S?bado, 10 de marzo de 2007
Cine mudo
Manuel Vicent
El Pais 28-01-2007


Al lado de casa, en el pueblo, hab?a un balneario que tuvo cierta prestancia en los a?os veinte cuando all? cumpl?an la novena de aguas muchos ejemplares de la burgues?a valenciana, damas con corpi?o de avispa y se?ores con pajarita y sombrero blanco. Durante la guerra fue convertido en hospital de sangre, y la artiller?a de los nacionales no ces? de enviarle hierros hasta reducirlo a escombros. Jugando entre sus ruinas llegu? al uso de raz?n. En el balneario hab?a p?rgolas, ba?eras con garras de le?n, espejos velados, mosaicos con delfines, todo derruido; pero en medio de la destrucci?n qued? un espacio intacto. Era el cinemat?grafo, un sal?n donde en los buenos tiempos pasaban pel?culas de cine mudo y se realizaban bailes con gramolas de campana y placas de la Voz de su Amo. Las figuras de Charlot, de Jaimito, de El Gordo y El Flaco, tal vez de Douglas Fairbanks y de Mary Pickford, los h?roes de la ?poca, hab?an dejado sus sombras en el aire de aquel recinto cerrado. Cuando lo conoc?, bajo la pantalla rota hab?a una pianola con las tripas fuera. Luego, con los a?os, supe que en aquel cinemat?grafo, en plena guerra, se hab?a instalado un quir?fano de campa?a. La batalla de Teruel hab?a sido muy cruenta, y hasta la retaguardia de este balneario llegaban ambulancias con soldados heridos o congelados a causa del rigoros?simo invierno. En medio de alaridos de dolor, all? se cortaban piernas y brazos y se realizaban operaciones a vida o muerte. Despu?s, en aquel mismo lugar, los ni?os jug?bamos a nuestras guerras sin saber que todav?a perduraban las manchas oscuras de sangre en el suelo y en las paredes. A medida que fui creciendo tuve m?s noticias de aquellos hechos, y lleg? un momento en que ya no lograba distinguir la realidad y la ficci?n, los fantasmas que pudo crear la m?quina de cine en la pantalla y la carnicer?a real que hab?a sucedido en el patio de butacas. Bailes de burgueses de entreguerras, carcajadas provocadas por Buster Keaton, heridas abiertas y miembros amputados con un serrucho, el olor a formol unido al clarinete de Benny Goodman o al pasodoble Mi jaca...; aquel mundo que s?lo conoc? como leyenda se fue adentrando en mi conciencia hasta imprimir en su cera virgen una visi?n feliz y cruel de la vida. Los muertos y los h?roes, el glamour de las estrellas, la crueldad de la guerra, las alfombras rojas, todas las im?genes fascinantes y ensangrentadas que hoy nos devoran estaban ya en el oscuro sal?n de aquel cinemat?grafo en el tiempo de la inocencia.





Publicado por carmenlobo @ 11:47  | Vincent, Manuel
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