Mi?rcoles, 14 de marzo de 2007
D?a de la mujer trabajadora
Nosotras, vosotras, ellos
ROSA SOLBES


EL PA?S 9 de Marzo


"Todas las mujeres son progresistas", afirmaba la otra tarde en Valencia Miguel Lorente. Y tampoco es eso. El psiquiatra autor de Mi marido me pega lo normal es uno de los hombres favoritos de las feministas porque se lo ha ganado a pulso con su sistem?tica denuncia de la violencia de g?nero. Y creo que al agradecer el premio de la Federaci? de Dones Progressistes, Lorente m?s bien quer?a decir que toda apuesta por las mujeres es una opci?n de progreso. Yo a?adir?a que toda apuesta por todas las mujeres, incluso las m?s conservadoras. Enti?ndase: no es que hayamos de aplaudirlas o votarlas, sino m?s bien que tenemos la obligaci?n de luchar porque tengan tanto derecho de hacer la idiota como sus colegas masculinos. Quiz? ?sta sea una de las facetas m?s dif?ciles y sacrificadas en la construcci?n del "nosotras". Despu?s, por supuesto que tambi?n nos veremos impelidas a refutar sus posiciones retardatarias, su pol?tica contra las mujeres. Pero si alguien elige ser insolidaria y traicionar los intereses de su sexo anteponiendo los de casta o las ambiciones personales... all? ella.




Hace unos d?as tambi?n nos reun?amos en la presentaci?n de Victoria Kent, una pasi?n republicana. El periodista valenciano Miguel ?ngel Villena da tres por uno y ofrece una lecci?n de investigaci?n hist?rica, de lucidez anal?tica y de calidad narrativa. En el libro se nos desvela a una pol?tica vocacional valiente y valiosa, pionera. Y escindida, por lo que consider? su "deber republicano" al pedir que se aplazara el voto para las mujeres en 1931, temiendo que la influencia del clero diera al traste con la Rep?blica. Este posicionamiento, del que jam?s se arrepinti?, fue el "pecado mortal" que ha impedido al feminismo posterior reivindicarla como una de las suyas, o al menos as? lo interpretan el autor y la prologuista, Carmen Alborch.

Mi pecado mortal titul? su libro sobre el sufragio femenino Clara Campoamor, la gran oponente de Kent en aquel debate parlamentario de altos vuelos celebrado bajo el condescendiente sarcasmo de ilustres diputados muy republicanos y de izquierdas. Estas mujeres singulares se reconocieron y respetaron, y ambas pagaron cara su coherencia y honestidad al ser relegadas por sus compa?eros antes incluso de tener que exiliarse tras la guerra.

La arriba firmante se confiesa "m?s de Campoamor", aunque alguien dir? que ahora es muy f?cil verlo de esta manera, que quiz? en aquel contexto hist?rico muchas habr?amos apoyado a Kent. Pero no creo. Por ejemplo, la feminista socialista y autodidacta Mar?a Cambrils escrib?a ya entonces que si las mujeres del pueblo actuaban al dictado del confesionario (aunque dudaba que lo hicieran) la culpa la tendr?an aquellos "sus hombres" que se dec?an de progreso pero que, releg?ndolas en casa, les hab?an impedido instruirse y formarse.

Es decir, que aunque la solidaridad no debe pasar por encima de las ideolog?as, y que est? claro que el feminismo es un igualitarismo y un internacionalismo que pertenece a la tradici?n pol?tica de la izquierda, todav?a hay que preguntarse si es leg?tima una democracia que excluye a la mitad de la ciudadan?a, como Campoamor interrogaba si es que las mujeres no eran pueblo.

Algo es seguro: aquel aliento ?tico en pos de la justicia y la emancipaci?n que inspir? la II Rep?blica se hubiera ido en parte al traste en caso de no haberse reconocido la universalidad del sufragio (ni todos los obreros eran autom?ticamente de izquierdas ni se pod?a hurtar un derecho en funci?n del sexo o el color de los ojos)

Hoy sobran los ejemplos de mujeres sectarias, elegidas por sumisas, que siguen la senda del burro ciego y se niegan a reconocer lo que conviene a sus cong?neres. Y hay quien lamenta haber batallado tanto para que alguno de estos ejemplares llegue a ocupar un esca?o, una alcald?a, una presidencia...

Pues bien, como v?ctima directa de alg?n que otro de estos sectarismos, desde aqu? les digo que de lo que se trata es de no argumentar contra ellas con descalificaciones y t?rminos que aludan a su condici?n de mujeres. Lo que no impide combatir su actuaci?n de pandorgas (y pandorgos), como les llamaban nuestras abuelas.

Publicado por carmenlobo @ 12:48  | Internacional
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