Lunes, 31 de marzo de 2008
¿Prohibido de prohibir? Los Estados quieren todo regir 
 
Paternalismo o liberalismo, hace falta elegir  
 
El gobierno británico ha intentado cambiar los comportamientos. ¿Pero en qué medida el estado puede o debe él protegernos contra nosotros mismos? 
 
Richard Reeves
New Statesman: http://www.newstatesman.com/
  
    
  
Tabaco, violencia, mala alimntacion, borracheras,:  nosostros , los británicos, tenemos feas costumbres. Y limitar estos comportamientos a riesgos sera en el futuro una prioridad política. Los políticos han siempre cuidado de no  dar la impresión de juzgar el comportameinto de la spersonas. Pero los efectos de los malos comportamientos que se hacen sentir cada vez más, se muestran más directos. 
El líder de la oposición David Cameron se ha empeñado así a reparar nuestra "sociedad quebrada", aunque su proposición de aligeramiento fiscal para las parejas casadas tiene poco de suertes de poner un término a las borracheras de adolescentes. A principios de febrero, a continuación de las pesquisas que muestran que la consumición de alcohol era al origen de un crecimiento de la violencia en los jóvenes en edad escolar, el ministro del Interior, Jacqui Smith, ha anunciado su intención de autorizar la policía a comisar las bebidas alcohólicas encontradas en su posesión. A lo largo de los decenios, izquierdo y derecha ha repartido la misma visión optimista de la naturaleza humana. Pero, hoy, la opinión dominante es más cerca de la concepción hobbesienne, según la que la vida humana es penosa y bestial. 
Este interés para los comportamientos es motivado claramente por las preguntas de política pública. La inseguridad traba la libertad individual, la imprudencia al volante mata, la mala alimentación y la falta de ejercicio favorecen la obesidad y arrastran de los mil millones de gastos suplementarios para el sistema de salud, el abuso de alcohol descorcha sobre la violencia y la delincuencia. Y, cierto, el problema del recalentamiento climático necesita que cambiábamos radicalmente nuestros comportamientos. 
Pero es difícil hacer cambiar los comportamientos, tanto un punto de vista filosófica que práctico. Los políticos de todo borde son confrontados a la incapacidad de la democracia liberal a resolver de las preguntas que levantan del individuo. Vacilan entre dos actitudes incompatibles:  el deseo paternalista de utilizar las palancas del estado para imponer de los mejores comportamientos y el instinto liberal que consisten en dejar a las gentes hacer lo que quieren hasta que no perjudican al prójimo. 
Desde un punto de vista estrictamente liberal, los comportamientos que conducen a la obesidad no levantan del dominio del estado:  si me alimento mal y que paso el día amollado delante de la tele, soy yo.  y yo solo.  quien me volveré obeso. Pero las grabas efectos de la obesidad sobre la salud, según ciertos estudios, reduce la duración de vida de diez años, han dado lugar a cantidad de declaraciones políticas sobre el asunto. 
De las medidas transversales y poco costosas han sido tomadas, como el endurecimiento de las reglas para la abertura de restaurantes de comindas rápidas, el peso obligatorio de los alumnos y el envío de cartas de advertencia a los padres de niños regordetes. Pero el gobierno se ha abstenido de hacer de las elecciones más audaces, como la instauración de un impuesto sobre ciertos producida muy calóricos o la colocación de una señalización para ayudar los consumidores a señalar los productos malos para su línea. 
Los comportamientos antisociales justifican más fácilmente una intervención del estado:  el alboroto, los desórdenes al orden público y las actitudes amenazadoras perjudican al prójimo. Pero el hecho es que solas las colectividades locales pueden regular eficazmente el comportamiento de sus administrado, pues el estado es demasiado distante. Pero los antisociales behaviour orders [ASBO.  ordenaciones pronunciadas por los jueces civiles y consistentes, por ejemplo, a prohibir al autor de un acto antisocial o de incivilidad de llevar un arma, de frecuentar un lugar o de acercar a ciertas personas]  tienen un efecto atenuado y, en numerosos barrios, hacerse infligir un ASBO se es convertido en un motivo de altivez. 
Una de los frustación que encuentran a los responsables políticos, éste es que la mayoría de los problemas derivados de comportamientos individuales no pueden ser reglados por la ley. Solos de los textos draconianos podrían tener de los efectos perceptibles sobre de los fenómenos como la obesidad, los comportamientos antisociales o el abuso de alcohol. 
La derecha tiene razón de decir que el autodiscipline, de otra manera dicho el carácter, es esencial. No se puede construirse de buena sociedad que con los buenos individuos. Pero la izquierda está en lo cierto cuando subraya el papel de la vida colectiva y de las instituciones en la hechura de los comportamientos. Lo que los dos campos deben admitir, es la impotencia del mercado Y del estado a provocar un cambio en los comportamientos. 
Hoy, el gobierno y la oposición son tomadas entre el martillo del paternalismo y el yunque del liberalismo.
La gran pregunta, que todo el mundo elude, es de saber en qué medida el estado puede o debe protegernos contra nosotros mismos. La política del Partido laborista con respecto a la obesidad ofrece quizás el mejor ejemplo. El ministro de la Salud, Alan Johnson, tiene dos posibilidades todo también válidos sobre el plano intelectual:  o juzga que el estado deba intervenir de modo espectacular a cual caso debe imponer un impuesto sobre ciertos alimentos y debe prohibir las empresas hacer de ello la publicidad cerca de los niños;  o reconoce que la obesidad, causada por los comportamientos individuales, es un problema al cual el gobierno de una sociedad liberal no puede gran cosa. 
M. Johnson, como lo hacen en general los políticos, debe decidir si quiere ser un buen paternalista o un buen liberal, en lugar de sostener a una horrible mezcla de paternalismo ineficaz y de falso liberalismo. Todos los padres saben que las amenazas no seguidas de efectos conducen a la anarquía. Va de ello igualmente para el estado. 
El gobierno tiene la elección:  actuar o cerrarla



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Tags: Reeves; liberalismo

Publicado por carmenlobo @ 12:08  | ART
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