Lunes, 28 de enero de 2008
TERCER ANUNCIO
Rodrigo Verdugo

?La luz no puede confesar su edad?
Renato Yr?rrazaval


Suda tinta la penumbra
Dormimos en la habitaci?n
No cesan las embestidas del vaho contra la ventana
Yo duermo abrazado junto a ti, sabiendo que los muertos tienen d?as sobrantes
Se agita el ?rbol y cae un resto de lluvia,
Nos cubren astros que fueron aflojados por la nieve
Hay d?as sobrantes que alternan con las hojas ca?das.
Pero no lo creas todav?a, espera, deja dentro de un dios de ceniza todas las fuerzas
Quien en verdad no sabe que la oscuridad es la nada envenenada
T? no lo sabes y es como si la muerte os refregara su tripulaci?n de t?neles
No sabes que en ti yo agrietaba el sol,
No sabes que me quedaba siempre en tus redes llorosas,
Que todo el placer va a dar a los pozos mutantes,
Y despu?s de los lechos el mar es estigma.
Pero no lo digas todav?a, es mejor ver como se levantan los estratos de los ojos
Los estratos de los pies, las botellas llenas de pelos para avasallarnos todas las noches
Y t? huyes hacia el torrente y all? te azoto con la correa de transmisi?n
Hasta que la ma?ana revienta y deja en los ojos
Una renuncia llena de sabanas y de ?rboles.
No lo grites todav?a, son otras voces las que se escuchan dentro de los cuerpos
Voces que nos dicen que aguas y fuegos insalvables alejan al d?a
Que la memoria es la parte m?s desvastada del cielo
Donde siempre he mirado a un rey cubrirse de axilas
Caer sobre los azulejos, instar a los animales a profanar la sal
Partir de cero en el seno cavernoso.
Muchas veces yo estaba huyendo como si el agua me fuera a comer la m?sica
Y as? abriendo las olas continu?bamos la lengua ?gnea que vengara a las aureolas.
Crecen y crecen u?as en las cavernas rebanando a quien ose cruzar hacia el otro lado
A ver si aun se oyen gritos de acusados dentro de los corales.
Que lejos se ve la hoja que une las agon?as, que p?trea se vuelve
No basta con esperarla caer, despu?s de todo sabemos
Que si un nudo falla en el cielo se nace o se muere
O el p?jaro ciega m?s y m?s al temblor.
Un molusco se clava en lo alto de las torres para ejercitarse contra los confines
Los ojos del aire tienen algo de clave enferma
Los ojos del aire graban lo subterr?neo y se lo entregan
Al hombre retenido, al que enciende el fuego
Al que pone una inmaculada garganta como cruz sobre el mar
Ah? llegara solo el caballo en que se dan todas las reencarnaciones
Ah caballo solo, que oyes a la tormenta renegar sobre las yedras
Lejos estamos de los umbrales entra?ables
Esparcimos carb?n sobre un tambor mongolico
No lo vayas a callar del todo, es que no hay demasiada sangre para presentir la llave.


Tags: Rodrigo Verdugo

Publicado por carmenlobo @ 11:02  | Literatura
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