S?bado, 17 de marzo de 2007
Un regalo para Julia

Francisco Massiani
Tomado de Relatos, Caracas: Monte ?vila, 1991


Palabra que no era f?cil. Casi todo el mundo regala discos y los pocos discos de moda son tres, cuatro. Julia iba a terminar con la casa llena de discos repetidos. Adem?s ten?a s?lo veinte bol?vares y as? no se pueden comprar sino discos o chocolates o alguna inmundicia parecida. Yo nunca le regalar?a un talco a Julia. Menos, un mu?eco. Tiene una colecci?n de mu?ecos desbaratados en el cuarto y lo de chocolates, menos, porque s? que Carlos se los comer?a todos. Carlos, tan perfectamente imb?cil como siempre. Lo imagino clarito: Oye Julia, dame un poquito.

Uno dice: le regalo un libro. Uno dice: le regalo cualquier cosa. Pero uno no pod?a regalarle cualquier cosa. ?Con qu? cara? Ayer, anteayer estaba con la cochinada de Carlos, que por cierto: fuaaa, fuaaa, y lo peor es que no tose y a m? en cambio se me salen las tripas. Fuaaa, botaba el humo, y fuaaa estiraba su pata y mataba una hormiga. Se com?a un moco. Se estripaba un barro en la nariz, fuaaa, se rascaba la oreja, y despu?s escup?a el humo por los ojos, por la nariz, por la boca, por todos lados. Porque lo hace. Juro que sabe fumar. Es verdad. Fuma mejor que nadie. Y entonces te mira y dice: si llego a ser novio de Julia. Pero lo jur?. Dije: por Dios santo que no se lo digo, y eso, ?no?, as? que nada. No puedo decirlo. Pero en todo caso cuento que Carlos me dijo que si Julia llegaba a ser su novia, la met?a en la ba?era, la llenaba de jab?n y le hac?a esa porquer?a que jur? que no se lo dec?a a nadie. Lo peor es que yo vengo y salgo y voy a casa de Julia, porque algo ten?a que hacer, ?no?, y llega Julia y me dice as? mismito:

??Qu? vienes a hacer aqu??

Qued? tieso. Despu?s me dice:

?Pasa.

Y pas?. Y despu?s de que pas? me sent? y ella puso un disco. Siempre que alguien llega a su casa pone un disco. Despu?s te saluda, te mira, da tres pasos de ?ltima moda y despu?s se echa en el sill?n, tipo bandida de cine mexicano. Cine mexicano, cine mexicano... aj?:

?Oye ?le digo?. Oye Julia, ?qu? tal te cae Carlos?

??Carlos?

?S?, Carlos.

??Por qu??? cogi? una revista de mujeres y modas y eso. Yo me puse a darle tambor a la mesa. Creo que pasamos como un minuto as?. Me dijo:

??Quieres Cocacola?

Yo no le respond?. Segu? tocando tambor en la mesa. No le respond? porque me molest? que se olvidara que le hab?a hablado de Carlos, que se hiciera la loca con la pregunta que muy bien sab?a que yo se la hac?a por un mont?n de cosas que ella sab?a muy bien que yo sab?a. O sea eso. O sea nada, supongo que se entiende, ?no? Bueno. Me vuelve a preguntar:

??Quieres Cocacola?

Y yo:

?Te pregunt? por Carlos.

?No me acuerdo? dijo.

?Yo s? le dije?. Y muy bien.

?Bueno. ?Qu? cosa?? dijo.

?Eso que t? sabes? le dije.

?Yo no s? nada, Juan? me dijo. Y cuando la mir? estaba viendo la revista.

?Bueno, Julia.? Yo ten?a que hacer algo. Sab?a que ten?a que hacer algo?. Oye: imag?nate que Carlos te regala el disco que estamos oyendo.

??Qu? cosa?

?El disco

??Qu? disco?

?Nada? le dije.

Nunca lo entienden a uno. Yo segu? tocando el tambor y ella se levant? del sof?, dio un brinquito, se pas? la mano por el pelo y me pregunt?:

??Qu? dijiste de Carlos?

Nunca. Nunca entiende. Yo le dije que nada, que se sentara, y ella me sonri? y se sent?. Cuando se sent?, me sonri?. Cuando eso pasa, cuando me sonr?e, entonces yo aprovecho para verle la boquita, esos dos gajitos de naranja, porque es as?: tiene dos gajitos de naranja, y s? por ejemplo que el labio de arriba, cuando se separa del de abajo, parece que le diera miedo dejarlo solo, y entonces tiembla un poquito, no mucho, un poquito solamente y entonces se le acerca y lo acompa?a un poco y entonces entre los dos gajitos sale como un juguito que le mancha un poco las arruguitas de los labios y entonces yo siento un mareo y algo como un chicle entre las muelas y ella se me queda mirando y me dice:

??Qu? te pasa?

Y despierto. S? que nunca ser?a capaz de agarrarle la mano, nunca. Pero sab?a, estaba convencido, como nunca, que ten?a que hacer algo. As? que segu? tocando tambor a ver si me ven?a algo a la cabeza. Nada. Segu?a tocando tambor. Nada. Segu?a tocando y tambor y tambor y ella y tambor y nada. De repente ella me dice:

?Tengo un vestido para ma?ana que es una maravilla.

Yo digo:

?Qu? bueno.

Y ella dice:

?Es algo que te deja desmayado.

Y yo sigo:

?Qu? bueno.

Y ella:

?Lo ves y te mueres. Es de locura.

Y yo segu?a con el tambor. Eso lo cuento para que vean. Bueno. En eso pas? la hermana, despu?s una de las sirvientas de las diez sirvientas que tienen en su casa y despu?s, un rato despu?s, vengo y le digo:

?Julia? ni sab?a lo que iba a decir?, dime una cosa: si yo te regalara ese disco y Carlos el otro, ?cu?l pondr?as m?s en el d?a?

Se me qued? mirando con mirada matem?tica de ra?z cuadrada, y me dijo:

??ste. El que estamos oyendo.

Yo entonces estir? las piernas, la mir?, le ech? una sonrisita y segu? tocando tambor, pero palabra que me costaba tocar tambor, porque lo que provocaba era salir gritando y llamar al cochinada de Carlos y decirle: mira Carlos, pendejo, nunca vas a hacerle esa cochinada porque Julia y yo, ?no?, pero justo cuando se estaba acabando el disco me dijo:

??Qu? fue lo que me preguntaste?

Palabra que no es mentira. Se lo repet? y ella me sonri?. Y me dijo:

?Qu? salvaje eres.

Nunca la he entendido. Me imagin? que deb?a sonre?rme y me sonre?. Despu?s me dijo:

?Lo pondr?a todos los d?as si me gustaba.

??Qu? cosa?? Yo comenzaba a olvidar todo el plan, todo lo que ten?a en la cabeza se me revent?, ya nada, juro que yo no entend?a a nadie, que estaba loco, tan loco que dije:

?Julia. Quiero que ma?ana vayas a la fuente de soda de la esquina porque quiero darte un regalo especial.

Ella preguntando cosas hasta que por fin acept? y a las tres y media era la cosa. O sea que a las tres y media nos ?bamos a encontrar en la fuente de soda. As? fue que sali? lo del regalo. Por eso lo cont?.

Total que hoy vengo y cog? lo que me dio mam? y sal? a la calle. Me met? en todos lados. Vi todas las vitrinas. Entr? en todas las tiendas y ni sab?a qu? pod?a regalarle. Pero no soy tan imb?cil: si le dije que el regalo era especial por nada del mundo le doy cualquier cosa. Eso era lo que pensaba cuando estaba mirando el conejo. Porque en una de esas vi un conejo. Ustedes lo han visto. Est? por ah?, en una de esas tiendas de Sabana Grande, y es un conejo blanco. Es un conejo m?s grande que un caballo y mueve las orejas y tiene los ojos rojos. Por cierto que me acord? del profesor Jaime, porque el profesor Jaime ten?a siempre los ojos rojos. Por cierto que el profesor Jaime era un gran tipo, y cada vez que me acuerdo de ?l tengo una vaina con Carlos. Porque s? que Carlos es el cochinada t?pico que le pone tachuelas a profesores como el se?or Jaime. Cuando estaba mirando el conejo, me jur? que si alguna vez Carlos tocaba el oso de mi hermanita, que tambi?n tiene los ojos rojos, lo agarraba por las patas, lo bat?a contra el ?rbol y lo volv?a una cochinada. Porque es lo que merece. Juro que si alguna vez Carlos se burla del oso, lo machaco, lo aplasto, le martillo los dedos y lo reviento. Eso es lo que merece. Total que estaba viendo el conejo y ?ah! Nada: un pollo, Dios m?o, ?c?mo no se me hab?a ocurrido? Un pollito, chiquito, metido en una caja, y ella mirando el pollo, y jugando con su pollo todos los d?as, y d?ndole de comer, y as? t? puedes preguntarle por el pollo y tienes algo de qu? hablar y es algo especial, es un regalo ?nico, anda, ap?rate, y sal? disparado a Canilandia. Creo que se llama as?: Canilandia. Y est? en una callecita que se mete de Sabana Grande a la avenida Casanova. Bueno. Y entr? y el se?or me regal? el pollo. Ni siquiera acept? que yo se lo comprara. Bueno. Me fui a la fuente de soda. Cuando llegu? ped? una merengada. Eso fue lo que ped?. Y ah? estuve. ?Ajo! Estaba cansado. Hay que ver, corriendo, el sol, el pollo, y lo peor es que no pod?a correr mucho. Pero ah? estaba. Bueno. Ped? una merengada de chocolate. Ya van a ver. Pido la merengada. Es para quedarse en casa. Francamente: pido la merengada y el imb?cil del mozo viene y se queda mirando a la caja. Claro que la caja se mov?a, ?no?, pero por eso no ten?a que poner cara de imb?cil y quedarse mirando y mirando y decirme, porque me lo dijo:

??Y eso?

Tuve que dec?rselo:

?Un regalo.

??Un regalo?? se sonre?a con los dientes puercamente llenos de oro.

?Un regalo.

??Y por qu? se mueve?

?Porque adentro hay un pollo ?digo.

?Ah, ?s?? ?Un pollo?

?S?. Eso. Un pollo.

?Qu? bien? dijo el tipo. Que si qu? bien. Qu? tipo, francamente. Bueno. La verdad es que no s? por qu? cuento lo del mozo. Lo que s? es que ya estaba poni?ndome nervioso porque Julia no llegaba y eran m?s de las tres y media. Ya como a las cuatro, dej? la caja con la copa encima y llam? a casa de Julia. Como estaba pendiente de la caja, o sea, pensando en que a lo mejor el pollo se pon?a hist?rico y pateaba y se armaba el relajo, estuve como media hora sin responderle a la mam?. La mam?:

??Al?? ?al?? ?al?? ?al??

Bueno. Por fin le pregunt? por Julia.

?No est?, Juan ?me dijo?. ?Eres t?, no?

?S?. Soy yo, se?ora.

?Ayer vi a tu mam?. ?C?mo est?s?

?Ah, bueno...

?Me dijo que no estudiabas casi nada.

?Un poco.

?Tienes que estudiar.

?S?, se?ora? palabra que eso era lo que me dec?a. No miento. Sigui? as?:

?...y portarte muy bien, mira que ya eres un hombrecito.

?S?, se?ora.

?Bueno. T? vienes al cumplea?os, ?no?

?S?, se?ora.

?Julia est? como loca... ya no sabe qu? hacer. Bueno, Juan. Saludos por tu casa.

?Gracias, se?ora.

?Adi?s.

?Adi?s, se?ora.

?Ven? Y la caja y la copa y el mozo y Julia no llega y la vieja: es para volverse loco. Palabra. Estuve a punto de tirar el tel?fono. Y lo peor es que no he terminado: apenas me siento se me acerca de nuevo el mozo. ?Qu? tipo m?s imb?cil! Me dice:

??Y para qui?n es el regalo?

Jur? que si me segu?a haciendo preguntas que a ti no te importan te tiro la copa desgraciado. Eso es lo que pensaba. Y dale con el regalo. Menos mal que alguien lo llam?. Ya yo estaba realmente harto. Dale con la caja, el pollo, la vieja. "Ayer vi a tu mam? en el mercado" y que si "tienes que estudiar porque eres un hombrecito, Julia est? como loca". Francamente. Y nada que llegaba la desgraciada. ?Por qu? la gente tiene que preguntar tanto? En serio: ?para qu? vienen y te preguntan que por qu? tu mam? usa anteojos? ?Ah? Palabrita que si alguien pregunta que por qu? mi mam? usa anteojos le nombro la madre. Palabrita. Sinceramente le digo a s? mismo: mire desgraciado, se?or, ?qu? pasa? ?Qu? le pica? ?Nunca ha visto un pollo? ?Nunca ha visto una se?ora con anteojos? ?Ah? D?game esa gente que viene y te dice: ?Qu? hay? O te dicen: ?Qu? has hecho? ?Pero qu? carajo les importa? ?Ah?

Bueno. Por fin Julia lleg?. Era tard?simo. La vi bajarse de su impresionante Buick negro, con su vestido de pepas, y mene?ndose, para todos los tipos que estaban en la fuente de soda. Julia no puede dejar de menearse y mirar a todos los tipos. Por m? que se ir?a con el primer tipo que le dijera: "Oye t?, mira...". Seguro. Lo ?nico que le importa a esa carajita es menearse y poder menearle los ojos a todos los degenerados que la miran. A veces comprendo un poco por qu? a la cochinada de Carlos se le ocurri? eso que me dijo y que yo no puedo contar porque jur? por Dios santo que no se lo dec?a a nadie. Pero bueno. Llega, se sienta, se monta el vestido hasta las pantaletas, se bota el pelo para atr?s, se pasa la mano por el cuello, y despu?s que me volvi? porquer?a, se qued? mirando la caja vac?a y me dijo:

?Ajjj Dios m?o, me estoy muriendo de sed.

Se me olvid? decir que justo en el momento en que la vi salir de su maldito Buick, justo en ese momento, me dio una vaina y en un segundo abr? la caja, agarr? al pobre pollo, y lo escond? en el bolsillo de la chaqueta.

Me sali? con que si:

??Llevas mucho tiempo aqu??

?No. Acabo de llegar ?le dije.

??Qu? calor, verdad?

?S?, espantoso ?dije.

?No lo aguanto ?dijo ella? Puf, me muero.

Y para colmo me di cuenta que el tipo de la corbatica negra nos estaba espiando. Apenas lleg? Julia me di cuenta que par? las orejas y hac?a lo posible por acercarse y vamos a ver qu? o?mos y qu? pasar? con el pollo. Francamente. Deben volverse imb?ciles. Que si la mesa uno un perro caliente, la mesa cuatro una hamburguesa sin tomate y otra con tomate, la mesa ocho una merengada de chocolate y una Cocacola, y la mesa dos un caf? negro y otro marroncito pero sin mucho caf? y la mesa tres un helado de mantequilla y la mesa nueve... Claro: nosotros ah?, as? se divert?a. No s? si se han dado cuenta la cara de loquitos tristes que tienen todos. Y adem?s de la tristeza de loquitos llevan una corbatica de lazo. Pobrecitos. No le met?a la nariz en las piernas de Julia porque no pod?a, y claro, porque Julia, justo cuando el pobre desgraciado la miraba, cerraba un poco las rodillas, la maldita botaba el aire, se sobaba la rodilla, y despu?s te miraba como para que no te pusieras a llorar ah? mismo. Despu?s que se subi? m?s de lo que ten?a subido el vestido, vino, y con su vocecita de pito, levant? un dedito y llam? al mozo. Inmediatamente pens? que el pendejo del mozo llegaba y le contaba lo del pollo. Y lo peor es que con lo del pollo, ten?a que mantener el brazo en una sola posici?n, as?, con la mano en el bolsillo, sin dejar que el pollo chillara, tap?ndole la jeta con los dedos, y ya sent?a el brazo calambreado. Adem?s estaba comenzando a sudar por todas partes. Era horrible. No exagero. Bueno.

El mozo llega y se para delante de Julia:

??Desea algo, se?orita?

?S?. Por favor...

?D?game.

??Tiene Cocacola?

El tipo le dice:

?Pepsicola ?y aprovecha para mirarle todo.

??Pepsicola?

?Pepsicola ?se hizo el loco y le mir? las rodillas. Julia segu?a con el dedo en el aire y se soplaba un mech?n de pelo que le ca?a sobre la nariz. Por fin parece que Julia se dio cuenta que estaba pidi?ndole algo al mozo y le dijo:

??Tiene Orange?

?No. No hay.

??Qu? tienen?

El mozo como que ya estaba arrecho:

?Colita, Pepsicola, Hit, Sevenup y Grin.

??Tienen Grin?

?S?.

?Bueno. Entonces una merengada de chocolate.

??De chocolate?

?No. Bueno. Tr?igame una Grin.

El mozo estaba loco:

??Entonces Grin?

?Perdone ?dijo Julia y se rio mir?ndome?, tr?igame un helado de chocolate.

El mozo ni siquiera la mir?. Sali? disparado. Pobrecito. Y a todas ?stas al maldito pollo como que le dio taquicardia porque comenz? a temblar y patalear y no s? qu? diablos ten?a. De golpe le abr? la jeta y el desgraciado chill?. Julia me mir? y me dijo:

??O?ste?

?No ?dije.

?Como un pito.

?Un ni?ito ?dije.

?Fue raro ?sigui? Julia.

?S?. A veces pasa.

?Mam? dice que oye todo el d?a una avispa en la oreja.

?Qu? raro.

?S?.

Por fin mir? la caja, que estaba vac?a, y me pregunt?:

??Ese es el regalo?

Yo estaba esperando desde el principio la pregunta. Por fin. S?, pero no sab?a qu? diablos pod?a decirle, ?no? ?Qu? se puede decir si a uno le pasa una cosa de ?sas? ?Qu? dice uno? Uno no sabe qu? decir. Y yo dije que no. Que ?se no era el regalo.

??D?nde est??

"?D?nde est?? ?D?nde est??" ?Qu? pregunta!

?Me pas? algo, Julia.

??Qu? cosa? ?Se te qued? en tu casa?

?Fue un problema ?le dije.

??Te ca?ste? ?Y esa caja?

?S?. Me ca?. Se rompi?. Esa es la caja.

?Qu? l?stima ?dijo. Y justo o? que el pollo eructaba o algo as?.

No s? qu? le pasaba al bicho. Como que estaba ahogado.

??D?nde te ca?ste?

?En una escalera ?le dije.

?Palabra que lo siento, Juan ?dijo.

?No importa.

?Por supuesto que importa ?me dijo. Y aprovech? para agarrarme la mano. Yo sud?. Despu?s me sonri?, cambi? las piernas para que todo el mundo le mirara las pantaletas y me dijo:

??Te vienes conmigo?

?No, gracias Julia.

En eso fue que lleg? el mozo. O Bueno. Lleg? antes o despu?s de que se subi? el vestido. El tipo tra?a una Cocacola. La puso, despu?s pas? el pa?ito por una orilla de la mesa y se perdi?. Julia me pregunt?:

??No fue un helado de chocolate lo que ped??

?No s? ?le dije. Y s? sab?a.

?Ah no... es verdad ?dijo?. Ahora me acuerdo que ped? una Cocacola...

Cogi? el pitillo, lo meti? en la Cocacola y ech? una chupadita. Despu?s se pas? la lengua por la boca, se limpi? la manchita de Cocacola que ten?a en los labios, y se me qued? mirando sonre?da. Inmediatamente comenc? a sentirme como perdido. Como levantado del suelo. Lejos y al mismo tiempo muy cerca, tanto, que pod?a contarle los lunares que tiene en la nariz, esos punticos como marroncitos, como rosados que tiene juntados en la nariz, y mientras m?s la miraba, ella m?s se sonre?a y yo volaba m?s lejos de ella, con la sonrisa, sin ella, con la sonrisa sola, flotando en el aire, con su sonrisa de espuma roja, y despu?s que hab?a volado con la sonrisa, la sonrisa regresaba a su cara, le cubr?a toda su cara y yo me daba cuenta que estaba ah?, frente a ella, y me entraba en el vientre un miedito dulce. Era un miedito como cuando vamos en un auto y de golpe el auto llega a una subida, y cae, y a ti te entra algo, se te abre algo en la barriga, y se te llena la barriga de ese miedo dulce que despu?s sientes que se te escapa y te lo deja como vac?o, como con un hambre raro.

?Juan ?dec?a?. Oye, Juan...

Ni siquiera me di cuenta que ten?a el pollo en el bolsillo, palabra. No me daba cuenta de nada. Para colmo ella me dec?a Juan, as?, suavecito, Juan, como soplando el nombre, como sopl?ndolo con el aliento, y apenas me llegaba el nombre, apenas lo o?a, y volv?a a entrarme esa vaina y me quedaba m?s perdido y m?s mareado que antes.

?Juan ?me dijo?. Oye. ?Qu? te pasa?

?Nada ?le dije.

?Oye. Tienes una cara...

Cuando me pregunt? eso sent? el calambreo en el brazo y comenc? a asustarme y de verdad verdad me comenc? a sentir mal.

?No, Julia ?le dije?. No me pasa nada.

?Me pareci? que te sent?as mal ?me dijo ella.

El pollo volvi? como a pitar y le tap? el pico, la cabeza y todo lo que pude taparle, desgraciado si sigues te ahogo, c?llate, y Julia:

??Seguro que no te sientes mal, Juan?

Dale con lo mismo:

??Segurito, Juan? ?Seguro que no te sientes mal?

?No, Julia. No. Palabra.

??Segurito?

?No, Julia.

??Pero seguro que no? No s?, tienes una cara...

?Palabra, te lo juro.

??Pero palabra, Juan? ?No quieres ir al ba?o, Juan?

No le tir? el pollo porque francamente. Casi se lo estripo en la cara. Y lo peor es que sigui?. Ya van a ver:

?Por m? ?me dec?a la desgraciada?. Por m? puedes ir al ba?o.

?Pero bueno, Julia. Si no quiero ir al ba?o ?para qu? voy a ir?

?Pero no te d? pena. Anda.

?Julia. Deja la cosa del ba?o. No tengo ganas.

?No s?, Juan. Est?s sudando y tienes una cara, yo s?, te conozco, eres capaz...

??Capaz...?

?Capaz de aguantarte por m?.

Eso era lo ?ltimo.

??Aguantar qu??

?Aguantarte. Yo lo s?.

?Bueno, Julia. No me estoy aguantando. Te juro que no.

Por fin como que dej? la cosa y sigui? tomando su maldita Cocacola. La odiaba. Juro que la odiaba como nunca. Hasta pens? en lo que me dijo Carlos y me pareci? que Carlos no era tan inmundicia como yo lo hab?a pensado. Me pareci? que Carlos ten?a raz?n en pensar en esas inmundicias, y le rogu? que lo hiciera, que le hiciera inmundicias m?s asquerosas todav?a. Me provocaba matarla. Cuando termin? su Cocacola y dio los ?ltimos chupitos me dijo:

?Bueno, Juanito. Te espero en casa. No faltes ?me lo dijo con l?stima.

Despu?s mir? la caja vac?a. Y despu?s se levant?, me ech? una sonrisita de "no sufras tanto que la vida no es tan mala" y se fue meneando el culo hasta su impresionante y asqueros?simo Buick negro. Ah? abri? la puerta, levant? las patas para que yo me derritiera con sus pantaletas, y despu?s levant? su dedito y el maldito carro se perdi? de vista en la esquina.

?Dios m?o! ?Por qu? pasan esas cosas? Apenas se fue, vuelve el mozo.

Ten?a que volver. No pod?a quedarse quieto. Ten?a que volver, llegar con cara de mel?n y preguntarme con su vocecita de marica dulce:

??Le dio miedo d?rselo?

?Por qu? todo, por qu? me pasa, por qu?? ?Por qu? nunca podr?, por qu? jam?s he podido...? ?Dios m?o! Me sent?a tan mal...

Met? la cabeza entre los brazos y por fin o? que el mozo se alejaba hacia otra mesa.

Entonces o? las risas. Apenas levant? la cara, vi que el mozo se re?a junto a un gordo, y los dos me miraban. Se re?an, hablaban un poco y volv?an a soltar la carcajada. Yo comenc? a sentirme rojo hirviendo, vi que no aguantaba m?s y que ese rojo hirviendo era cada vez m?s caliente y me quemaba m?s la garganta y los ojos y afloj? todo y entonces todo se me fue por los ojos y ya nada me import? entonces, lo juro, ya nada me importaba.

Cuando termin? de llorar, saqu? al pobre pollo del bolsillo y me le qued? mirando: estaba tranquilito. Estaba como dormido. Me gust? pasarle la mano por su cabecita, por su cuerpo, y era tibio y bueno, y pens? que nos parec?amos los dos, ?l y yo, y estaba muy tibio y segu?a como dormido. Estaba tan tranquilo que comenc? a sentir algo espantoso. Entonces me dio fr?o y todo asustado lo dej? caer en el suelo.


Publicado por carmenlobo @ 10:01  | Literatura
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