Viernes, 01 de mayo de 2009


Anne-Louis Girodet-Trioson
Pygmalion et Galatée, 1819
Paris, Musée du Louvre 

" La primera lectura que se puede hacer el mito es directamente vinculada a la cuestión de la creación artística. Pygmalion, escultor de excepción (de una " habilidad maravillosa ") llega a producir una estatua tan perfecta en su reproducción de la belleza humana que él mismo cede la ilusión, y se enamora de ella. Esta lectura reenvía la concepción antigua de la belleza, fundada sobre el mimésis. Es importante ante todo que la obra represente La realidad, en este caso la "naturaleza", aunque, por su lado maravilloso, se aleja de eso. Es todo el funcionamiento del mito que es expuesto así: por cierto, éste no cuenta una historia realista, sino por el lado de lo maravilloso, permite decir más sobre la realidad, y puede alcanzar la Verdad. Hay pues en esta narración del mito de Pygmalion una forma de postura abyme el trabajo del autor. La perfección formal, - Que puede parecer hoy en última instancia del artificio retórica, - aliada a lo maravilloso hace Metamorfosis una obra "verdadera". Ovidio se relaciona así con esta tradición antigua que, del orphime al pythagorisme, pasando por Platon y sus "mitos", considera que se puede decir y conocer la gente sólo por aquello que apartan o esconden.

Más interesante, posiblemente, es el retrato que es hecho al artista. Éste, por cierto hábil, parece sin embargo sobrepasado por su obra. Lo esencial del texto corto de Ovidio es dedicada a describir la psicología del personaje, totalmente "maravillado", cediendo a la ilusión, luego consciente de la locura de su actitud, escondiéndole a mismo Vénus el fondo de su plegaria. Pygmalion, así, no es que una cara del artista creativo, se hace también un tipo de representante del "público", del espectador de una piezao del lector de una ficción. Recibir una obra de arte no es nada más sólo aceptar el juego del mimésis, y pues la ilusión, quedando consciente que se participa en un juego. "


Paul Delvaux
Pygmalion (1939)

Veamos entonces qué nuestro héroe, por el mismo fantasma erótico que es descristo por Ovidio, caricias y besos, no dà vida a la estatua... Es él quien muere, prefiriendo la vida del arte a la suya... No podemos sobrevivir a la belleza...


Tags: Paul Delvaux

Publicado por carmenlobo @ 11:30  | Cultura
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