Mi?rcoles, 29 de agosto de 2007
Las golondrinas de Kabul
Yasmina Khadra


"En un rinc?n de la celda? una mujer velada est? acabando de rezar. Las dos milicianas indican al guardia que se retire. Cuando se quedan solas, esperan a que la detenida se incorpore para acerc?rsele y, sin miramientos, le ordenan que se ponga derecha y empiezan a atarle apretadamente brazos y muslos; luego, tras haber comprobado que los cabos de cordel est?n bien tensos, la envuelven en un amplio saco de lienzo y la obligan a caminar delante de ellas por el corredor. [?]

El veh?culo se detiene ante la zanja reci?n cavada. Meten dentro a la pecadora mientras la increpan por todas partes? Un energ?meno colosal planta a la mujer impura en la zanja y la entierra hasta los muslos para que se quede tiesa y no pueda moverse.

Un mul? se echa los faldones de la chilaba por encima de los hombros, mira una vez m?s de arriba abajo el amasijo de velos bajo el que se dispone a morir un ser humano y dice con voz tonante:

-Hay seres que escogen revolcarse en el lodo como los cerdos. Y, no obstante, conocieron el Mensaje y supieron las calamidades de la tentaci?n, pero no prosper? en ellos fe suficiente para resistirlas. Hay seres m?seros, ciegos y fr?volos que prefirieron un momento de desenfreno, tan ef?mero como despreciable, a los jardines eternos. Apartaron los dedos del agua lustral de la abluciones para hundirlos en las escurridizas, se taparon los o?dos cuando llamaba el almu?dano para no escuchar m?s que las indecencias de Sat?n? (Tiende un brazo, como si fuera una espada hacia la momia.) Esta mujer sab?a muy bien lo que estaba haciendo. La embriaguez de la fornicaci?n la apart? de los caminos del Se?or. Hoy es el Se?or quien le vuelve la espalda. No se merece ni su misericordia ni la compasi?n de los creyentes. Va a morir en la deshonra, igual que ha vivido.

El mul? recita primero un azora y lee, despu?s, algo que parece una sentencia;? insta a la muchedumbre a proveerse de piedras. Es la se?al. Con indescriptible precipitaci?n, la gente se abalanza hacia los montones de pedruscos que, a tal efecto, hab?an colocado en la plaza unas horas antes. En el acto, un diluvio de proyectiles cae sobre la condenada, quien, por estar amordazada, se tambalea bajo la sa?a de los golpes sin un solo grito? Al cabo de un minuto, ensangrentada y descoyuntada, la condenada se desploma y deja de moverse. Esa rigidez galvaniza a los lapidadores, que, con los ojos en blanco y echando espuma por la boca, se tornan m?s y m?s feroces, como si pretendieran resucitarla para prolongar el suplicio. Presas de su histeria colectiva, convencidos de que por mediaci?n del s?cubo exorcizan a sus propios demonios, algunos no se dan cuenta de que el cuerpo, acribillado por todas partes, no reacciona ya ante las agresiones, que la mujer inmolada yace sin vida, medio enterrada, como un saco de espanto arrojado a los buitres."

Yasmina Khadra (en ?rabe, ياسمينة خضراء Yāsmīna Jaḍrā?) es el seud?nimo femenino del escritor argelino en lengua francesa Mohammed Moulessehoul, nacido en 1955.



Publicado por carmenlobo @ 10:40  | Literatura
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