Mi?rcoles, 16 de mayo de 2007
Insultando, que es gerundio
Arturo Perez Reverte

El semanal 13/05/07



Cada vez nos ponen m?s dif?cil insultar a la gente. Dir?n algunos que no hace falta insultar a nadie, y que cuanto m?s dif?cil lo pongan, mejor. Pero dudo que tan edificante argumento sea del todo riguroso. Tal y como anda el mundo, verse insultado ?cosa que, por otra parte, a muchos les importa un pimiento? es el ?nico precio que muchos hijos de la gran puta y no pocos tontos del haba acaban pagando a cambio de la impunidad por los estragos que causan. Escueto peaje, a fin de cuentas. Adem?s, para los que somos mediterr?neos, o de donde seamos, y se nos calienta con facilidad la boca o la tecla ?al arriba firmante m?s la tecla que la boca, pero cada cual es muy due?o?, ?sa es una manera como otra cualquiera de situarse ante las cosas. H?ganse cargo: el insulto como punto de vista o como desahogo final, a falta de otras posibles contundencias. Ultima ratio rerum, etc?tera. Ante ciertos ejemplares de la especie humana, a muchos el insulto nos fluye solo, espont?neo, natural como la vida misma. Aunque, en lo que a m? se refiere, y en t?rminos generales, lo cierto es que s?lo insulto por escrito. En la vida real, fuera de este gru??n personaje semanal cuyo talante, vocabulario y patente de corso me veo obligado a sostener desde hace casi catorce a?os ?faltar?a m?s, amariconarse a estas alturas?, soy un fulano m?s bien cort?s. Gano mucho con el trato, dice mi editora.

Pero les dec?a que cada vez se hace m?s cuesta arriba insultar, y es cierto. Lo socialmente correcto exige encaje de bolillos para manejar el buen, sonoro, rotundo, inapelable, higi?nico insulto de toda la vida. Uno ve en la tele a cualquier pol?tico espa?ol, por ejemplo, sin distinci?n de careto o ideolog?a; y cuando salta como un tigre sobre el ordenador, dispuesto a expresar con el ep?teto oportuno los sentimientos que le inspira, se encuentra hojeando desesperadamente el diccionario de la RAE en busca de algo que no hiera sensibilidades ajenas o produzca, ay, da?os colaterales. Cosa cada vez m?s dif?cil. Y claro. Eso quita frescura al insulto que nos rozaba los labios, o la tecla. Anula toda espontaneidad y hasta le disipa a uno las ganas de insultar. Y la ilusi?n.

Calificar a tal o cual individuo de retrasado mental, por ejemplo, ya se ha hecho imposible. Si escribo por ejemplo ?qued?ndome corto? que el presidente Bush de los Estados Unidos de Am?rica del Norte es un tarado, llover?n cartas de asociaciones respetables argumentando, con raz?n, que uso despectivamente una palabra que incluye casos dolorosos y conmovedoras tragedias humanas. Lo mismo ocurre si utilizo subnormal, anormal o A. Normal, como en El jovencito Frankenstein. El problema para quienes necesitamos contar cosas o expresar puntos de vista por escrito, es que las palabras y cuanto implican est?n hechas exactamente para eso; para aplicarlas a la realidad o a la ficci?n, describi?ndolas del modo m?s eficaz posible. Y se hace muy dif?cil expresar de otro modo la estupidez, la tonter?a o la imbecilidad de un individuo al que pretendemos definir como tal. Dir?n algunos que bastar?a entonces, calificarlo de tonto, de idiota o de imb?cil. Pero es que esas palabras significan exactamente lo mismo. Soplagaitas, por ejemplo, ya me lo han hecho polvo. Un insulto tradicional, cl?sico. De toda la vida. Un eufemismo, convendr?n conmigo, muy aceptable para aplicar a quienes consideramos cualificados en el arte, no siempre f?cil, de soplar otros ?rganos o instrumentos especializados. Lo us? hace tres o cuatro semanas, no recuerdo para qu?, y acabo de recibir una carta ?se lo juro a ustedes por mis muertos m?s frescos? de un gaitero asturiano o gallego, de eso no estoy seguro, afe?ndome la cosa. Una falta de respeto, argumenta. Ofensa para todos los gaiteros y dem?s. Ya ven. Nada comparable, eso s?, con otra carta recibida hace un par de a?os, de la que di cuenta en esta misma p?gina, cuando unos vidrieros artesanos me reprocharon el uso de la expresi?n sopladores de vidrio como variante en lo de soplar. A?n me queda en la reserva, es cierto, soplacirios; o lo que es m?s bonito y m?s rotundo,sopladores de cirio pascual; pero mucho me temo que, en cuanto use un par de veces tan bella per?frasis, alguna asociaci?n de sacristanes sin fronteras o congregaci?n p?a pondr? el grito en el cielo. Siempre me quedar? Par?s, es cierto: recurrir, sin ambages, al rotundo y algo expl?cito soplapollas. Pero tampoco estoy muy seguro de que eso no extienda el c?rculo de damnificados. O damnificadas.



Publicado por carmenlobo @ 10:02  | P?rez-Reverte, Arturo
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