Martes, 07 de agosto de 2007
La vida mata
?ngel Antonio Herrera



Un amigo con curr?culum bien cumplido de excesos vino a resumirme su caso en el golpe de una frase:
?Lo malo de pasarse tanto, t?o, es que al d?a siguiente no te acuerdas de nada. Traigo esta confesi?n aqu? porque tambi?n creo que el subid?n no es tal si al d?a siguiente, en efecto, no recuerdas ni qui?n te trajo a casa. Y, naturalmente, ni a qu? casa te trajeron. El cieg?n es lo que tiene. Una juerga es su memoria, y si no hay memoria, no ha habido juerga, sino cat?strofe. Quiere decirse que uno nada tiene en contra de los excesos, salvo que los excesos te lleven directo y en camilla al primer puesto hospitalario de urgencias. Para urgencias ya habr? momento.

Parece un poco o un mucho parad?jico hablar del exceso saludable, pero el exceso que exige un m?dico de urgencia no es un exceso, sino m?s bien un accidente. Y, si me apuran, hasta una tragedia. Hasta ah? pod?amos llegar. Hasta ah? hay que llegar. Se trata de regresar en taxi y no de regresar en ambulancia, que es lo que pone en limpio que venimos de una juerga y no de una matanza. La matanza propia, naturalmente. El personal usa mucho la palabra pasote, y tambi?n gasta la palabra pasada, por definir sus ocios, y todos vamos de pasote o pasada, porque lo dem?s es en rigor parch?s, cortes?a y Coca-Cola light.

El verano en s? es un pasote, con sus copitas de m?s y sus recatos de menos, con sus tribus de ombligos y sus tangas a lo loco, y un exceso acaba siendo cada Beyonc? de barrio, pero de todo eso no regresamos sin memoria, como mi colega de farra homicida, sino m?s bien cargados de dulces a?oranzas por lo que fue y hasta por lo que no fue, que escribir?a Juan Ram?n Jim?nez, que s?lo se daba el exceso del endecas?labo de agua alhajada. En cuanto a las drogas o al alcohol, esos verdugos, qu? quieren que les diga. All? cada cual con sus mortificaciones. No existe el veneno, sino la dosis, que diagnosticara el poeta.

Uno es partidario del coloc?n propio, natural, emocional o sentimental, bajo aquel aserto de Charles Baudelaire, que se pasaba con todo, hasta que lo mat? la s?filis: ?Embriagaos. De poes?a, de vino, de virtud. Pero embriagaos?. Parecen estas palabras una llamada al autoexterminio, pero es un canto al exceso de uno mismo, que es el ?nico exceso que vale. Embriagarse, s?, pero no suicidarse. Cada uno sabr? cu?ntos cubatas incluye ese equilibrio desequilibrante, cu?ntos canutos, cu?ntas mujeres. Cada cual sabr?. Yourcenar, la novelista, arriesg? un d?a que su vida deb?a ins?litos riesgos a la ebriedad. Pero al final se cur? de la ebriedad. Lo malo del whisky o del Marlboro es que hay que dejarlo.

No pocos cr?pulas han descubierto, con el tiempo, la borrachera de levantarse temprano, que es una borrachera de sobriedad y buenos h?bitos que incluye la ma?ana completa de trinos y resplandores. He aqu? otro modo de darse al exceso, pero a un exceso contrario a lo que todos entendemos por exceso, que es un desmelene de tangas y un men? de para?sos artificiales. No quisiera uno que esta p?gina resultara un canto a la mesura de vivir, pero s? una oda al oficio de vivir, que pasa por dejarle a la muerte s?lo la osamenta, naturalmente.

No me f?o de las gentes que no tienen vicios, pero he soportado a borrachos o borrachas escalofriantes que te ponen la noche perdida de raras culpas y malos rollos, y eso s? que no es vida. Ni para el borracho propiamente dicho ni para el acompa?ante, que no merece la improvisada tarea de enfermera de guardia.

LA MALA VIDA, que es la buena, da para un rato, porque para ejercer de golfo lo primero es una salud de atleta. Y lo ?ltimo. Si nos ponemos finos o reflexivos, nos sale que no nos retiran de la vida las drogas, las mujeres o el alcohol, sino que la vida acaba retir?ndonos de todo lo anterior, que son algunas de las contadas cosas por las que a ratos se ve la muerte lejos.

En rigor, uno dar?a por bien cumplida su vida si pudiera invertirla a fondo en el puro exceso, bajo aquel consejo de Henry Miller, que no fue un ejemplo de sobriedad, precisamente: ?La vida no se vive, se devora?. Otro maestro en emociones, Guillermo Cabrera Infante, lo dijo de otro modo: ?No mata el tabaco. Mata la vida?. Pues eso.


Publicado por carmenlobo @ 10:26  | ART
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