Viernes, 05 de diciembre de 2008


El contagio de la felicidad
Un estudio muestra que la felicidad es contagiosa

La felicidad no puede estar sola. Se trasluce en los ojos, se expresa en las manos, vibra en el cuerpo y al final como un virus escapa y se transmite a quien se encuentra cerca. Hay un grupo de científicos que ha probado a dibujar un mapa del "contagio", preguntándoles a 5 mil individuos, durante veinte años seguidos, cuánto se sintieron felices, comparando entre mujeres, hermanos, amigos y vecinos. A furia de unir esos puntos pintados, las personas, cada uno con su puntuación del buen humor, se ha formado sobre la mesa de los investigadores americanos un dibujo que parece aquel de una mano ramificada por macetas sanguíneas. Cada pulsación de la felicidad parte de un punto y se transmite como un fluido a lo largo de todo el organismo. 

 No todo es rosas y flores, obviamente. También el contagio sigue sus reglas y los autores de la búsqueda "El contagio de la felicidad en una amplia red social de individuos", publicada hoy sobre el British Medical Journal, algunos lo han reconocido.

La ley del contagio, para comenzar, parece no funcionar entre colegas.   El lugar de trabajo es como un cojín para el flujo de felicidad de un individuo a lo otro" explican James Fowler de la universidad de California de San Diego y a Nicolás Christakis del Harvard Medical School. Los dos, sociólogo lo primero, un médico especializado en la relación entre humor y salud el segundo, son los autores de un estudio que ha cavado entre montañas de datos, entrevistas y hechos personales relativos a 5.124 personas en los Estados Unidos.

 A pesar del éxito de los grupos sobre Internet - es la segunda regla del contagio - las emociones positivas no son capaces de viajar ni en red ni vía teléfono. Como un virus real, la felicidad para transmitirse necesita el contacto físico. Y éste nos reconduce más atrás en nuestra escalera evolutiva, en tiempos en que la tecnología de las comunicaciones no habia puesto todavía las alas. "Mucho de nuestras emociones se transmiten por las señales del cuerpo, y el rostro tiene un papel principal en este", Pio Rizado Bitti explica, que enseña psicología a la universidad de Bolonia y ha estudiado la comunicación de los sentimientos entre los hombres.   "El contagio probablemente depende del mecanismo de la empatía y las neuronas como espejo. Cuando observamos a una persona manifestar un sentimiento, en nuestro cerebro se activan las mismas áreas que son "encendidas" en el mismo momento en el cerebro del interlocutor." 

 En la última década el estudio de las neuronas espejo - iniciado en Italia, a Parma, del neurocientífico Giacomo Rizzolatti - ha ayudado mucho a explicar como ocurre la división de las emociones y como localizas diferentes puedan entrar "en sintonía." Los detractores de esta teoría opinan que el mecanismo de la empatía, en los hombres como en los animales, chasquidos sólo cuando observamos a otro individuo moverse. Pero si consideramos los gestos que una persona realiza con la cara y el resto del cuerpo cuando es feliz, no es difícil completar el salto de los movimientos del cuerpo a las emociones de la mente. "Y no solo la alegría puede transmitirse de este modo. Pensamos en la conmoción y al llanto, cuánto rápidamente invaden junto" un grupo de personas asociadas, Rizado Bitti añade.   Conmoción y felicidad viajan veloces entre los hombres. No así ocurre en cambio con la tristeza, que queda desterrada en pequeñas presas faltos de emisarios en el mapa de los investigadores americanos. A todas sus conclusiones, Fowler y Christakis también han dado un cotejo numérico. Una persona que tenga un amigo, pariente o pareja feliz tiene una probabilidad de también ser él satisfecho más alta que el 9 por ciento con respecto de la media. Estar en cambio junto a un individuo deprimido hace sólo aumentar el humor gris del 7 por ciento. Pero Paolo Legrenzi, psicólogo que enseña a la universidad Iuav de Venecia y por Il Mulino que ha escrito "felicidad", encuentra un carácter muy americano en este fecho, que no tiene necesariamente  correspondencia sobre el nuestro (Italia)sobre nuestra lado del océano.   "Hoy en los Estados Unidos la felicidad tiene un valor social positivo, mientras que la tristeza no es vista de buen ojo. Y este lleva a los individuos deprimidosa aislarse. He aquí que en el estudio del British Medical Journal la tristeza se convierte en una mancha sin ramificaciones. "Pero si pensamos en la Alemania romántica de las 800, fueron bastante los felices a tenerse que esconder para no dar una imagen de individuos superficiales y vacíos. En aquel caso habríamos tenido resultados completamente   contrarios.   El emperador Adriano de Marguerite Yourcenar, a pesar de su andar melancólico, es feliz por haber alcanzado madurez y equilibrio. En nuestra telenovela por ejemplo no encontramos nunca a protagonistas de verdaderamente felices. Hay problemas, complicaciones. En éste somos un

un poco más sofisticado que los estadounidenses. En nosotros los resultados de un estudio sobre el contagio de la alegría daría resultados abruptos."   En un estudio que es el hermano menor de  este estudio actual y que fue publicado en 1984, Fowler y Christakis midieron que ganar 5 mil dólares a la lotería pudiera aumentar las probabilidades de ser muy felices del 2 por ciento.

Hoy en cambio - será el efecto de la crisis ? - encontrar un amigo vale mucho  más que encontrar un tesoro. Una persona con quien tenemos una sintonía, si habita en un radio de un kilómetro y medio de nuestra casa, puede darnos las chance de alegría del 25 por ciento. Un poco menos eficaz, pero cada vez más precioso que la lotería, es la contribución de la pareja con que se convive, más del 8 por ciento, mientras hermanos y hermanas,  bastante cercanos con quienes podernos intercambiar un vistazo  o un abrazo, contribuye con el 14 por ciento.

  El empleo de una contabilidad tan minuciosa para medir una sensación impalpable como la alegría puede dejar perplejo. Pero la introducción de indicadores numéricos, objetivos en los límites de lo posible, en la medición de la felicidad ocurrió en los años70.  Fowler y Christakis han rescatado los datos dados por un estudio que nació en el 1948 para medir la salud cardiovascular de un grupo de de personas, el Framingham Heart Study, y también se ha extendido en el curso de las décadas a la relación entre corazón y buen humor. En los formularios distribuidos a los 5 mil voluntarios, aparecian preguntas como "Eres optimista respecto al futuro" o "Eres feliz" y te sientes más satisfecho con respecto de los otros." "Entre individuos del mismo sexo - Mario Bertini explica, profesor de psicología de la salud a la Sapienza de Roma - la difusión de la emoción ocurre mucho más rápidamente que entre individuos de sexo opuesto. Está en el estudio también se ve un nivel de reciprocidad alta:  quien da alegría, a menudo la devuelve."  El contagio de la felicidad, los investigadores americanos han notado, no es limitado al contacto directo pero logra penetrar hasta tres grados de separación.   El amigo del amigo del amigo de una persona sonriente, incluso no sabiéndolo, es en efecto más feliz también gracias a ella. "¿Alguien que no conocemos y no hemos tampoco nunca encontrado? ¿confirma Fowler? puede influenciar nuestro buen humor más que ciento de billetes en nuestros bolsillos. Es increíble cuanto poder tienen las personas que viven cerca nuestro."


Traduccion del articulo publicado 5/12/08 en La republica (de Italia)
http://www.repubblica.it/2008/12/sezioni/ambiente/contagio-felicita/contagio-felicita/contagio-felicita.html?ref=hpspr1

Mas information:
http://www.livescience.com/health/081204-infectious-happiness.html


Tags: Felicidad; contagio

Publicado por carmenlobo @ 12:16  | Psico - Filo
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