S?bado, 01 de septiembre de 2007
Ma?ana es el mismo d?a
Jes?s G?mez Guti?rrez


Ana -nombre ficticio, vida real- tiene algo m?s de veinticinco a?os. Se levanta a las siete y pico, coge un autob?s, luego el Metro, llega dos horas despu?s al trabajo temporal de estos d?as, come r?pidamente en mitad de la jornada, vuelve al tajo y sale a las siete u ocho de la tarde, coge el Metro, luego el autob?s, suma otras dos horas de viaje y ya. No le pagan la comida ni el transporte. En los buenos tiempos, cuando no falta el contrato de subcontrata de subcontrata de subcontrata que ahora llaman outsourcing, gana entre doscientos y trescientos euros a la semana en una ciudad donde el precio medio del alquiler de un piso, si no se buscan lujos como ca?er?as que funcionen, ronda los mil.

En la categor?a de los ?impuestos indirectos? faltan cap?tulos enteros. El secreto de la relativa paz social espa?ola, y de otros aspectos que no vienen al caso, no es nuestro ?Estado del bienestar? paticorto y contrahecho; el secreto es la solidaridad familiar, que limita rupturas en los eslabones m?s d?biles: j?venes con sueldos de mierda, ancianos, parados de larga duraci?n, incapacitados, todos condenados a depender de las familias cuando tienen la suerte de su respaldo. Es decir, la familia paga la omisi?n estatal. La cubre hasta donde se puede, y huelga decir que ni las deducciones fiscales son suficientes ni sirven para coser el roto que se produce en m?ltiples campos, desde el efecto en el consumo hasta el porcentaje de natalidad.

No s? si en el trasiego de Ana hay alg?n momento para la deducci?n perfectamente in?til, un eureka, mira t? que bien, as? que no soy una hormiga m?s en un hormiguero absurdo sino una hormiga m?s en un hormiguero l?gico. S? s?, sabe, que el conocimiento de las cosas alimenta tan poco como la raz?n, esa habitaci?n estrech?sima que se convierte en celda cuando se tiene a destiempo. Ana no quiere estupideces: quiere un trabajo digno. Ana no quiere discursos: quiere derechos. Ana no tendr? ni lo uno ni lo otro porque no pertenece a un sector unible, movilizable, capaz de organizar un pulso y obtener concesiones. Ana est? en el submundo, creciente, mayoritario en algunos segmentos, donde ni siquiera se cuenta con defensa sindical.

Ocurre que la primera persona del plural es palabra de significados muy distintos. Se apela mucho al nosotros. Carro?era o est?pidamente en el nosotros del clan, de la naci?n, de la tradici?n desde cu?ndo y de las identidades de qui?n. Pero mucho menos de lo que se deber?a en el nosotros real, de uno a uno, y en el nosotros de especie y de clase, por orden descendente de importancia. He aqu? una de las definiciones seguras de la historia de la humanidad: proceso de liberaci?n del individuo de la dictadura de lo colectivo. Por eso, el coraz?n de la democracia no es s?lo la participaci?n sino el respeto de la minor?a y esencialmente la divisi?n y control de poderes. La indefensi?n de Ana es la ruptura de la tercera de las condiciones, en el sentido de ausencia de control del poder econ?mico y en el sentido de ausencia o debilidad de los organismos -no s?lo estatales- que deber?an dar respuestas. La indefensi?n de Ana es el sacrificio del individuo en la pira de las ventajas econ?micas comparativas.

(Y qu?, me dice ella y digo yo. Y qu?, en efecto. Despertador, autob?s, Metro, trabajo, bocadillo, trabajo, Metro, autob?s, fin. Ma?ana es el mismo d?a y qu? co?o le puede importar a Ana la crisis de la izquierda.)

Publicado por carmenlobo @ 10:51  | ART
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