S?bado, 18 de agosto de 2007
Mercadillo
MANUEL VICENT
03/06/2007



En el valle de Xal? de la Marina Alta, junto al Mediterr?neo, se celebra cada s?bado un mercadillo de segunda mano en el que se pueden comprar objetos raros, aunque no tan raros como son algunos de sus vendedores. Las hondonadas y laderas de ese valle, cubiertas de almendros y cerezos, poseen una luz semejante a la que impregna los cuadros de Matisse, un aire azul atemperado por los pedernales calc?reos del Montg?, al que se a?aden algunas pinceladas de un rojo transparente cuando en mayo las cerezas ya han cuajado. El mercadillo sab?tico de Xal? esta vez estaba amenizado por una orquestina de b?lgaros, un acorde?n, dos trompetas, un viol?n y un saxof?n, cinco m?sicos con bigot?n y sombreros de fieltro marr?n hasta las orejas, que tocaban valses primaverales de su tierra. Los tenderetes se extienden a la sombra de los pl?tanos al filo de una riera, y sobre las tablas hay relojes, microscopios, monedas, balanzas romanas, instrumentos quir?rgicos, todo un desecho de cacharros oxidados puestos a la venta. Los habitantes de este valle lo constituyen en buena parte n?rdicos y anglosajones jubilados, que se extienden desnudos al sol de invierno hasta convertirse en sarmientos. En este mercadillo, algunos extranjeros sacan tambi?n a la venta algunos de sus objetos usados. Esta ma?ana un ingl?s muy circunspecto vend?a sus viejas sandalias; un belga vend?a un paraguas; un sueco vend?a una mecedora rota; un suizo vend?a un gram?fono; un holand?s vend?a un destornillador y un largavistas. Estos objetos se exhib?an sobre un pa?o a los pies de cada propietario, que esperaba al cliente sentado imp?vido fumando una pipa o leyendo el Daily Telegraph. Un alem?n, con pinta de profesor de Heidelberg, se gana la vida como limpiabotas en el mercadillo de Xal?. Bajo los sones de la orquestina de b?lgaros en ese momento el limpiabotas alem?n, con el pelo de ma?z h?brido, le estaba lustrando el calzado a un colombiano muy ahumado y no parec?a haber entre ellos diferencia de raza, cultura ni religi?n. Uno permanec?a de pie, apoyado contra un chopo con orgullo de gallo fino, y el otro, postrado ante sus botas de anca de potro, se aplicaba en darles bet?n y cepillo. Cerca un mendigo anglosaj?n de ojos azules ped?a limosna. Tend?a una mano en el aire y al mismo tiempo usaba la otra para hablar por el m?vil. Tal vez el para?so ser? como este valle: una luz de Matisse con una brisa de cerezas maduras, donde cualquiera podr? comprar un paraguas usado mientras tocan valses unos b?lgaros.



Publicado por carmenlobo @ 10:47  | Vincent, Manuel
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