Jueves, 10 de enero de 2008
La nueva funci?n de amar
VICENTE VERD?
El Pais, 05/01/2008

Todo nos indica que si la familia, la paternidad, las relaciones sexuales, la amistad, el matrimonio, el abrazo y la fraternidad no son ya lo que eran, el amor en general ha tenido que cambiar su naturaleza. Porque ?c?mo no vislumbrar los giros en el amor rom?ntico que imper? en la literatura, el ideal social y las artes hace apenas un siglo? ?C?mo no percibir alteraci?n en el sagrado amor a los padres, a los abuelos, a la patria o a la misma paella?

Poco a poco el basamento amoroso que procuraba cimiento a la instituci?n familiar y legitimaba -en realidad o en convenci?n- su permanencia se manifiesta un pilar tan vacilante como endeble. El v?nculo paterno filial que cruzaba la sociedad como tirantes de hierro, resistente a casi cualquier percance, ha venido adelgaz?ndose y hasta disip?ndose.

Los hijos dejan pronto de contemplar a los padres como gigantescas esculturas de autoridad y, cumplida ya la fase del falso compa?erismo, el hogar desemboca en una cohabitaci?n tan pasajera como port?til, cambiable, moldeable y promiscua. La nitidez del orden jer?rquico, el perfil de la subordinaci?n, el d?bito amoroso y sus concomitancias son hoy apagados vestigios en una desintegraci?n general del v?nculo. De todo v?nculo, al menos, que evoque la ferramenta, la pesantez y el pecado mortal.

Los hermanos siguen siendo hermanos pero ?d?nde empieza y acaba esta coloreada fratr?a donde se alistan hijos de otro padre o madre ajena, varios beb?s chinos y adolescentes del Paraguay? El mismo aire del planeta globalizado se filtra en el recinto familiar y su n?cleo duro se disuelve en la ondulada mixtificaci?n sin pureza ni predeterminaci?n alguna.

Amamos a m?s individuos que nunca antes en la historia de la Humanidad puesto que a los multiplicados seres humanos se han incorporado adem?s los bosques, los animales dom?sticos y los plant?grados, el patrimonio hist?rico y hasta el clima pero, a la vez, ese coraz?n inflado ha perdido la inflamaci?n.

Amamos de un modo tan general que sin pensarlo el amor se ha convertido en una t?pica frase hecha. ?No amamos siquiera con pasi?n inflamada a la pareja? La amamos, en efecto, en tanto que el servicio intercambiado a trav?s del fuego amoroso nos procura un balance positivo, un bienestar general, un super?vit de productividad y de gozo, pero ni un paso m?s.

Cada amor se comporta a la manera de un caro artefacto de alt?simas prestaciones y del que esperamos que "funcione" en proporci?n a la singular expectativa depositada en ?l. Su tiempo feliz se relaciona as? directamente con su funcionalidad y utilidad precisa en cada periodo concreto. La misma obsolescencia que recae sobre la vida operativa en otros ?mbitos penetra en la din?mica de cada clase de amor: desde la amistad al enamoramiento, desde la adhesi?n religiosa a la pasi?n pagana.

La debilidad de los lazos y su sustituci?n frecuente se corresponde con la p?rdida de la fe en lo perdurable y la falta de disposici?n para el martirio, la espera indefinida o la resignaci?n incondicional. El amor se hace vol?til en una doble acepci?n: vuela con mayor velocidad de un punto a otro y pesa menos en cuanto composici?n en s? debido, en suma, a su importante cambio de naturaleza.

De ser sustancia sagrada y de valor absoluto el amor pasa a sustancia movible y relativa. Vale no tanto en cuanto sentimiento trascendente de por s? sino en cuanto contingencia que propicia una asociaci?n mejor. En esta deriva, el amor pierde peso y gana funcionalidad. Amamos o rezamos, nos asociamos o nos aventuramos, con el proyecto de un resultado mejor y a plazo limitado. Todo lo que no admite ning?n fin -tan propio de la ideolog?a rom?ntica- no se corresponde con el presente y todo aquello que conlleva atadura se opone a la vigencia democr?tica. No imprecamos, no veneramos, no idolatramos, no nos entregamos en brazos de una entidad igual o superior, inducidos, como estamos preservarnos como due?os completos de nosotros mismos. ?Due?os completos de nosotros mismos? ?Es concebible un deseo m?s opuesto a lo que fuera aquella vertiginosa y delirante voluntad de amar?






Tags: Amar

Publicado por carmenlobo @ 11:18  | ART
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios