?n de brujo fue usurpada por una caterva de esta-
fadores que interpretaban los sue?os y aconsejaban apuestas para la quiniela.
Como todos sabemos, Los Refutadores de Leyendas aprovecharon esa circuns-
tancia y hoy ya no es posible decir a nadie que uno es brujo, sin que se sos-
peche que detr?s de esa afirmaci?n existe un enga?o o la intenci?n de vender
una
rifa.


- NOSTALGIAS PERPETUAS

Un hombre oscilaba entre dos identidades.
A veces era fiscal, vest?a trajes elegantes y tej?a razonamientos ol?mpi-
cos. En otras ocasiones era cazador, portaba armas implacables y persegu?a a
las
fieras.
Cuando era fiscal dec?a:
- Ah, si estuviera cazando...
Cuando era cazador dec?a:
- Ah, si estuviera fiscalizando...
A menudo se equivocaba y a?oraba la caza mientras cazaba y los pleitos
mientras pleitaba.


- EL HOTEL DE LOS MUERTOS

Estaba situado en la calle San Blas, quiz? fuera de los l?mites legales
del
barrio. Su aspecto era siniestro.
Los Hombres Sensibles llegaron a comprobar que todos los pasajeros estaban
muertos.
En verdad nadie sospechaba tal cosa hasta que Ives Castagnino vio desde la
puerta al tano Rosetti, que llevaba varios meses difunto. In?tiles fueron las
consultas con los empleados, que manten?an una implacable reserva. De todos
modos Manuel Mandeb, Jorge Allen y el propio Castagnino investigaron el caso
y
alcanzaron a sorprender a otros finados entrando al establecimiento.
Mandeb crey? entender que el hotel era una especie de lugar de espera
antes
del definitivo ingreso al m?s all?.
Jorge Allen dec?a que aquello deb?a ser el purgatorio o, si lo apuraban un
poco, el infierno. Los ge?grafos so?adores trataron de alojarse en el lugar,
pero siempre se les dec?a que todas las habitaciones estaban ocupadas.
Una noche - tal vez d?ndolo por muerto - admitieron como hu?sped al ruso
Salzman. El hombre nunca quiso contar su experiencia. Se sabe, eso s?, que a
las
doce y cuarto de la noche lo vieron pasar corriendo por la avenida Juan B.
Justo.
El hotel existe actualmente, pero el autor de estas cr?nicas no se atrevi?
a
visitarlo para hacer nuevos aportes.


- EL BESO INVISIBLE

En las tinieblas de la calle Bacacay acecha un beso malvado.
Esto es lo que sucede: el joven paseante siente de pronto que lo besan en
la
boca. Sin embargo, no ve a nadie. Este beso es el ?ltimo que recibir? en su
vida.
Las viejas dicen que una Dama Invisible prodiga los besos de clausura.
Las personas instruidas prefieren imaginar un beso suelto.
Los muchachos timoratos se tapan la boca con pa?uelos y bufandas.
Unos vivillos del barrio pretenden haber descubierto un contrahechizo que
consiste en besar inmediatamente a una mujer de carne y hueso.
Los mozos arremetedores recorren a la calle Bacacay, fingen ser besados y
se
abalanzan sobre las ni?as m?s cercanas en busca de un beso redentor.
Por cierto, ninguna se niega.


- DIALOGO ENTRE ASMODEO Y EL RUSO SALZMAN

Asmodeo: Soy Asmodeo, inspirador de tah?res y due?o de todas las
fichas
del mundo. Conozco de memoria todas las manos que se han repartido en la
historia de las barajas. Tambi?n conozco las que se repartir?n en el futuro.
Los
dados y las ruletas me obedecen. Mi cara esta en todos los naipes. Y poseo la
cifra secreta y fatal que han de sumar tus generalas cuando llega el fin de
tu vida.
Salzman: ?No desea jugar al chinch?n?
Asmodeo: No, Salzman. Vengo a ofrecerte el triunfo perpetuo. Con s?lo
adorarme, ganar?s siempre en cualquier juego.
Salzman: No s? si quiero ganar.
Asmodeo: Imb?cil...! ?Acaso quieres perder?
Salzman: No. Tampoco quiero perder.
Asmodeo: ?Qu? es lo que quieres entonces?
Salzman: Jugar. Quiero jugar, maestro... Hagamos un chinch?n.





Tags: Alejandro Dolina, Las barreras de la muerte, flores

Publicado por carmenlobo @ 10:08  | Dolina, Alejandro
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