Lunes, 26 de noviembre de 2007
RECONOCIENDONOS
Brian Weiss


Hay alguien especial para cada uno de noso?tros.
A menudo, nos est?n destinados dos, tres y hasta cuatro seres.
Pertenecen a distintas genera?ciones y viajan a trav?s de los mares, del tiempo y de las inmensidades celestiales para encontrar?se de nuevo con nosotros. Proceden del otro la?do, del cielo.
Su aspecto es diferente, pero nues?tro coraz?n los reconoce, porque los ha amado en los desiertos de Egipto iluminados por la luna y en las antiguas llanuras de Mongolia.
Con ellos hemos cabalgado en remotos ej?rcitos de guerre?ros y convivido en las cuevas cubiertas de are?na de la Antig?edad. Estamos unidos a ellos por los v?nculos de la eternidad y nunca nos abando?nar?n.
Es posible que nuestra mente diga: ?Yo no te conozco.?
Pero el coraz?n s? le conoce.
?l o ella nos cogen de la mano por primera vez y el recuerdo de ese contacto trasciende el tiempo y sacude cada uno de los ?tomos de nuestro ser.
Nos miran a los ojos y vemos a un alma gemela a trav?s de los siglos.
El coraz?n nos da un vuelco. Se nos pone la piel de gallina. En ese momento todo lo dem?s pierde importancia.
Puede que no nos reconozcan a pesar de que finalmente nos hayamos encontrado otra vez, aunque nosotros s? sepamos qui?nes son.
Senti?mos el v?nculo que nos une.
Tambi?n intuimos las posibilidades, el futuro. En cambio, ?l o ella no lo ve. Sus temores, su intelecto y sus proble?mas forman un velo que cubre los ojos de su co?raz?n, y no nos permite que se lo retiremos.
Su?frimos y nos lamentamos mientras el individuo en cuesti?n sigue su camino.
Tal es la fragilidad del destino.
La pasi?n que surge del mutuo reconoci?miento supera la intensidad de cualquier erup?ci?n volc?nica, y se libera una tremenda energ?a.
Podemos reconocer a nuestra alma gemela de un modo inmediato. Nos invade de repente un sentimiento de familiaridad, sentimos que ya co?nocemos profundamente a esta persona, a un ni?vel que rebasa los l?mites de la conciencia, con una profundidad que normalmente est? reserva?da para los miembros m?s ?ntimos de la familia. O incluso m?s profundamente. De una forma intuitiva, sabemos qu? decir y cu?l ser? su reac?ci?n. Sentimos una seguridad y una confianza enormes, que no se adquieren en d?as, semanas o meses.
Pero el reconocimiento se da casi siempre de un modo lento y sutil.
La conciencia se ilumina a medida que el velo se va descorriendo.
No todo el mundo est? preparado para percatarse al ins?tante.
Hay que esperar el momento adecuado, y la persona que se da cuenta primero tiene que ser paciente.
Gracias a una mirada, un sue?o, un recuerdo o un sentimiento podemos llegar a reconocer a un alma gemela. Sus manos nos rozan o sus la?bios nos besan, y nuestra alma recobra vida s?bitamente. El contacto que nos despierta tal vez sea el de un hijo, hermano, pariente o amigo ?ntimo. O puede tratarse de nuestro ser amado que a trav?s de los siglos, llega a nosotros y nos besa de nue?vo para recordarnos que permaneceremos siem?pre juntos, hasta la eternidad.



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Publicado por carmenlobo @ 10:00  | Psico - Filo
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