sábado, 12 de mayo de 2007
NAPOLEÓN HILL

LOS PENSAMIENTOS SON COSAS

La fuerza que señala al éxito, es la fuerza de su mente.

COMO obligar a la vida a decir SI en lugar de NO a sus planes y ambiciones.

Ciertamente, "los pensamientos son cosas" y cosas muy poderosas cuando están mezclados con firmeza de propósito, perseverancia y un ardiente deseo de traducir todo aquello en riqueza u otros objetos materiales.

Hace algunos años, Edwin C. Barnes descubrió cuán cierto es que los hombres "meditan y se hacen ricos". Su descubrimiento no se produjo repentinamente. Llegó poco a poco, comenzando con un ardiente deseo de llegar a ser socio del gran Edison.

Una de las principales características del deseo de Barnes era la "determinación". Quería trabajar con Edison, y no "para el". Observe usted cuidadosamente como convirtió en realidad sus deseos y comprenderá mucho mejor los principio que conducen a la riqueza.

Cuando este deseo o impulso de pensamiento estalló por primera vez en la mente de Barnes, no se encontraba en posición de actuar directamente. Había dos dificultades para ello. La primera, era que no conocía a Edison, y la segunda, que carecía de dinero para costearse un billete de ferrocarril hasta East Orange, Nueva Jersey.

Estas dificultades eran suficientemente fuertes como para desanimar a la mayoría de los hombres a llevar a la práctica su deseo. ¡Pero sucedía que el de Barnes no era un deseo ordinario!

Edison le miró...

Se presentó personalmente en el laboratorio de Edison y anuncio lisa y llanamente que se había presentado allí para tomar parte de los negocios del inventor. Al hablar, años mas tarde, del primer encuentro entre Barnes y Edison, este último dijo:

"se hallaba en pie ante mí y tenía todo el aspecto de un vagabundo corriente, <>. En mis relaciones con los hombres, a través de años de experiencia, yo había aprendido que una persona cuando realmente desea una cosa tan profundamente que está dispuesta a apostar todo su futuro contra una simple vuelta de la rueda para alcanzarla, es seguro que es persona siempre gana. Le concedí la oportunidad que buscaba <>."

Los acontecimientos posteriores demostraron que no se había cometido ninguna equivocación.

El aspecto del joven no pudo haber sido el que le dio la oportunidad de trabajar en el despacho de Edison, ya que tal aspecto estaba en contra de él totalmente. En realidad fue lo que "meditaba".

Barnes no fue socio de Edison, naturalmente, desde un principio. Consiguió entrar en las oficinas del inventor ganando un salario normal.

Transcurrieron los meses. Aparentemente nada importante sucedía para que Barnes se acercara a su ambicionado objetivo, al deseo que albergaba su mente como "propósito importante y definitivo". Pero si estaba sucediendo algo importante en la mente de Barnes. Y la cosa era sencilla... Se intensificaba constantemente su deseo de llegar a ser socio de Edison.

Los psicólogos han dicho correctamente que "cuando uno está dispuesto a hacer una cosa, se nota hasta en su aspecto físico". Barnes estaba dispuesto a ser un asociado de Edison; además, estaba decidido a mantener su idea hasta que lograse lo que buscaba.

No se dijo a si mismo: "Bueno, ¿y para que? Supongo que algún día cambiaré de idea y me conformaré con un buen empleo de vendedor"; sino que se dijo: "Vine aquí para ser socio industrial de Edison y llegaré a serlo. Aunque me muera en el empeño". ¡Lo deseaba con tal fuerza! ¡Cuan diferentes serían las historias que nos relatarían los hombres si adoptaran propósitos firmes y se ciñesen a tales propósitos hasta que llegara a convertirse en una obsesión!

Es posible que el joven Barnes no lo supiera entonces, pero su testaruda determinación y su persistencia en ceñirse así a un solo deseo eran factores que estaban destinados a barrer toda oposición y concederle la oportunidad que estaba buscando.

La oportunidad llegó por la puerta trasera

Cuando llegó la oportunidad, apareció en formas y en dirección diferentes a las que esperaba Barnes. Ese es precisamente uno de los trucos de la oportunidad. Tiene el hábito socarrón de deslizarse por la puerta trasera y a menudo llega disfrazada en forma de desgracia o derrota temporal. Quizás esta sea la razón por la cual muchísimas personas fracasan en reconocerla.

El señor Edison acababa de perfeccionar un nuevo dispositivo para oficinas conocido en aquella época bajo el nombre de Máquina Dictadora Edison. Sus vendedores no estaban muy entusiasmado con la nueva máquina. No creían que se pudiera vender sin realizar grandes esfuerzos.

Barnes sabía que podía vender la Máquina Dictadora Edison. Se lo sugirió al propio Edison y pronto tuvo su oportunidad. Vendió la máquina. En realidad, la vendió con tanto éxito, que Edison le firmó un contrato para distribuirla por toda la nación. Aparte de esta asociación comercial, Barnes se hizo rico, también logró algo infinitamente mas grande. Demostró que uno puede realmente "meditar y hacerse rico".

Carezco de datos para poder asegurar lo que produjo aquél deseo original de Barnes. Quizás le proporcionaría dos o tres millones de dólares, pero la cantidad, sea cual fuere, llega a ser insignificante cuando se compara con el valor que Barnes adquirió en la forma de un conocimiento definitivo de que "un intangible impulso del pensamiento puede traducirse en recompensas materiales" mediante la aplicación de principios conocidos.

Barnes literalmente "pensó" en sí mismo como socio de Edison, pensó en sí mismo como poseedor de una enorme fortuna. No tenía nada para empezar, excepto la capacidad de saber lo que quería y la determinación de ceñirse a su deseo hasta conseguirlo.

El hombre que abandonó demasiado pronto

Una de las causas más comunes del fracaso es el hábito de "abandonar" cuando uno es derrotado temporalmente. Creo que todas las personas son culpables de esto en uno u otro momento de su vida.

Un tío de R.U. Darby se sintió envenenado por la "fiebre del oro" en la época en que se había extendido por toda la nación esa "epidemia".

Y así partió para el oeste simplemente con objeto de cavar y hacerse rico. Nunca había oído el dicho: "Se ha extraído mucho mas oro de los pensamientos de los hombres que de la tierra". Registró una parcela de tierra y comenzó a trabajar con pico y pala.

Tras semanas de dura labor fue recompensado con el descubrimiento del brillante mineral. Necesitaba maquinaria para llevar el mineral a la superficie. Con toda calma, volvió a cubrir la mina, regresó a Williamsburg, Maryland, y comunicó a parientes y amigos el descubrimiento que había realizado. Entre todos reunieron dinero para adquirir la maquinaria que se necesitaba e inmediatamente la enviaron por vía marítima. Darby y su tío volvieron a la mina para trabajar en ella.

La primera vagoneta de mineral se extrajo por fin y se mandó a un fundidor. ¡Inmediatamente quedó demostrado que poseían una de las minas más ricas de Colorado! Unas cuantas vagonetas más aclararían las dudas. Luego llegarían los grandes beneficios.

Los taladros descendieron y las esperanzas de Darby y su tío subieron. Entonces sucedió algo. ¡La veta de oro había desaparecido! Habían llegado al final del arco iris y el oro ya no estaba allí. Continuaron trabajando desesperadamente intentando encontrar de nuevo la veta de oro..., pero sin el menor éxito.

Finalmente, decidieron abandonar la empresa.

Vendieron la maquinaria a un chatarrero por unos cientos de dólares y tomaron el tren de regreso a casa. El hombre que acababa de adquirir toda la maquinaria llamó a un ingeniero de minas para que estudiara aquella mina ya abandonada y realizara unos cálculos. El ingeniero informó de que el proyecto había fracasado porque sus propietarios no estaban familiarizados con las "fallas geológicas". Sus cálculos demostraban que la veta de oro tenía que encontrarse justamente a una distancia de tres pies de donde los Darby habían detenido su labor. ¡Y allí fue exactamente donde se volvió a encontrar la veta!

El hombre ganó millones de dólares con aquella mina porque tuvo la prudencia de solicitar consejo a un experto antes de abandonar la partida.

Éxito dando un paso más allá de la derrota

Bastante tiempo después desde que el señor Darby se recuperase de sus pérdidas muchas veces, fue cuando hizo el descubrimiento de que el deseo puede transformarse en oro. El descubrimiento llegó cuando se dedicó a vender pólizas de seguros de vida.

Recordando que había pedido una fortuna por haberse detenido a tres pies de distancia del oro, Darby aprovechó la experiencia en su nuevo trabajo diciéndose a sí mismo: "Me detuve a tres pies del oro, pero jamás me detendré cuando los hombres cuando los hombres digan que no ante la venta de una póliza"..

Darby se convirtió muy pronto en uno de los pocos hombres que vendían mas de un millón de dólares en pólizas de seguros anualmente. Debía su "testarudez" a la lección que había aprendido con su "debilidad" en el negocio minero.

Antes de que el éxito llegue en la vida de un hombre, es seguro que ha de encontrarse con muchas derrotas temporales y quizás hasta con algún buen fracaso de importancia. Cuando la derrota abruma a un hombre, la actitud más lógica y más fácil es abandonar. Y eso exactamente es lo que hacen l mayoría de los hombres.

Mas de quinientos hombres de los de más éxito de Norteamérica han declarado al autor de este libro que su mayor éxito lo obtuvieron siempre al dar un paso mas allá del punto de la derrota. El fracaso es un bromista que posee un agudo sentido de la ironía. Le divierte colocar zancadillas cuando uno está a punto de alcanzar el éxito.


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