Mi?rcoles, 25 de abril de 2007
La inmortalidad
Luis Garc?a Montero




Nunca he tenido dioses
y tampoco sent? la despiadada
voluntad de los h?roes.
Durante mucho tiempo estuvo libre
la silla de mi juez
y no esper? juicio
en el que rendir cuentas de mis d?as.

Decidido a vivir, busqu? la sombra
capaz de recogerme los veranos
y la hoguera dispuesta
a llevarse el invierno por delante.
Pas? noches de guardia y de silencio,
no tuve prisa,
dej? cruzar la rueda de los a?os.
Estaba convencido
de que existir no tiene trascendencia
porque la luz es siempre fugitiva
sobre la oscuridad
un resplandor en medio del vac?o.

Y de pronto en el bosque se encendieron los ?rboles
de las miradas insistentes,
el mar tuvo labios de arena
igual que las palabras dichas en un rinc?n,
el viento abri? sus manos
y los hoteles sus habitaciones.
Parec?a la tierra m?s desnuda
porque la noche fue
como el vac?o
un resplandor oscuro en medio de la luz.

Entonces comprend? que la inmortalidad
puede cobrarse por adelantado.
Una inmortalidad que no reside
en plazas con estatua
en nubes religiosas
o en la plastificada vanidad literaria,
llena de halagos homicidas
y murmullos de c?ctel.
Es otra mi raz?n. Que no me lea
quien no haya nunca visto conmoverse la tierra
en medio de un abrazo.

La copa de cristal
que pusiste al rev?s sobre la mesa
guarda un tiempo de oro detenido.
Me basta con la vida para justificarme.
Y cuando me convoquen a declarar mis actos
aunque s?lo me escuche una silla vac?a
ser? firme mi voz.

No por lo que la muerte me prometa
sino por todo aquello que no podr? quitarme.




Publicado por carmenlobo @ 20:58  | Literatura
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