Mi?rcoles, 02 de abril de 2008
"Nosostros, el pueblo, en vista de formar una unión más perfecta,"  
 
En su discurso del 18 de marzo 2008 a Filadelfia, el candidato a la investidura demócrata Barack Obama se ha expresado por primera vez sobre la pregunta racial a los Estados Unidos.  
 
  
  
Barack Obama el 18 de marzo 2008 a Filadelfia
AFP  
  
  
Hace dos cien veintiuno años, en una sala que existe todavía, muy cerca de aquí, algunos hombres se han reunido y, por estas simples palabras, han inaugurado la improbable experiencia democrática americana. Granjeros o sabios, hombres de estado o patriota habiendo atravesado un océano para escapar de la tiranía y a las persecuciones, estos hombres acababan por fin de concretar su declaración de independencia durante la cumbre reunida a Filadelfia durante todo la primavera 1787. 
El documento que redactaron fue firmado al fin y al cabo, pero quedaba inacabado. Llevaba la tacha del pecado original de este país:  la esclavitud, una pregunta que dividía las colonias y quien paralizó la cumbre hasta que los Padres fundadores decidan autorizar el comercio de los esclavos a seguirse durante por lo menos veinte años, y de dejar la decisión final a las generaciones futuras. 
Cierto, la respuesta a la pregunta de la esclavitud representaba ya en nuestra Constitución.  una Constitución que comportaba también en su corazon el ideal de la igualdad de todos los ciudadanos delante de la ley;  una Constitución que prometía a su pueblo la libertad, la justicia, y una unión que podían y debía ser mejorada con el pasar del tiempo. 
Y sin embargo, las palabras inscritas sobre este pergamino no debían bastar a libertar a los esclavos de sus cadenas, ni a garantizar a los hombres y a las mujeres de todo color y de toda confesión la integridad de sus derechos y deberes de ciudadanos de los Estados Unidos. Importaría para eso de las generaciones sucesivas de americanos listos para jugar su papel.  por las manifestaciones y las luchas, en las calles y delante de los tribunales, a través de una guerra civil y de la desobediencia civil, y siempre a costa de grandes riesgos.  para llenar el foso entre las promesas de nuestros ideales y la realidad de su tiempo. 
Es una de las tareas que nos hemos fijado al principio de este campo.  perseguir la larga marcha de aquéllos que nos ha precedido, una marcha para una América más justa, más igual, más libre, más solícitas y más próspero. He decidido presentarme a la presidencia a este momento de la historia pues soy convencido profundamente que no podremos resolver los desafíos de nuestra época si no las resolvemos juntos.  si no perfeccionamos nuestra unión comprendiendo que podemos tener de las historias diferentes, pero que entretenemos las mismas esperanzas;  que podemos tener un aspecto diferente y no todo venir del mismo lugar, pero que queremos todo ir en la misma dirección.  hacia un mejor porvenir para nuestros niños y nuestros nietos. 
Esta convicción chorrea de mi fe inquebrantable en la derechura y la generosidad del pueblo americano. Pero procede también de mi propia historia americana. 
Soy el hijo de un hombre negro de Kenia y de una mujer blanca de Kansas. He sido elevado en parte por un abuelo blanco quien, después de haber sobrevivido a la Gran Depresión, sirvió bajo los órdenes de Patton durante la Segunda Guerra mundial, y por una abuela blanca quien trabajaba sobre una cadena de montaje de bombarderos a Fuerte Leavenworth mientras que luchaba ultramar. He estudiado en unos de las mejores escuelas de América y vivido en uno de los países más pobres del mundo. Soy casado a una americana negra quien tiene en ella de la sangre de esclavos y de la sangre de propietarios de esclavos.  una herencia que transmitimos a nuestras dos hijas adoradas. Tengo de los hermanos, de los s.urs, de las sobrinas, de los sobrinos, de los tíos y de los primos de toda raza y de todo color de piel, dispersos sobre tres continentes, y hasta mi último día no olvidaré nunca que mi historia no habría sido posible en ninguno otro país del mundo. 
Es una historia que no hace de el más convencional de los candidatos, pero es una historia que tiene, de modo indeleble, impreso en mis genes la idea que este país representa más que la suma de sus partes.  que nosostros todo que lo componen, no formamos, en realidad que uno. 
A lo largo del primer año de este campo, a pesar de todas las predicciones que anunciaban el contrario, hemos podido comprobar a que punto el pueblo americano tenía sed de este mensaje de unidad. A pesar de la tentación de no ver mi candidatura que al defecto de un quevedo puramente racial, hemos logrado de las victorias decisivas en los Estados que cuentan de las poblaciones entre más blancas del país. 
En Carolina del Sur, donde flota todavía la bandera confederada, hemos construido una poderosa coalición de afroamericanos y de americanos blancos

Primera parte.
Documento completo: http://www.courrierinternational.com/article.asp?obj_id=84121
 

Tags: racismo; Barack Obama

Publicado por carmenlobo @ 10:23  | ART
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