Domingo, 20 de enero de 2008
Los esnobs : Delaunay
Francisco Umbral
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No hay matrimonio perfecto, pero uno salvar?a de esta regla el matrimonio de los franceses y las rusas.
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Ahora que la Baronesa Thyssen-Bornemisza, esa gran modista de la alta costura del arte, trae a Madrid una exposici?n de Robert y Sonia Delaunay (1905-1941) es quiz? el momento de hacer aqu? la glosa de los Delaunay, aquella pareja dif?cil, y tan frecuente entre las vanguardias, de rusa y franc?s. Eran los matrimonios que mejor sal?an. Los Delaunay trabajaban al un?sono y por eso hay que hacer la glosa de ambos, pues Sonia no se limit? a ser la musa sugeridora, sino que trabaj? mucho y bien por su cuenta y pase? la firma matrimonial por el hip?dromo de Par?s con un traje bordado de poemas, un vestido que era una antolog?a de las vanguardias.
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Los Delaunay, aunque figuren con toda justicia en este cent?n de esnobismos, no fueron precisamente unos esnobs sino un matrimonio muy casado con el arte que se quedaban en casa por las noches para fraguar la novedad est?tica que sorprender?a a Par?s a la ma?ana si- guiente. Los a?os 20, como se sabe, fueron el ?xtasis de la creaci?n y el deporte, y Robert Delaunay pintaba unos corredores pedestres de admirable construcci?n cubista y sentido cl?sico y contempor?neo de aquella floraci?n de las musculaturas. Nadie ha pintado una camiseta deportiva como Delaunay.
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A prop?sito del arte de esta pareja se ha hablado mucho del simultane?smo, que no s?lo es una m?s de las vanguardias, sino que en Delaunay responde a una construcci?n nueva del cuadro. Su ?Torre Eiffel?, por ejemplo, responde a una gran solidez en la construcci?n y un hallazgo l?rico de la repetici?n de los motivos y las ventanas que nos da todo Par?s de un golpe, sin por eso perder el rigor, la calibraci?n y el estilo. Sabido es que no hay matrimonio perfecto, pero uno salvar?a de esta regla el matrimonio de los franceses y las rusas, que tanto abundar?an en el Par?s de entreguerras y que supusieron una f?rmula perfecta de sexualidad e inteligencia, la rusa con temperatura de samovar y el franc?s aprovechando todo lo que se le ocurr?a a aquella criatura pr?ctica y genial.
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Blaise Cendrars acude a aquella casa matrimonial, como toda la gente de la ?poca, se fija en Sonia y en seguida escribe: ?Sobre la ropa ella tiene un cuerpo?. Porque Cendrars ve a Delaunay muy retrepado en la cadera monumental de Sonia y hasta firma aut?grafos en ella. Sonia es de perfil cl?sico, nariz un poco aquilina y gran cuerpo perdido en los ropajes de la bohemia elegante, que son m?s y menos que los ropajes del lujo. Ya creo haber contado en esta fiel cr?nica que el primer empapelador art?stico de Par?s fue Toulouse-Lautrec, pero en seguida vendr?an los Delaunay llenando el domingo con sus dibujos y affiches, porque era un tiempo en que la gente, los domingos, no se iba todav?a al campo a mirar ese milagro est?pido de c?mo la gallina pone el huevo. En realidad, no se hab?an inventado las gallinas ni los huevos. As? es como los Delaunay vivieron en un prospecto que eran ellos mismos y con el tiempo les hizo millonarios. Lo que no veo por ninguna parte, ya digo, es el esnobismo de los Delaunay, para meterlos en este libro, porque ellos lo hac?an todo muy en serio y no daban reuniones fr?volas y antip?ticas para hablar de pol?tica, sino que conspiraban siempre en solitario y a favor de su ismo venidero.
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?El simultaneismo ser? total ?dice Delaunay? y se ver? el desperezo hacia las estrellas, que es el mejor gesto de los seres en su desesperaci?n de vivir?. ?Las ba?eras, dice Sonia, que entonces se escrib?a con dos enes, ser?n tambi?n de vidrio y as? la porcelana no matar? el espect?culo de piscina que da el ser humano al ba?arse?. Robert Delaunay no era muy expresivo ni pon?a mucho entusiasmo en lo que dec?a, pero sus proyectos siempre los realizaba gloriosamente, f?cticamente, y por eso hoy su nombre est? en Nueva York, Par?s y Madrid, de la mano, aqu?, de la gentil y laboriosa Thyssen. Todos los esnobs ?ahora s? que s? ir?n al Thyssen a ver a los Delaunay. Incluso yo, que los tengo tan vistos y revisitados. Eso es la gloria.

"El cultural" de El Mundo (24 de octubre de 2002)

Tags: Francisco Umbral

Publicado por carmenlobo @ 11:03  | Literatura
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