Domingo, 16 de diciembre de 2007
I. ?ES EL AMOR UN ARTE?
El arte de Amar
Erich Fromm

?Es el amor un arte? En tal caso, requiere conocimiento y esfuerzo. ?O es el amor una sensaci?n placentera, cuya experiencia es una cuesti?n de azar, algo con lo que uno ?tropieza? si tiene suerte? Este libro se basa en la primera premisa, si bien es indudable que la mayor?a de la gente de hoy cree en la segunda.

No se trata de que la gente piense que el amor carece de importancia. En realidad, todos est?n sedientos de amor; ven innumerables pel?culas basadas en historias de amor felices y desgraciadas, escuchan centenares de canciones triviales que hablan del amor, y, sin embargo, casi nadie piensa que hay algo que aprender acerca del amor.

Esa peculiar actitud se basa en varias premisas que, individualmente o combinadas, tienden a sustentarla. Para la mayor?a de la gente, el problema del amor consiste fundamentalmente en ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar. De ah? que para ellos el problema sea c?mo lograr que se los ame, c?mo ser dignos de amor. Para alcanzar ese objetivo, siguen varios caminos. Uno de ellos, utilizado en especial por los hombres, es tener ?xito, ser tan poderoso y rico como lo permita el margen social de la propia posici?n. Otro, usado particularmente por las mujeres, consiste en ser atractivas, por medio del cuidado del cuerpo, la ropa, etc. Existen otras formas de hacerse atractivo, que utilizan tanto los hombres como las mujeres, tales como tener modales agradables y conversaci?n interesante, ser ?til, modesto, inofensivo. Muchas de las formas de hacerse querer son iguales a las que se utilizan para alcanzar el ?xito, para ?ganar amigos e influir sobre la gente?. En realidad, lo que para la mayor?a de la gente de nues?tra cultura equivale a digno de ser amado es, en esencia, una mezcla de popularidad y sex-appeal.

La segunda premisa que sustenta la actitud de que no hay nada que aprender sobre el amor, es la suposici?n de que el problema del amor es el de un objeto y no de una facultad. La gente cree que amar es sencillo y lo dif?cil encontrar un objeto apropiado para amar -o para ser amado por ?l-. Tal actitud tiene varias causas, arraigadas en el desarrollo de la sociedad moderna. Una de ellas es la profunda transformaci?n que se produjo en el siglo veinte con respecto a la elecci?n del ?objeto amoroso?. En la era victoriana, as? como en muchas culturas tradicionales, el amor no era generalmente una experiencia per?sonal espont?nea que pod?a llevar al matrimonio. Por el con-trario, el matrimonio se efectuaba por un convenio -entre las respectivas familias o por medio de un agente matrimonial, o tambi?n sin la ayuda de tales intermediarios; se realizaba sobre la base de consideraciones sociales, partiendo de la premisa de que el amor surgir?a despu?s de concertado el matrimonio-. En las ?ltimas generaciones el concepto de amor rom?ntico se ha hecho casi universal en el mundo occidental. En los Estados Unidos de Norteam?rica, si bien no faltan consideraciones de ?ndole convencional, la mayor?a de la gente aspira a encontrar un ?amor rom?ntico?, a tener una experiencia personal del amor que lleve luego al matrimonio. Ese nuevo concepto de la libertad en el amor debe haber acrecentado enormemente la importancia del objeto frente a la de la funci?n.

Hay en la cultura contempor?nea otro rasgo caracter?stico, estrechamente vinculado con ese factor. Toda nuestra cultura est? basada en el deseo de comprar, en la idea de un intercam?bio mutuamente favorable. La felicidad del hombre moderno consiste en la excitaci?n de contemplar las vidrieras de los ne?gocios, y en comprar todo lo que pueda, ya sea al contado o a plazos. El hombre (o la mujer) considera a la gente en una forma similar. Una mujer o un hombre atractivos son los pre?mios que se quiere conseguir. ?Atractivo? significa habitual?mente un buen conjunto de cualidades que son populares y por las cuales hay demanda en el mercado de la personalidad. Las caracter?sticas espec?ficas que hacen atractiva a una persona dependen de la moda de la ?poca, tanto f?sica como mental?mente. Durante los a?os que siguieron a la Primera Guerra Mundial, una joven que beb?a y fumaba, emprendedora y se?xualmente provocadora, resultaba atractiva; hoy en d?a la moda exige m?s domesticidad y recato. A fines del siglo XIX y comienzos de ?ste, un hombre deb?a ser agresivo y ambicioso -hoy tiene que ser sociable y tolerante- para resultar atrac?tivo. De cualquier manera, la sensaci?n de enamorarse s?lo se desarrolla con respecto a las mercader?as humanas que est?n dentro de nuestras posibilidades de intercambio. Quiero hacer un buen negocio; el objeto debe ser deseable desde el punto de vista de su valor social y, al mismo tiempo, debo resultarle de?seable, teniendo en cuenta mis valores y potencialidades mani?fiestas y ocultas. De ese modo, dos personas se enamoran cuando sienten que han encontrado el mejor objeto disponible en el mercado, dentro de los l?mites impuestos por sus propios valores de intercambio. Lo mismo que cuando se compran bie?nes ra?ces, suele ocurrir que las potencialidades ocultas suscep?tibles de desarrollo desempe?an un papel de considerable im?portancia en tal transacci?n. En una cultura en la que preva?lece la orientaci?n mercantil y en la que el ?xito material cons?tituye el valor predominante, no hay en realidad motivos para sorprenderse de que las relaciones amorosas humanas sigan el mismo esquema de intercambio que gobierna el mercado de bienes y de trabajo.

El tercer error que lleva a suponer que no hay nada que aprender sobre el amor, radica en la confusi?n entre la expe?riencia inicial del "enamorarse" y la situaci?n permanente de estar enamorado, o, mejor dicho, de ?permanecer? enamorado. Si dos personas que son desconocidas la una para la otra, como lo somos todos, dejan caer de pronto la barrera que las separa, y se sienten cercanas, se sienten uno, ese momento de unidad constituye uno de los m?s estimulantes y excitantes de la vida. Y resulta a?n m?s maravilloso y milagroso para aque?llas personas que han vivido encerradas, aisladas, sin amor. Ese milagro de s?bita intimidad suele verse facilitado si se combina o inicia con la atracci?n sexual y su consumaci?n. Sin embargo, tal tipo de amor es, por su misma naturaleza, poco duradero. Las dos personas llegan a conocerse bien, su intimi-dad pierde cada vez m?s su car?cter milagroso, hasta que su antagonismo, sus desilusiones, su aburrimiento mutuo, termi?nan por matar lo que pueda quedar de la excitaci?n inicial. No obstante, al comienzo no saben todo esto: en realidad, conside?ran la intensidad del apasionamiento, ese estar ?locos? el uno por el otro, como una prueba de la intensidad de su amor, cuando s?lo muestra el grado de su soledad anterior.

Esa actitud -que no hay nada m?s f?cil que amar- sigue siendo la idea prevaleciente sobre el amor, a pesar de las abru?madoras pruebas-de lo contrario. Pr?cticamente no existe ninguna otra actividad o empresa que se inicie con tan tremendas esperanzas y expectaciones, y que, no obstante, fracase tan a menudo como el amor. Si ello ocurriera con cualquier otra ac?tividad, la gente estar?a ansiosa por conocer los motivos del fracaso y por corregir sus errores -o renunciar?a a la activi?dad-. Puesto que lo ?ltimo es imposible en el caso del amor, s?lo parece haber una forma adecuada de superar el fracaso del amor, y es examinar las causas de tal fracaso y estudiar el significado del amor.

El primer paso a dar es tomar conciencia de que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir. Si deseamos aprender a amar debemos proceder en la misma forma en que lo har?amos si quisi?ramos aprender cualquier otro arte, m?sica, pintura, carpinter?a o el arte de la medicina o la ingenier?a.

?Cu?les son los pasos necesarios para aprender cualquier arte?proximamente....

Tags: Erich Fromm;amar

Publicado por carmenlobo @ 12:40  | Psico - Filo
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