Mi?rcoles, 06 de junio de 2007
El Gigante Ego?sta
Oscar Wilde



Todas las tardes, a la salida de la escuela, los ni?os se hab?an acostumbrado a ir a jugar al jard?n del gigante. Era un jard?n grande y hermoso, cubierto de verde y suave c?sped. Dispersas sobre la hierba brillaban bellas flores como estrellas, y hab?a una docena de melocotones que, en primavera, se cubr?an de delicados capullos rosados, y en oto?o daban sabroso fruto. Los p?jaros se posaban en los ?rboles y cantaban tan deliciosamente que los ni?os interrump?an sus juegos para escucharlos. -?Qu? felices somos aqu?!- se gritaban unos a otros. Un d?a el gigante regres?. Hab?a ido a visitar a su amigo, el ogro de Cornualles, y permaneci? con ?l durante siete a?os. Transcurridos los siete a?os, hab?a dicho todo lo que ten?a que decir, pues su conversaci?n era limitada, y decidi? volver a su castillo. Al llegar vio a los ni?os jugando en el jard?n. -?Qu? est?is haciendo aqu??- les grit? con voz agria. Y los ni?os salieron corriendo. -Mi jard?n es mi jard?n- dijo el gigante. -Ya es hora de que lo entend?is, y no voy a permitir que nadie mas que yo juegue en ?l. Entonces construy? un alto muro alrededor y puso este cartel:
Prohibida la entrada.
Los transgresores ser?n procesados judicialmente. Era un gigante muy ego?sta. Los pobres ni?os no ten?an ahora donde jugar. Trataron de hacerlo en la carretera, pero la carretera estaba llena de polvo y agudas piedras, y no les gust?. Se acostumbraron a vagar, una vez terminadas sus lecciones, alrededor del alto muro, para hablar del hermoso jard?n que hab?a al otro lado. -?Que felices ?ramos all?!- se dec?an unos a otros. Entonces lleg? la primavera y todo el pa?s se llen? de capullos y pajaritos. Solo en el jard?n del gigante ego?sta continuaba el invierno. Los p?jaros no se preocupaban de cantar en ?l desde que no hab?a ni?os, y los ?rboles se olvidaban de florecer. Solo una bonita flor levant? su cabeza entre el c?sped, pero cuando vio el cartel se entristeci? tanto, pensando en los ni?os, que se dej? caer otra vez en tierra y se ech? a dormir. Los ?nicos complacidos eran la Nieve y el Hielo. -La primavera se ha olvidado de este jard?n- gritaban. -Podremos vivir aqu? durante todo el a?oLa Nieve cubri? todo el c?sped con su manto blanco y el Hielo pint? de plata todos los ?rboles. Entonces invitaron al viento del Norte a pasar una temporada con ellos, y el Viento acept?. Lleg? envuelto en pieles y aullaba todo el d?a por el jard?n, derribando los capuchones de la chimeneas. -Este es un sitio delicioso- dec?a. -Tendremos que invitar al Granizo a visitarnos. Y lleg? el Granizo. Cada d?a durante tres horas tocaba el tambor sobre el tejado del castillo, hasta que rompi? la mayor?a de las pizarras, y entonces se puso a dar vueltas alrededor del jard?n corriendo lo m?s veloz que pudo. Vest?a de gris y su aliento era como el hielo. -No puedo comprender como la primavera tarda tanto en llegar- dec?a el gigante ego?sta, al asomarse a la ventana y ver su jard?n blanco y fr?o. -?Espero que este tiempo cambiar?! Pero la primavera no lleg?, y el verano tampoco. El oto?o dio dorados frutos a todos los jardines, pero al jard?n del gigante no le dio ninguno. -Es demasiado ego?sta- se dijo. As? pues, siempre era invierno en casa del gigante, y el Viento del Norte, el Hielo, el Granizo y la Nieve danzaban entre los ?rboles. Una ma?ana el gigante yac?a despierto en su cama, cuando oy? una m?sica deliciosa. Sonaba tan dulcemente en sus o?dos que crey? ser?a el rey de los m?sicos que pasaba por all?. En realidad solo era un jilguerillo que cantaba ante su ventana, pero hac?a tanto tiempo que no o?a cantar un p?jaro en su jard?n, que le pareci? la m?sica m?s bella del mundo. Entonces el Granizo dej? de bailar sobre su cabeza, el Viento del Norte dej? de rugir, y un delicado perfume lleg? hasta ?l, a trav?s de la ventana abierta. -Creo que, por fin, ha llegado la primavera- dijo el gigante; y saltando de la cama mir? el exterior. ?Qu? es lo que vio? Vio un espect?culo maravilloso. Por una brecha abierta en el muro los ni?os hab?an penetrado en el jard?n, hab?an subido a los ?rboles y estaban sentados en sus ramas. En todos los ?rboles que estaban al alcance de su vista, hab?a un ni?o. Y los ?rboles se sent?an tan dichosos de volver a tener consigo a los ni?os, que se hab?an cubierto de capullos y agitaban suavemente sus brazos sobre las cabezas de los peque?os. Los p?jaros revoloteaban y parloteaban con deleite, y las flores re?an irguiendo sus cabezas sobre el c?sped. Era una escena encantadora. S?lo en un rinc?n continuaba siendo invierno. Era el rinc?n m?s apartado del jard?n, y all? se encontraba un ni?o muy peque?o. Tan peque?o era, no pod?a alcanzar las ramas del ?rbol, y daba vueltas a su alrededor llorando amargamente. El pobre ?rbol segu?a a?n cubierto de hielo y nieve, y el Viento del Norte soplaba y rug?a en torno a ?l. -?Sube, peque?o!- dec?a el ?rbol, y le tend?a sus ramas tan bajo como pod?a; pero el ni?o era demasiado peque?o. El coraz?n del gigante se enterneci? al contemplar ese espect?culo. -?Qu? ego?sta he sido- se dijo. -Ahora comprendo por qu? la primavera no ha venido hasta aqu?. Voy a colocar al pobre peque?o sobre la copa del ?rbol, derribar? el muro y mi jard?n ser? el parque de recreo de los ni?os para siempre. Estaba verdaderamente apenado por lo que hab?a hecho. Se precipit? escaleras abajo, abri? la puerta principal con toda suavidad y sali? al jard?n. Pero los ni?os quedaron tan asustados cuando lo vieron, que huyeron corriendo, y en el jard?n volvi? a ser invierno. S?lo el ni?o peque?o no corri?, pues sus ojos estaban tan llenos de l?grimas, que no vio acercarse al gigante. Y el gigante se desliz? por su espalda, lo cogi? cari?osamente en su mano y lo coloc? sobre el ?rbol. El ?rbol floreci? inmediatamente, los p?jaros fueron a cantar en ?l, y el ni?o extendi? sus bracitos, rode? con ellos el cuello del gigante y le bes?. Cuando los otros ni?os vieron que el gigante ya no era malo, volvieron corriendo y la primavera volvi? con ellos. -Desde ahora, este es vuestro jard?n, queridos ni?os- dijo el gigante, y cogiendo una gran hacha derrib? el muro. Y cuando al mediod?a pas? la gente, yendo al mercado, encontraron al gigante jugando con los ni?os en el m?s hermoso de los jardines que jam?s hab?an visto. Durante todo el d?a estuvieron jugando y al atardecer fueron a despedirse del gigante. -Pero, ?d?nde est? vuestro peque?o compa?ero, el ni?o que sub? al ?rbol?- pregunt?. El gigante era a este al que m?s quer?a, porque lo hab?a besado. -No sabemos contestaron los ni?os- se ha marchado. -Deb?is decirle que venga ma?ana sin falta- dijo el gigante. Pero los ni?os dijeron que no sab?an donde viv?a y nunca antes lo hab?an visto. El gigante se qued? muy triste. Todas las tardes, cuando terminaba la escuela, los ni?os iban y jugaban con el gigante. Pero al ni?o peque?o, que tanto quer?a el gigante, no se le volvi? a ver. El gigante era muy bondadoso con todos los ni?os pero echaba de menos a su primer amiguito y a menudo hablaba de ?l. -?Cu?nto me gustar?a verlo!- sol?a decir. Los a?os transcurrieron y el gigante envejeci? mucho y cada vez estaba m?s d?bil. Ya no pod?a tomar parte en los juegos; sentado en un gran sill?n ve?a jugar a los ni?os y admiraba su jard?n. -Tengo muchas flores hermosas- dec?a, pero los ni?os son las flores m?s bellas. Una ma?ana invernal mir? por la ventana, mientras se estaba vistiendo. Ya no detestaba el invierno, pues sab?a que no es sino la primavera adormecida y el reposo de las flores. De pronto se frot? los ojos at?nito y mir? y remir?. Verdaderamente era una visi?n maravillosa. En el m?s alejado rinc?n del jard?n hab?a un ?rbol completamente cubierto de hermosos capullos blancos. Sus ramas eran doradas, frutos de plata colgaban de ellas y debajo, de pie, estaba el peque?o al que tanto quiso. El gigante corri? escaleras abajo con gran alegr?a y sali? al jard?n. Corri? precipitadamente por el c?sped y lleg? cerca del ni?o. Cuando estuvo junto a ?l, su cara enrojeci? de c?lera y exclam?: - ?Qui?n se atrevi? a herirte?- Pues en las palmas de sus manos se ve?an las se?ales de dos clavos, y las mismas se?ales se ve?an en los piececitos. -?Qui?n se ha atrevido a herirte?- grit? el gigante. -D?melo para que pueda coger mi espada y matarle. -No- replic? el ni?o, pues estas son las heridas del amor. -?Qui?n eres?- dijo el gigante; y un extra?o temor lo invadi?, haci?ndole caer de rodillas ante el peque?o. Y el ni?o sonri? al gigante y le dijo: -Una vez me dejaste jugar en tu jard?n, hoy vendr?s conmigo a mi jard?n, que es el Para?so. Y cuando llegaron los ni?os aquella tarde, encontraron al gigante tendido, muerto, bajo el ?rbol, todo cubierto de capullos blancos.

Publicado por carmenlobo @ 11:29  | Literatura
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