Jueves, 27 de septiembre de 2007
Ava Gardner Nunca Mais
El Semanal 09-09-2007
Arthuro P?rez Reverte



Se han cabreado ciertas erizas por mi art?culo del otro d?a, quej?ndome de que apenas se ven se?oras como las de antes: mozas de bandera a cuyo paso temblaba el suelo y se cortaban las respiraciones masculinas. Dec?a yo que, en vez de Soph?as Lorenes, Graces Kellys y otras espl?ndidas hembras homologadas como tales, lo habitual hoy es toparse con adefesios patosos, lorzas sudorosas y fulanas ordinarias, espatarradas y con chanclas. Y a mis primas les ha sentado mal, sobre todo lo de las lorzas. Adem?s de llamarme machista, neonazi, cabr?n con pintas y ciscarse en mis muertos, alguna pregunta qu? tengo contra las gordas. Etc?tera. Eso me lleva a la conclusi?n de que no han captado el fondo del asunto, as? que voy a explicarlo m?s claro, por si catorce a?os de per?frasis y circunloquios impiden entenderme cuando cuento algo. M?s que nada, por mi lenguaje oscuro. Adem?s, Javier Mar?as, a quien mencionaba en el art?culo, cuenta que a ?l tambi?n lo est?n inflando a hostias, sin comerlo ni beberlo. Y pide una rectificaci?n: est? de acuerdo con toda la n?mina de se?oras citadas, incluidas Kim Novak, Donna Reed y Rhonda Fleming; pero ?l nunca habl? de Jane Rusell.

El error b?sico est? en considerar que, cuando describo a una morsa con pantal?n pirata ce?ido, lorzas relucientes de grasa y camiseta sudada, me refiero al contenido, y no al continente. Quien deduzca burla o desprecio hacia las individuas abundantes es, literalmente, tonto del haba. De entrada, se equivocan las mujeres seguras de que a los hombres nos gustan las churris esmirriadas, tipo Calista Floja o Paulina Rubio. A ver si no confundimos las cosas. ?sas le gustan a Galiano ?que se viste de torero?, al simp?tico muchacho Lagerfeld y a alguno m?s, hip?critas aparte. En materia carnal ?lo intelectual y lo afectivo son otra cosa?, la mayor parte de los varones normalmente constituidos, por mucha literatura y mucho alpiste que echen al canario, prefiere una se?ora de rompe y rasga, en cuyas gloriosas caderas no se ponga el sol. Y es l?gico. Tambi?n, a fin de cuentas, lo que de verdad hace que a una hembra le tiemblen las piernas ?se pongan las feministas como se pongan? no son los quesitos desnatados que van de malotes, ni los charlatanes l?nguidos, sino los hombres cuajados con resabios del cazador y el guerrero que fueron hace siglos. Los que dejan las s?banas arrugadas debajo de una.

No se trata, por tanto, de gordas y flacas. Como afirma el t?tulo de una pel?cula, las mujeres de verdad tienen curvas. La cuesti?n reside en el empaquetado. Lo que no puede pretender una pava metida en kilos ?y conozco a algunas que son se?oras espl?ndidas? es meterse en una camiseta tres tallas m?s peque?a, ponerse un pantal?n pirata que deje la raja del tanga al descubierto y rebose chicha por los flancos, no ducharse en dos d?as, y que encima la llamen guapa. Y si a eso a?adimos la ordinariez que tanto abunda, la mala educaci?n, la ausencia absoluta de maneras y la imitaci?n de cuanta retrasada mental aparece en la tele d?ndoselas de se?ora, el resultado es inevitable: desagradables tocinos sin fronteras que se creen divinas de la muerte, marmotas domingueras que no saben ponerse tacones cuando lo intentan, y t?as vestidas, los d?as de boda, con vestido largo a las diez de la ma?ana, como si vinieran de cerrar un puticlub de los de antes.

Para acabar, otro argumento: el de la eriza que escribe preguntando por qu? diablos, si pasa el d?a en el curro, vuelve hecha polvo y trae a los ni?os del cole, tiene que vestirse de Ava Gardner en vez de ir c?moda. Aparte de la dudosa comodidad de vestir embutida como una morcilla, la respuesta es simple: no tiene por qu?. Nadie la obliga, y lo de do?a Ava es s?lo una forma de hablar. Pero que no me exija respeto con su camiseta ce?ida y sucia, su tripa al aire, su imp?dico mal gusto y su desverg?enza, como tampoco me gusta el fulano de axilas sudadas, piernas peludas y chanclas que encuentro en la calle. Vestidos para matar o para ver la tele en casa, se trata de buenas maneras, nada m?s. En varones o hembras, esas maneras s?lo pueden darse por tres motivos: gen?tica, educaci?n o esfuerzo personal. La plataforma Ava Gardner Nunca Mais permitir?, al menos, que quienes conocemos a mujeres capaces de combinar trabajo, casa y cole de los ni?os con saber cruzar las piernas, usar tacones cuando se tercia, llevar un vestido, o quit?rselo, las prefiramos al resto. A una se?ora digna de ese tratamiento deber?a bastarle una tarjeta de boda como la que una amiga m?a envi? este verano a sus invitados: ?Caballeros, sin corbata. Se?oras, como Dios manda?.


Publicado por carmenlobo @ 22:57  | P?rez-Reverte, Arturo
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios