martes, 27 de febrero de 2007

Juan José Millás


Uno no puede moverse sin dejar restos biológicos por donde va. Siempre se nos cae algo. La condición del hombre es la pérdida. Desde que salimos de casa por la mañana, hasta que volvemos, bien entrada la tarde, hemos dejado por ahí un reguero de tejido epitelial, de cabellos, de saliva, quizá de lágrimas. ¿Desde que salimos de casa he dicho? No: desde que nacemos, incluso desde antes de nacer. Somos en parte el producto de una caída, de una pérdida, pues no otra cosa es el orgasmo (la pequeña muerte, según los franceses). De ahí que los budistas, expertos en la conservación de la energía, eyaculen hacia dentro. Aunque no sabe uno qué es peor, pues la sensación de caerse hacia dentro es una de las más desagradables. Mucha gente deja de beber por eso.

El presunto asesino de Fago fue descubierto porque dejó un rastro de restos biológicos más claro que un reguero de miguitas de pan. Las miguitas de pan se las comen los pájaros y el tejido epitelial los ácaros, pero éstos tardan más. El Pulgarcito del futuro extenderá a su paso, para no perderse, gotitas de saliva, pestañas, caspa, quizá un poco de pis, incluso de caca, con perdón. A la vuelta, como llevará los aparatos de medición precisos en la mochila, no tendrá más que seguir la pista de su ADN, lo que tal vez sea un modo de seguirse a sí mismo. Inquieta la idea de dejar tantas huellas allá donde uno va.

Hasta hace poco, el criminal sólo tenía que llevar cuidado con las huellas dactilares. Por eso se inventaron los guates de látex. Si no los habías utilizado, al salir de la casa de la víctima tenías que limpiar los pomos de las puertas. Ahora tienes que hacer una limpieza química. Basta que se te escape un estornudo para dejar las paredes y los muebles llenos de material genético. ¿Se puede vivir así, con esta obsesión, con esta conciencia de pérdida cotidiana? ¿Cuánta cantidad de ADN se va por el sumidero del lavabo junto a los pelos de la barba? Genético viene de Génesis. Quiere decirse que en el principio fue un estornudo. Dentro de muchos siglos, cuando la humanidad haya desaparecido, quizá resurjamos de nuevo a partir de un excremento conservado en un pedazo de hielo. Todo es una pesadilla.


Publicado por carmenlobo @ 11:40  | Juan Jose Millas
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